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Opinión

  • | 2020/07/01 22:49

    Pandemials: la generación del desastre

    La generación de los 'pandemials' se caracteriza por el monumental desafío que deberá enfrentar en el próximo medio siglo: evitar la sexta extinción masiva debida al cambio climático, que en este caso sería la de la especie humana.

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Las generaciones sociales son grupos de personas que, por haber nacido en una misma época, comparten intereses, rasgos culturales y desafíos comunes. Hasta ahora se ha planteado la existencia de ocho generaciones desde el comienzo del siglo XX: 1) generación interbellum (1900-1914); 2) generación grandiosa (1915-1927); 3) generación silenciosa (1928-1945); 4) baby boomers (1946-1964); 5) generación X (1965-1980); 6) generación Y o millenials (1981-1996); 7) generación Z (1997-2010); y 8) generación alfa (2010 a la fecha).

Las tres primeras generaciones se caracterizaron por su paciencia, resiliencia e incluso conformismo frente a los tiempos de crisis, guerra y represión en que debieron vivir. Los baby boomers fueron más numerosos por la explosión demográfica que supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial y la prosperidad económica que trajo la consolidación de los Estados de bienestar. La generación X produjo una caída en la tasa de natalidad como consecuencia de la revolución feminista y su adicción al trabajo. Los millenials nos vimos marcados por la necesidad de adaptarnos a internet, la tecnología digital y las redes sociales, en un ambiente de desempleo elevado debido a la crisis financiera de 2008 y la recesión del coronavirus. La generación Z o de “nativos digitales” nació y creció con internet, las redes sociales y un smartphone que le sirve de ventana al mundo; pero carga el peso de ser la generación más estresada, más deprimida y menos rica que la anterior, a pesar de estar mejor educada. La generación alfa es la primera en haber nacido enteramente en el siglo XXI y debe enfrentar los retos de la cuarta revolución industrial, la disrupción tecnológica de la inteligencia artificial y el cambio climático.

Pues bien, la pandemia de covid-19 marca el nacimiento de una nueva generación, que ya algunos han denominado de los “pandemials”. Y aunque las alusiones al concepto hasta ahora se refieren a las personas que están naciendo a partir de 2020, el planteamiento de esta columna es que pandemials seremos, durante el resto de nuestras vidas, todas las personas que tuvimos que vivir y lidiar con la pandemia que sirvió de advertencia sobre lo que podría ser el colapso ecológico mundial por el recalentamiento global. En particular, las generaciones X, Y y Z, que estarán en las principales posiciones decisorias en las próximas décadas.

La generación de los pandemials se caracteriza por el monumental desafío que deberá enfrentar en el próximo medio siglo: evitar la sexta extinción masiva debida al cambio climático, que en este caso sería la de la especie humana. (Así es: ya hubo cinco grandes extinciones en la historia del planetay en cuatro de ellas intervino el cambio climático por la emisión de gases de efecto invernadero. Si no lo sabías es porque aún no has entendido el contexto en que vives). Para sobrevivir, los pandemials deberemos lograr —en el corto y mediano plazo, porque el tiempo se acaba— al menos tres objetivos estratégicos.

El primero es hacer una pedagogía masiva y acelerada sobre la amenaza del recalentamiento global para acabar con el adormecimiento mundial y contrarrestar la parálisis que ha producido el negacionismo climático. El principal obstáculo para actuar es la ignorancia generalizada que aún existe sobre las dimensiones del riesgo que afrontamos. El cambio climático corresponde a lo que Timothy Morton denomina un “hiperobjeto”: un fenómeno tan enorme y complejo en términos espaciales y temporales que la inteligencia humana no logra comprender adecuadamente. También responden a esa definición internet, las armas nucleares, la evolución de las especies, la teoría de la relatividad e incluso el coronavirus. Esa complejidad es lo que impide que mucha gente entienda la gravedad del peligro que atravesamos. Por eso, necesitamos innovar para comunicarlo efectivamente.

El recalentamiento global ya no es una posibilidad, sino una realidad irreversible que apenas podremos paliar si reaccionamos a tiempo, pero muchas personas todavía no lo saben. Los datos de las proyecciones son tétricos en todos los escenarios: al ritmo actual de emisiones, Naciones Unidas calcula que en 2100 alcanzaremos 4,5 grados centígrados adicionales de calentamiento. Un incremento de esa magnitud en la temperatura podría volver el planeta inhabitable para los humanos, pero tan solo dos grados de más ya serían catastróficos: las plataformas de hielo se derretirían y el nivel del mar aumentaría seis metros, sumergiendo dos tercios de las ciudades más pobladas del mundo y desplazando a 375 millones de refugiados climáticos; 400 millones más de personas sufrirían escasez de agua; las ciudades de la zona ecuatorial serían inhóspitas y las oleadas de calor matarían a 255.000 personas para 2050 (hoy un tercio de la población mundial se expone anualmente a olas de calor letales durante veinte días).

Las cátedras de cambio climático y sostenibilidad ahora son más importantes que las de física y literatura. Solo la educación generará la alarma ambiental necesaria para superar la ignorante parálisis que actualmente padecemos.

El segundo objetivo es transformar —también aceleradamente— el modelo económico global para hacerlo sostenible. No solo tendremos que desmontar el transporte basado en la quema de petróleo y la ganadería (que suman el 32 por ciento de las emisiones), sino incluso moderar la industria digital, que ya produce el 4 por ciento de los gases de efecto invernadero. El crecimiento económico infinito es una aspiración delirante en un contexto donde los recursos naturales son finitos y consumirlos desaforadamente nos está llevando a la autodestrucción. El cálculo de la huella ecológica que puede permitirse cada sociedad en función de su población deberá conducir a una reformulación estructural de nuestros estilos de vida. Los sectores económicos más contaminantes tendrán que reinventarse o sencillamente desaparecer. Las estrategias necesarias para conseguir a tiempo esta transformación implican la toma de decisiones prontas y drásticas, lo que nos conduce al tercer objetivo urgente de los pandemials.

El tercer gran objetivo es diseñar un modelo de gobernanza global que permita tomar de manera eficiente las decisiones más urgentes. El orden interestatal actual, en el cual conviven modelos democráticos y autocráticos de gobierno, se ha revelado como un sistema inidóneo para organizar a la comunidad internacional en torno al fin común de salvar a la especie.

La ineficiencia de los gobiernos autocráticos la demostraron los dos últimos siglos de expansión y prosperidad democrática. El problema es que la democracia también empieza a presentar graves síntomas de obsolescencia: el auge reciente de los populismos, que han llevado al poder a grandes ineptos que toman pésimas decisiones de Estado, es apenas la punta del iceberg de los límites intrínsecos que tiene la democracia como modelo decisional.

Necesitamos un sistema de verdadera cooperación internacional y toma de decisiones ágiles con base en la evidencia. En su último libro, Yuval Harari llega a cuestionar la viabilidad de la democracia como sistema de gobierno del futuro, debido a su incapacidad de gestionar racionalmente el volumen masivo de información que los Estados contemporáneos tienen que procesar para tomar decisiones de política pública. El auge de la inteligencia artificial y el big data llevan a este historiador a avizorar el riesgo de que las “dictaduras digitales” se consoliden como sistema de gobierno generalizado, por la incapacidad de la democracia para producir decisiones acertadas.

No es que el intelecto humano se haya vuelto enteramente obsoleto, pero ya es una tendencia en muchos Estados que los algoritmos sustituyan a los humanos y orienten a los tecnócratas en la toma de mejores decisiones. (Detección de vías terciarias con imágenes satelitales, estimación de la brecha salarial de género, identificación de patrones de reincidencia criminal y detección de trashumantes electorales son apenas algunos ejemplos de aplicación de analítica de datos e inteligencia artificial para mejorar la gestión pública en Colombia). Un modelo de “democracia global digitalmente asistida”, cuyos matices están por inventarse, podría ser la solución para tomar las medidas ambientales urgentes, aun en contra de las intuiciones mayoritarias y los engaños promovidos por políticos populistas.

Los pandemials tendrán que superar la mayor prueba de resiliencia en la historia humana. En nuestra época de recalentamiento global, la resiliencia consiste en la capacidad de adaptarnos al desastre. 

José Fernando Flórez Ruiz (Ph. D.)

@florezjose

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