OPINIÓN

Juan Camilo Caicedo Chaparro

Otro engaño electoral

Ojalá esta vez no caigan en la trampa. No hay razón para que a los mismos biempensantes se les escape la tortuga dos veces.
9 de junio de 2026 a las 10:50 a. m.

Yo esta película me la conozco porque la vi hace cuatro años con Gustavo Petro. Y ahora con Iván Cepeda quieren sacar la parte dos. La fórmula es sencilla: se hace pasar por moderado a quien no lo es para conquistar los votos de esa porción de población que llamamos los biempensantes. Esa social bacanería que se agolpa en los estratos medios altos de las grandes ciudades. En Bogotá, los sectores de Chapinero y Teusaquillo son la referencia geográfica donde es posible ubicar a los individuos que se dejan embaucar con esta treta patentada del petrismo.

Explico cómo funcionó el truco hace cuatro años.

Gustavo Petro era un candidato extremista con un discurso exacerbado. Su pasado delincuencial era por todos conocido. Su pésima gestión en la Alcaldía de Bogotá no era puesta en duda por casi nadie, al punto de que su candidata recibió una paliza electoral en las siguientes elecciones. Sus propuestas eran justamente las que hoy tienen al país ad portas del derrumbe: subsidios masivos, proteccionismo, negociación permanente con delincuentes, expansión descontrolada del Estado y toda clase de experimentos económicos llamados al fracaso.

La primera vuelta terminó con Petro ganando, pero en una posición débil: la suma de Rodolfo Hernández y Federico Gutiérrez superaba el 50 % de los votos, lo que hacía viable que el segundo turno se inclinara en su contra.

Entonces vino la gran idea: convencer a los tibios biempensantes de que Petro no era lo que era. Que ya no iba a hacer una constituyente sino un gran acuerdo nacional, que el cambio iba a ser con concordia y no con venganza, que iba a respetar irrestrictamente las instituciones, que no iba a intentar reelegirse. En otras palabras, hacer parecer que Nelson Mandela era un extremista al lado del conciliador Petro, que más parecía la Madre Teresa.

¿Y qué ocurrió? Que los biempensantes, a pesar de tener toda la evidencia de la mentira, decidieron hacer un acto de fe. Vino la explosión controlada de Alejandro Gaviria, la subida al bus de Claudia López, la confianza económica de José Antonio Ocampo y el espaldarazo de Cecilia López. La social bacanería en masa corrió a abrazar con los ojos cerrados a Petro, que terminó remontando la elección contra un Rodolfo Hernández que se acabó sin hacerse.

Pero la pantomima duró poco. El mismo día de la posesión, Petro montó el sainete con la espada de Bolívar, dejando claro desde el primer día que con él la cosa iba en serio. A los ocho meses echó por la puerta de atrás a Cecilia López, José Antonio Ocampo y Alejandro Gaviria para rodearse de los fanáticos con los que sigue gobernando. A Claudia López, al igual que al resto de mandatarios del país que no se plegaron a él, les mandó sus bodegas para defenestrarlos. Luego vinieron la constituyente, el decretazo, los insultos a las cortes, las pugnas con la Fiscalía y todos los desafueros que el país ya conoce.

¿Y ahora, como por arte de magia, esperan que creamos nuevamente en la moderación ya no de Petro sino de Cepeda? ¿Que ahora sí van a gobernar sin ánimo revanchista? ¿Que sus estilos son distintos?

Pues sí lo esperan. Y allá cada quien si quiere creerse ese cuento. Yo no le creí a Petro hace cuatro años y ahora menos voy a caer en la trampa de Cepeda. No voy a creer en promesas de no constituyente ni en que gobernará con un estilo distinto. Hizo toda su campaña montado en los hombros de Petro y el domingo, tras la elección, salió a repetir la mentira del fraude electoral. En esencia son lo mismo, aunque Cepeda está mucho más comprometido doctrinariamente, lo que lo hace potencialmente peor.

Eso sí, advierto desde ya: no se debe admitir que los que caigan en la trampa mañana se den golpes de pecho como se los dan hoy los que confiaron en Petro. Que no nos salgan con que no lo vieron venir. La vida pública de Iván Cepeda está al alcance de todos. Su simpatía con varios miembros del secretariado de las Farc, su papel en la elaboración de la paz total y su desprecio por la Constitución de 1991: todo está a la vista. El que no quiera ver es porque simplemente no quiere.

Ojalá esta vez no caigan en la trampa. No hay razón para que a los mismos biempensantes se les escape la tortuga dos veces.