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Opinión

  • | 2019/02/13 21:11

    "Los extremos políticos tienen que dialogar"

    El diálogo entre políticos e influenciadores evidenció su disposición para mejorar el lenguaje que usan en la red.

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Es posible que, en el futuro, este periodo de la historia de Colombia y su desenlace se juzguen por la responsabilidad de los liderazgos en la fase de transición en que estamos. La trayectoria que tomará el país luego de haberle puesto fin a un largo conflicto armado dependerá de cómo se afronten otros desafíos -nuevos y viejos- en los años y en las décadas venideros.

Hoy se ve el panorama político difuso y el clima social espeso. Persiste la división radical que surgió del proceso que llevó al acuerdo con las FARC, y gravita sobre su cumplimiento el peso de no haber conseguido un acuerdo político posterior, digno, que capitalizara para toda la sociedad el hecho concreto de sacar a miles de hombres y armas de la vida de las veredas y de no pocos municipios donde era habitual la guerra.

Con ese trasfondo, y más allá de los impactos de las economías ilegales, las tensiones que se presentan a lo largo y ancho del territorio entre intereses y derechos de distintos grupos tienen un alto riesgo de transformarse en conflictividades que terminen resolviéndose por la vía de la violencia. Hay ya un crecimiento de hechos intangibles – amenazas- y de hechos tangibles –homicidios- que empiezan a acumularse en las estadísticas de los distintos tipos de mapas.

Los pleitos por tierras, las discusiones y disputas entre grupos sobre las apuestas de desarrollo económico; pero también las heridas que dejó del conflicto, la estigmatización que perdura, y el miedo y la cultura de la violencia, son pan de cada día en la vida cotidiana de mucha gente. En su vida real. La que está lejos de Bogotá y de los centros urbanos, pero también la que está al otro lado de la virtualidad de las redes sociales.

Y es ahí donde cabe la pregunta de si lo que sucede en esas redes tiene o no consecuencias e impacto en la vida cotidiana de esas regiones. Si esa polarización y agresividad en los debates sobre los temas de la agenda pública en Twitter o en Facebook –también en los chats grupales- tiene efectos negativos en la forma como se resuelven aquellas tensiones; o si las posturas extremas provocan o no fricciones en los procesos en los que algunas personas están apostándole a la convivencia en sus territorios, aun a pesar de las diferencias.

En Cesar y Meta, por ejemplo, se adelantan procesos de ¨diálogos improbables¨ en los que concurren personas con posturas e intereses diametralmente opuestos que han construido un espacio de confianza y consensos para proponer a sus coterráneos formas de coexistir y de tramitar de manera inteligente y constructiva los conflictos de su territorio. ¿Son inmunes esos procesos a la batalla campal que se da en las redes sociales? Yo he visto no pocas veces que estos procesos valiosos, delicadamente construidos, se alteran con lo que allí sucede. ¿puede realmente ser que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa?

Regresando a la responsabilidad de los líderes de aquí y de estos tiempos, fue alentador el resultado de un ejercicio reciente con algunos políticos, periodistas y ciudadanos influyentes en la red, que perteneciendo a orillas opuestas coincidieron en la conveniencia de hacer una reflexión sobre su rol en ese escenario y en la disposición a participar en unos ¨diálogos improbables¨ para explorar caminos que reduzcan los efectos nocivos, e incluso tóxicos en algunas ocasiones, del debate en las redes. La prueba ácida será, lo sabemos, mantener la difícil coherencia cuando se trasladen otra vez, de las instalaciones de los medios de comunicación a ese mundo muchas veces insensato de la red social. ¿Podrán no sucumbir al canto de las sirenas?

*Coordinador de la plataforma Diálogos Improbables.

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