opinión

Alberto Donadio  Columna
Alberto Donadio - Foto: DAVID ESTRADA LARRAÑETA

¿Quién acabó con Saludcoop?¿Palacino o Santos?

Intervenir una empresa privada que no está en bancarrota y devolverla quebrada no es buen gobierno. Y hay que contarlo, aunque hayan pasado muchos años.


Por: Alberto Donadío

Tras anunciar que se habían descubierto “desfalcos monumentales” en la salud y que se trataba de “una defraudación de billones de pesos”, el presidente Santos intervino el 11 de mayo de 2011 a Saludcoop, la EPS más grande, con 4 millones de afiliados. Se invocó un motivo concreto para la intervención: 8.013 cheques girados por Saludcoop para pagar servicios prestados por clínicas, laboratorios y otros proveedores que tenían el sello de pagado, pero no fueron entregados a los beneficiarios. La acusación era cierta y los cheques sumaban 266.000 millones de pesos. Era una trampa, pues en cualquier empresa la contabilidad debe reflejar la realidad de los negocios. Carlos Palacino, el presidente de Saludcoop, utilizó los cheques para solicitar al Gobierno el reembolso de gastos reales, pero debió hacerlo luego de entregarlos. “Todo obedeció a la mora del Estado colombiano en el pago de los recobros”, replicó Palacino. Esa demora es real y crónica. Este año Juan Gossain tituló un informe en El Tiempo: ‘EPS no les pagan a hospitales porque el Gobierno no les paga a ellas’.

Palacino no quebró a Saludcoop. Nadie puede demostrar que esa EPS, fundada por varias cooperativas en una casa en Bogotá en 1995 con 2.000 afiliados, estaba próxima al naufragio hace diez años cuando el Gobierno Santos la intervino. En mayo de 2011 la estabilidad financiera de Saludcoop corría “un riesgo inminente”, según el superintendente nacional de Salud nombrado por Santos, Conrado Adolfo Gómez Vélez. Es falso. Las cifras no mienten. Saludcoop tenía un patrimonio de más de 500.000 millones de pesos cuando fue intervenida. Lo reconoce la resolución de intervención: “La cuenta de patrimonio se incrementó en 7,89 % al pasar de $514.145.650 miles en el año 2009 a $554.711.568 miles del año 2010”. En cambio, sí se puede comprobar que los interventores y liquidadores nombrados por los ministros y superintendentes de Santos llevaron a la EPS a la hecatombe financiera. Las cifras no mienten. Después de cuatro años y medio de administración oficial, Saludcoop fue liquidada porque sus pérdidas ascendían a 2,8 billones de pesos. Lo dice la resolución respectiva. El engaño al país fue monumental. El propósito de la intervención era “superar las deficiencias financieras detectadas” y lo que se logró fue la clausura definitiva. A Palacino le quitaron la EPS con patrimonio positivo de más de 500.000 millones de pesos y tras 54 meses de desastrosa gestión, el Gobierno la enterró con patrimonio negativo. La entidad no estaba quebrada, pero la requetequebraron. En 2007, Saludcoop fue la empresa n.° 17 entre las 100 más grandes del país de la revista SEMANA, por encima de Postobón y ETB. Si su estado hubiera sido crítico la intervenían para cerrarla, no para administrarla, que fue lo que se hizo.

Para justificar el control de Saludcoop, el Gobierno mencionó una “inminente afectación de la prestación del servicio de salud”. Pero Saludcoop atendía bien a sus pacientes. Un criterio que acepta la Corte Constitucional en cuanto a buena atención es que la EPS tenga pocas tutelas en contra. En 2010, Saludcoop estaba entre las tres EPS con menos tutelas por entrega de medicamentos o fallas de atención. Además, tenía el doble de afiliados de la EPS que le seguía en tamaño. ¿Acaso se afiliaban por masoquismo? Como ya se vio, en 15 años el número de pacientes pasó de 2.000 a 4.000.000. La fementida “inminente afectación” se convirtió, por cuenta del mal manejo del Gobierno Santos, en desaparición absoluta del servicio de salud para todos los afiliados.

El presidente Belisario Betancur enfrentó una crisis muy grave: la quiebra del Banco de Colombia, el más grande y el que lleva el nombre del país. Por los fraudes del Grupo Grancolombiano, Betancur destituyó a su presidente, Jaime Michelsen Uribe, y nacionalizó el banco. Como sucesor de Michelsen nombró a un banquero idóneo y probo, el inolvidable Guillermo Villaveces Medina, que llevó a cabo el prodigioso rescate de un Titanic financiero. ¿Quién fue el distinguido ejecutivo nombrado por Santos para reemplazar a Palacino? Édgar Pabón, que estuvo un mes. Luego los ilustres desconocidos Wilson Sánchez y Mauricio Castro Forero, que duraron dos años entre ambos, y después Guillermo Grosso Sandoval, que se quedó dos años y medio y está imputado por varios delitos.

Este año, cuando Grosso salió de la cárcel, en la puerta de La Picota lo esperaba el CTI para detenerlo por otros delitos. Intervenir una empresa privada que no está en bancarrota y devolverla quebrada no es buen gobierno. Y hay que contarlo, aunque hayan pasado muchos años. El tiempo, descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no la saque a la luz del sol, predicaba don Quijote.