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JORGE HUMBERTO BOTERO

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Razón y poder

En ocasiones, no basta aportar razones a quienes detentan el poder; hay que mostrarles que los ciudadanos también lo ejercen en las urnas, redes sociales, calles y estadios.

Redacción Semana
28 de noviembre de 2023

Luego del abrumador fiasco electoral del Petrismo, propuse en este espacio una amplia alianza opositora para tomarse la agenda del Congreso y aprobar las leyes que son urgentes. En el papel, la propuesta debería prosperar. La bancada del Pacto Histórico apenas supera un tercio de los integrantes de ambas cámaras. Ahora advierto que esa propuesta es improbable, al menos por ahora. Con excepción de Cambio Radical y el Centro Democrático, la disciplina de las demás formaciones está fracturada.

De otro lado, he llegado a la conclusión de que las circunstancias están maduras para una masiva movilización ciudadana contra el secuestro, la extorsión, las asonadas, los prematuros ceses al fuego y, en general, contra una política de paz errática e ingenua, que se ha traducido en una paulatina pérdida del control del territorio por el Estado, la renuncia al monopolio de las armas, la desmoralización de la Fuerza Pública y la manipulación de las comunidades rurales.

En este contexto conviene recordar las masivas marchas contra las Farc en el 2008. Impulsadas por Álvaro Uribe, en aquel momento en la cúspide de su prestigio, salieron a marchar algo así como un millón de personas. Esa antigua guerrilla entendió que su respaldo político era nulo y que, vencida sin atenuantes en la confrontación armada, no le quedaba camino distinto a negociar. Fue el principio del fin.

Por supuesto, esas movilizaciones multitudinarias no ocurren por generación espontánea. Por eso propusimos a un grupo de personas notables provenientes de la academia, el servicio público, las organizaciones gremiales y sindicales que firmaran una invitación a la ciudadanía a salir a las calles a protestar en una determinada fecha.

El fracaso de la convocatoria fue absoluto, creo yo por el temor que suscita el Presidente. Es comprensible; nadie está obligado al heroísmo. Poco después de conocido un fallo de la Corte Constitucional adverso al Gobierno, Petro profirió amenazas de recorte presupuestal a la rama judicial; ha logrado la remoción de varios dirigentes gremiales; insultado muchas veces a los empresarios; no escatima expresiones agresivas contra los medios de comunicación y los periodistas; y discrimina contra los gobernadores recién electos que no son de su cuerda.

Siendo yo niño, en las semanas finales de la dictadura de Rojas en 1957, viví la experiencia de que unos soldados irrumpieran en nuestra casa a altas horas de la noche para verificar si mi padre ocultaba panfletos subversivos. Desde entonces nunca había sentido el clima de opresión que hoy se percibe. Si tal es el efecto que Petro genera, un gobernante autoritario al que, sin embargo, no podemos calificar como dictador, ¿qué pasaría si estuviéramos gobernados por Pinochet, Videla, Bukele o Maduro?

Las cifras del comportamiento de la economía al cierre del tercer trimestre son desoladoras. Una caída del PIB, cuando se esperaba un crecimiento positivo, nos coloca al borde de la recesión. Ese resultado se explica en parte por factores de los que es responsable el Gobierno, que no es capaz de gastar los ingentes recursos fiscales disponibles, y por la estruendosa caída de la inversión privada. El deterioro de la confianza en la estabilidad del país retrae a los inversionistas, salvo en aquellos casos en los que sean elevadas las expectativas de retorno.

Ante un panorama tan preocupante, el gobierno ha optado por satanizar al Banco de la República: la culpa del mal desempeño económico es suya por mantener elevadas las tasas de interés, ignorando que no ha comenzado a reducirlas por un capricho perverso, sino porque la inflación, aunque viene cayendo, todavía es elevada; y porque no sabe todavía cuál será el nuevo salario mínimo. Ajustes excesivos reactivarían las alzas generalizadas de precios.

La otra manera de eludir su responsabilidad por los malos resultados es impugnar la regla fiscal, un mecanismo que introduce límites a la cuantía del déficit fiscal para evitar que los gobiernos asuman deudas excesivas. La señal es fatídica para quienes le prestan a Colombia. Alimenta la hoguera el Ministro de Hacienda diciendo que el propósito consiste en establecer un nuevo balance entre lo que dedicamos a la inversión y al pago de pasivos. Esta afirmación puede entenderse como si, en algún momento, fuéramos a renegociar la deuda pública. A ti, lector, ningún banco te prestaría si le dijeras que le pagarás, en un tiempo indeterminado, con los recursos que te queden libres luego de cubrir tus otros gastos; que tu prioridad -qué pena decirlo- no es pagar deudas...

En vez de centrarse en lo urgente, Petro propone dos políticas muy controversiales. La primera es una inversión estatal masiva en la industria farmacéutica. Un sector intensivo en capital, no en empleo, en el cual existe amplia inversión privada, y en el que abundan patentes de invención que nos hemos comprometido a respetar. Producir vacunas es una actividad de alto riesgo: no se sabe de antemano como evolucionarán muchos patógenos. No parece, pues, que sea una opción adecuada para invertir recursos estatales. Y como el desarrollo de capacidades de producción estatal en este ámbito tomaría años, tampoco sirve para reactivar la economía.

En segundo lugar, sin comprometerse de modo creíble a remover la aguda desconfianza en el gobierno que tiene postrada la construcción de infraestructura, plantea una política basada en pequeñas obras realizadas por los actores de la “economía popular”. El gobierno pasado dejó montada un buen plan para ese loable objetivo que ahora se desprecia. Salvo que fueren muchísimos los proyectos, existiera una institucionalidad adecuada y los recursos fluyeran con celeridad, por esta vía no se logrará darle a la economía el empujón que requiere con urgencia.

Con lo dicho basta para afirmar que abundan las razones para movilizarse contra el gobierno. Los cánticos masivos (y espontáneos) en los estadios así lo demuestran. ¡Necesitamos paz y reactivación económica ya!

Briznas poéticas. Escribe Augusto Pinilla. “Un poeta camina por los prados / hacia la cima de la niebla. / Quiere atrapar el día / a la hora de su nacimiento / y darle una palmada / y que rompa a llorar / -por la primera vez- / entre sus manos”.