OPINIÓN

Alejandro Cheyne

Coronavirus -COVID-19-, un desafío pedagógico

Esta es la primera vez que debemos asumir el reto de ofrecer la totalidad de nuestros programas académicos por acceso remoto
17 de marzo de 2020 a las 2:04 a. m.

La evolución del coronavirus en el mundo y en nuestro país, ha impulsado a las instituciones de educación a ofrecer procesos de enseñanza, investigación y extensión por la modalidad de acceso remoto, con el fin de minimizar el riesgo de una propagación masiva del virus.

Si bien es cierto que nuestras instituciones de educación tradicionales, desde hace varios años, han incorporado experiencias virtuales en los procesos de enseñanza aprendizaje, esta es la primera vez que debemos asumir el reto de ofrecer la totalidad de nuestros programas académicos por acceso remoto. Lo anterior, además, con pocas semanas de preparación ante este virus que fue declarado pandemia, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Incluso, en algunos casos, este proceso se dio sin la posibilidad de realizar una prueba piloto para desarrollar los ajustes metodológicos necesarios a los servicios tecnológicos.

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Este nuevo escenario nos lleva a un desafío pedagógico muy ambicioso, nunca antes visto ante el corto tiempo de respuesta ni ante la necesidad de romper “el statu quo” académico al cual nos hemos acostumbrado todos nosotros. Como rector de la Universidad, especialmente como docente, reconozco la complejidad de este desafío, así como todas las dificultades que presenta, entre las cuales se destacan:

1. Una posible angustia tanto del profesor como del estudiante. Para algunos de ellos será la primera vez que desarrollan una experiencia pedagógica sin contacto presencial. En este sentido, puede existir, tanto por parte de los profesores como de los alumnos, una falta de apropiación de la tecnología. Este obstáculo es relativamente fácil de superar, ya sea por medio de capacitaciones sobre el buen uso de la tecnología o a través del acompañamiento de un tutor que ayude a disminuir las fallas tecnológicas durante las clases.

Sin embargo, y a pesar de que el reto de la tecnología es relevante, el mayor desafío no es tecnológico sino pedagógico. Es claro que nunca podrá ser igual el modelo pedagógico presencial al de acceso remoto. Por ello, mi recomendación, aun cuando parezca simple para esta coyuntura, es un ejercicio de claridad en los propósitos de aprendizaje, junto con una relación de confianza que permita un diálogo entre todos los actores en donde se reconozca siempre al otro como un interlocutor válido.

Debe existir la confianza y el respeto suficiente entre el profesor y los estudiantes, para poner sobre la mesa los problemas pedagógicos que se están presentando, así como las diferentes alternativas para solucionarlo. Insisto, ante cualquier problema pedagógico, la solución siempre es generar un diálogo.

2. Tanto los profesores como los alumnos y las instituciones de educación, debemos reconocer con humildad que no estamos 100% preparados para asumir este reto pedagógico. Contar con un profundo conocimiento de la cátedra, tener habilidades comunicativas y experiencia en el uso de la tecnología en el aula, entre muchas otras competencias requeridas por los estudiantes, son imposibles de lograr en tan corto tiempo por parte de un profesor que no ha tenido una experiencia previa en acceso remoto. Así mismo, conseguir en un alumno acostumbrado a la enseñanza presencial, una capacidad de concentración por medios tecnológicos durante varias horas, así como la posibilidad de asumir el modelo de aprender a aprender en el corto plazo, es muy difícil.

Para esto, tengo dos recomendaciones. Para nuestros profesores: no olvidar una narrativa pedagógica muy cercana a la vida cotidiana del estudiante, lo cual, sin duda, le genera bastante significado. Para nuestros estudiantes: mi recomendación es evitar el conformismo con la imagen, y hacer un esfuerzo muy importante para fortalecer su capacidad de interpretación de los mensajes recibidos por acceso remoto en su contexto particular.

3. Soledad en el aprendizaje. Uno de los grandes riesgos de este desafío pedagógico, es que nuestros estudiantes sientan una profunda soledad en el aprendizaje desde sus casas, como resultado del autoaislamiento preventivo. La mediación pedagógica requiere de nuevos materiales, nuevos escenarios y nuevos significados, nunca estandarizados, que promuevan la creatividad e innovación en cada uno de los estudiantes.

La aceptación y adecuación al cambio, por parte de todos nosotros, no es una opción. La incertidumbre sobre el futuro, más que una amenaza, es una oportunidad, y la velocidad del cambio nos obliga a dar una respuesta rápida y a repensar la forma en que garantizamos nuestro sistema y aseguramos la calidad de la educación.

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Finalmente, quiero insistir en que incorporar la tecnología en las instituciones de educación solo tendrá impacto positivo si existe una cultura de uso y apropiación de ella en el aula y, fundamentalmente, si contamos con un modelo pedagógico innovador que lo oriente a favor de todos los actores en la educación.

El desafío pedagógico en tiempos de pandemia

 

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