opinión

Didier Alberto Tavera Amado.
Director de Fededepartamentos
Didier Alberto Tavera Amado. Director de Fededepartamentos - Foto: SEMANA

Sí a la reapertura con Venezuela, no al contrabando

Una verdad de a puño es que una frontera porosa es preferible a una frontera cerrada.


Por: Didier Tavera

La fecha del 26 de septiembre marcará un hito en la historia de las relaciones con Venezuela. Ese día, de acuerdo con el anuncio del presidente de la República, Gustavo Petro, habrá de reabrirse las fronteras entre Colombia y Venezuela. Además de ser un paso decisivo en las relaciones comerciales entre los dos países, la renovada relación bilateral significa una gran oportunidad para nuestros 32 departamentos y el Distrito Capital. Será posible reconstruir y afianzar vínculos, aunar esfuerzos y fortalecer el desarrollo económico y social de los dos países.

Sin embargo, por auspiciosa que resulte, esta nueva era no está desprovista de riesgos. Una de las principales preocupaciones que inquieta a los departamentos es causada por el espectro del contrabando, pues este ha sido un delito que históricamente ha socavado las finanzas territoriales y ha fortalecido los grupos delincuenciales que operan en el país. Por eso que uno de los principales pedidos de la Federación Nacional de Departamentos (FND) con respecto a la reapertura de la frontera con Venezuela es la lucha frontal contra este flagelo. Se trata de una misión impostergable y debe ocupar un lugar privilegiado en la agenda común.

Gracias a la información del Observatorio de Registro y Control de Aprehensiones (Orca) de la GND ha sido posible identificar objetivamente algunos de los productos sujetos al impuesto al consumo de contrabando que más ingresan por la frontera con Venezuela. Entre ellos están las cervezas Stella Artois y Corona; los cigarrillos Rumba y Carnival; licores como Chivas Regal 12 años, Old Parr Tribute y Vodka Smirnoff; entre otros. Lo anterior, sin mencionar los productos perecederos y no perecederos, semovientes, autopartes e hidrocarburos que hoy hacen parte de un largo etcétera.

Frente a este panorama, los más de 2.200 kilómetros de frontera que Colombia comparte con Venezuela, distribuidos en los territorios de La Guajira, Cesar, Norte de Santander, Boyacá, Arauca, Vichada y Guainía, plantean varios retos, especialmente en materia económica y de salubridad. Así, la reapertura debe garantizar también la seguridad nacional y disminuir los riesgos y violaciones a nuestra soberanía e integridad física.

Para esto será necesario que, junto a las autoridades sanitarias, de control, fiscalización y penalización, se trabaje de manera permanente y mancomunada en la zona primaria, puntos de verificación migratorios y en general a lo largo de la línea limítrofe, cuya extensión ilustra de por sí sobre la dimensión de los retos que serán asumidos.

Aunque este hito binacional genera más oportunidades que inconvenientes, hay una premisa: la reapertura debe efectuarse de manera gradual, en colaboración Gobierno nacional ―gobiernos departamentales y aumento de presencia institucional en departamentos fronterizos―. Aquí, los Grupos Operativos de nuestro Programa Anticontrabando, que a la fecha suman más de 560 integrantes a lo largo y ancho del territorio nacional, son actores de primera línea en un trabajo conjunto que exige el fortalecimiento de herramientas y acciones para luchar contra el contrabando y la informalidad.

Desde las regiones esperamos que la reapertura de la frontera sirva para sumar esfuerzos y dinamizar la economía. Ahora bien, es preciso adoptar una estrategia clara y focalizada para contrarrestar de manera efectiva la cadena criminal del contrabando. Si lo logramos, estaremos protegiendo la salud de la población y preservando aquellos recursos financieros que deben ser destinados a una mayor inversión social.

Una verdad de a puño es que una frontera porosa es preferible a una frontera cerrada. Pero esa porosidad no puede volver a ser esa gran grieta por la que se cuelan fenómenos que afectan sensiblemente a las comunidades de los dos países y ponen en riesgo la estabilidad y las garantías que deben rodear a esta nueva era en la relación binacional.

Si asumimos el desafío como una tarea vinculante para ambas naciones, entonces tendremos mayores posibilidades de quebrarle la cerviz al monstruo del contrabando. Si es así, la reapertura vendrá acompañada por un grado razonable de optimismo y esperanza. Venezuela podrá contar con nosotros y sabemos que la respuesta estará hecha a la medida de la reciprocidad.