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Nuestro 6 de enero

En Estados Unidos, el 6 de enero es considerado el ataque más severo propinado a la democracia en la historia reciente del país, el 8 de febrero ocurrió nuestra versión criolla.

Luis Carlos Vélez
10 de febrero de 2024

Gustavo Petro demostró que es más parecido a Donald Trump que lo que muchos se atreven a reconocer. El ataque al Palacio de Justicia de la semana pasada es la versión colombiana de los ataques al Capitolio del 6 de enero, y la manera en que los dos mandatarios provocaron las revueltas son peligrosamente parecidas. Me explico.

Uno de los 92 cargos que enfrenta Donald Trump ante la Justicia de Estados Unidos es haber provocado el asalto al Capitolio en ese país.

“Durante el 6 de enero de 2021 una turba de manifestantes seguidores de Donald Trump atacó la sede del Legislativo estadounidense. El ataque disolvió una sesión conjunta del Congreso que se reunió para certificar los resultados de las elecciones presidenciales de 2020, en las que Trump perdió contra su rival demócrata, Joe Biden. Debido a que su objetivo era el de evitar que un presidente elegido democráticamente asumiera el poder, la ofensiva fue ampliamente descrita como una insurrección o un intento fallido de golpe de Estado. El FBI y otras agencias también consideraron el evento como un acto de terrorismo doméstico. Por haber realizado un discurso antes del ataque en el que incitó a un amplio grupo de manifestantes, aglomerados cerca a la Casa Blanca, a marchar hacia el Capitolio y resistir violentamente la certificación congresional de la victoria de Biden, Trump enfrentó un juicio político liderado por la Cámara de Representantes”, escribe la Enciclopedia Británica. El paralelo con lo ocurrido en nuestro país la semana pasada es abrumador.

Durante días previos a la jornada de manifestaciones del 8 de febrero, el presidente Petro publicó múltiples mensajes en la plataforma X en los que dejó clara su postura frente a la elección de fiscal.

El presidente incluso habló de ruptura institucional para subrayar la importancia que tiene, según él, elegir a una fiscal de la manera más expedita posible y no dejar la entidad de manera interina en la vicefiscal. El jefe de Estado incluso les dio peso a versiones de prensa infundadas que cuestionan la idoneidad de la funcionaria, pero que desconocen el origen inmensamente cuestionable que tienen las fuentes que levantan las denuncias contra la potencial fiscal interina. Impulsado por sus peleas contra la Procuraduría, por la suspensión de Álvaro Leyva como canciller y su deseo de que se nombre una fiscal de su terna, el mandatario, como Trump, manifestó en varias oportunidades su respaldo a las protestas. El 2 de febrero a las 6:33 p. m., al final de una larga diatriba que tradujo en varios idiomas, sentenció: “Aquí no se puede tumbar un presidente progresista, el primero en un siglo, porque legalmente un sindicato de trabajadores aportó a un partido de izquierda. Llegó el momento de la expresión popular”.

El 3 de febrero a las 10:11 p. m. escribió: “El simple hecho de presentar una terna de mujeres decentes al cargo de fiscal general de la nación ha ocasionado un terremoto político que ha hecho pensar a algunos, muy poderosos, en un golpe de Estado. Así de degradada está la política colombiana. Por eso, la simple decencia es una revolución”.

El 8 de febrero, ya cuando los videos de los intentos de algunos manifestantes de ingresar a la fuerza por una de las puertas de palacio, en un confuso mensaje en redes, Gustavo Petro habría intentado apagar el incendio e hizo un llamado a la calma. Escribió: “Solicitaría no producir un enfrentamiento entre justicia y ciudadanía. La corte suprema tiene el derecho y el deber de elegir fiscal libremente, y la ciudadanía tiene el derecho de manifestarse. Este es un país de derechos y libertades. La protesta del pueblo no es contra la justicia, sino contra la mafia que se toma la justicia. La mayoría de la ciudadanía colombiana está en un país de la decencia”. Trump también hizo un llamado a la calma cuando los atacantes del 6 de enero ya habían ingresado al Capitolio.

Pero mientras las agresiones avanzaban, Petro estaba más preocupado por quién daba las órdenes que sobre la terrible situación de crisis que se vivía a las afueras del palacio. Esto quedó evidenciado luego de responderle a la procuradora vía Twitter que no “abusara” de sus funciones, ya que el presidente es quien le da órdenes a la Policía. Como si se tratara de un concurso de egos o poderes. Distópico.

Al final, los magistrados emitieron un comunicado en el que dejaron claro que se sienten presionados para nombrar una fiscal de la terna presentada por el presidente Petro y horas más tarde salieron fuertemente custodiados por la policía, que tuvo que abrir un perímetro de escape del palacio para proteger su integridad.

En Estados Unidos, el 6 de enero es considerado el ataque más severo propinado a la democracia en la historia reciente del país, el 8 de febrero ocurrió nuestra versión criolla.