OPINIÓN

Redacción Semana

¿No habrá otras necesidades?

El día de ayer Gustavo Petro firmó un decreto que le sube en un 14 % el salario a los congresistas, un aumento inicuo que conlleva a un salario de 43 millones de pesos.
27 de julio de 2023 a las 12:58 a. m.

Es inaudito pensar que mientras los representantes y senadores se ganan esa módica suma de dinero, miles de niños fallecen de desnutrición, a miles de personas en diferentes regiones no se les brinda una salud y una educación adecuada, y para la gran mayoría de los colombianos el sueldo no alcanza. ¿Y cómo les va a alcanzar si el salario mínimo es de $1.160.000?. Un sueldo injusto que si se compara con el de los congresistas es 37 veces menor.

Como si fuera poco, gozan de un sinfín de vacaciones, y en muchas oportunidades tienen el descaro de no asistir a sesiones del congreso presentando excusas médicas injustificadas o inventadas. Es claro que en ningún otro trabajo un empleado gozaría de tan dichosos beneficios, y es por esto por lo que en nuestro país se ha vuelto cada vez más popular y provechoso ser parte del congreso, al punto en el que muchos de los que hoy son parte de él no cuentan con la preparación ni la experiencia para asumir su cargo. En este país tristemente solo importa de quien se es amigo para que lo ayuden a llegar a un cargo político. Si no que lo digan Susana Boreal o Mafe Carrascal que deambulan por el congreso sin saber lo que hacen.

Colombia está ranqueado como uno de los países en los que más gana un senador o un representante, hecho que podría justificarse siempre y cuando dichos congresistas trabajen a beneficio de los ciudadanos, supuesta labor que deben ejercer, pero en nuestro país esto pocas veces sucede. Nos hemos acostumbrado a que algunos de los que conforman el congreso no sirvan para nada. Esos mismos que cuentan con unos salarios altísimos y que sacan pocos proyectos adelante, en especial aquellos que favorecerían a los ciudadanos. Hay algo que queda claro; algunos en campaña son expertos en engañar a los votantes prometiéndoles que bajaran sus salarios, pero una vez en el poder en vez de bajarlos los incrementan. Desde hace varios años han existido diferentes proyectos siendo el último el de Jota Pe Hernández que sigue vivo y tiene posibilidad de ser aprobado, proyecto que ha recibido varios votos a favor, pero al cual le falta pasar por más debates y aprobación.

Ojalá que el proyecto de Hernández marque la diferencia y no sea como todos los anteriores que, por falta de votos o demora, que como por arte de magia siempre ocurre, los proyectos no son aprobados. Queda claro que poco importa el partido político al cual pertenezcan, siempre se logra llegar a un mismo objetivo a favor de los congresistas.

Es muy duro pensar que mientras algunos susodichos se visten de Hermes y Ferragamo y se regocijan con langosta y caviar, el pueblo no tiene como subsistir. Hay que preguntarles a muchos de los que dicen velar y trabajar a favor del pueblo por qué no son capaces de reducir su sueldo. En algunos de los congresistas de nuestro país se conoce el egoísmo del ser humano, al querer volverse cada vez más ricos sin importar que los demás ciudadanos se vuelvan más pobres. Hay que vigilar muy de cerca a los congresistas para saber cuáles son los que realmente le sirven al pueblo.

Lastimosamente, volveremos a escoger un congreso en tres largos años; por ahora no nos dejemos engañar en las elecciones regionales de octubre, votemos bien para que no haya más Alex Flórez y Susanas Boreal en las alcaldías ni en los consejos del país.

“Si la miseria de la gente pobre no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, grande es nuestro pecado”. – Charles Darwin.