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Opinión

  • | 2019/09/28 03:30

    La sumisión de Iván Duque

    Por años los gobiernos de Colombia han convivido con decenas de dictadores impuestos o respaldados por los Estados Unidos.

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Sí, Venezuela es sin duda un peligro para Colombia, al menos por dos razones: la más seria es la crisis económica y humanitaria provocada por la insensatez y la incompetencia económicas del dictatorial régimen bolivariano, que impulsa a millones de sus más desesperados habitantes a la emigración. La cual casi necesariamente pasa por este país, y en su mayor parte se queda aquí. Por mucha generosidad que muestren la sociedad y el gobierno colombianos, y lo cierto es que la han mostrado hasta ahora, es imposible que un país en perpetua crisis reciba y dé trabajo a tan gran número de inmigrantes en tan corto tiempo. El ejemplo que se cita suele ser el de los colombianos (¿tres millones? ¿cuatro?) emigrados a Venezuela en las décadas anteriores. Pero entonces la Venezuela receptora era muy rica, como no lo es hoy Colombia, y su economía, sobrada de capital, necesitaba trabajadores: lo contrario de lo que hoy sucede aquí. Y por añadidura el fenómeno se desarrolló durante muchos años, y no en el curso de unos pocos meses.

La segunda razón, aunque suene aterradora, es poco seria. Es la reiteración frecuente por Nicolás Maduro de las amenazas de su predecesor el coronel Hugo Chávez de atacar militarmente a Colombia, país que según ellos asesinó al libertador venezolano Simón Bolívar y no cesa de urdir planes siniestros para derrocar a sus legítimos sucesores de la revolución “bolivariana”. Se entiende que el acorralado régimen de Maduro recurra a la secular receta de buscar o inventar enemigos exteriores para afrontar los problemas internos. Pero no convence. Ni siquiera en los tiempos de Chávez, cuando Venezuela era todavía relativamente rica, fueron capaces de llegar a la frontera los tanques que el coronel envió en esa misión de amedrentamiento: se vararon por el camino. Hoy en día la situación ha empeorado tanto que los temibles aviones de guerra Sukhoi comprados a Rusia tal vez ni siquiera podrían despegar de los aeródromos venezolanos por falta de pilotos, de mantenimiento, de repuestos y hasta de gasolina. El único efecto práctico de las amenazas es el de justificar las peticiones de armamento por parte de los militares colombianos, que pueden llevar pronto a la adquisición ya anunciada de los costosos cazabombarderos F-16 que ofrece el gobierno de los Estados Unidos. ¿Para qué? Lo escribí aquí hace algunas semanas: para que en caso de una invasión norteamericana a Venezuela, desde las siete bases militares cedidas por los gobiernos de Uribe y Santos, la Fuerza Aérea colombiana pueda “interactuar” con las fuerzas de los Estados Unidos.

Que es de donde en realidad viene todo el problema.

Es por eso que parece desproporcionada la obsesión del presidente Iván Duque con la amenaza venezolana. Obsesión que no va dirigida contra la desbordada inmigración de los vecinos, sino contra el gobierno de Nicolás Maduro. ¿Por ser un gobierno dictatorial? Me sorprendería: durante doscientos años los sucesivos y variados gobiernos de Colombia han convivido y colaborado con docenas de gobiernos dictatoriales en el continente, mientras estos hayan sido impuestos o respaldados por los Estados Unidos. ¿Porque protege y da santuario a las guerrillas del ELN y a las disidencias y reincidencias de las Farc? Sin duda es cierto que el régimen venezolano lo hace, como lo ha hecho en los últimos veinte años, desde que Chávez tomó el poder en Venezuela; pero eso nunca les suscitó ni un parpadeo a los gobiernos de Álvaro Uribe o de Juan Manuel Santos. No es verosímil que el temor a las acciones de dos o tres mil guerrilleros, en un país que cuenta con 250.000 soldados de sus Fuerzas Armadas, sea la motivación del presidente Duque para pedir la acción conjunta de toda la llamada “comunidad internacional” para el cambio de régimen en Venezuela. Solo cuando ya estuvo fuera del poder se envalentonó el autodenominado “frentero” Álvaro Uribe lo bastante como para asegurar que él sí quería invadir a Venezuela, pero que en sus ocho años de poder no tuvo tiempo.

Por años los gobiernos de Colombia han convivido con decenas de dictadores impuestos o respaldados por los Estados Unidos.

No. Es de los Estados Unidos de donde viene todo el problema. Iván Duque pretende presentarse como un “líder regional”, cuando es apenas un mandadero de los Estados Unidos: se limita simplemente a hacerles el juego, por su inclinación a la sumisión ante el imperio. Los Estados Unidos quieren eliminar la presencia de un gobierno hostil en Venezuela, el país con mayores reservas de petróleo del mundo, y por eso lleva veinte años intentando –y consiguiendo– asfixiarlo. Duque les ayuda. Por eso grita.

Sí, ya sé que cada vez que escribo termino –o incluso empiezo– por denunciar el imperialismo norteamericano. Pero en estos últimos doscientos años la historia ha sido así.

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