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Óscar Ramírez Vahos
Óscar Ramírez Vahos - Foto: SEMANA

Un rescate sin prioridad en lo social para Bogotá

La pandemia desnudó todas las carencias y desigualdades que aquejan a nuestra sociedad. En ese sentido, se puede asimilar con un huracán que arrasa con lo que encuentra a su paso y deja al pobre más pobre, al necesitado más urgido y al enfermo aún más lejos de su expectativa de curación. Eso le pasó a nuestra sociedad con el coronavirus.

Por: Oscar Ramírez Vahos

Lo que uno espera en tal caso es que las autoridades operen con la lógica de atender una emergencia según las urgencias que la sociedad tiene. Por desgracia, en el caso de Bogotá y el mal llamado “rescate social” considero que la Administración Distrital se quedó corta.

Para empezar, el título del proyecto presentado al Concejo de Bogotá enmascara la más pura “transmilenofobia” posible. El 62 % del dinero solicitado en este “rescate social” será destinado como salvavidas del Sistema Integrado de Transporte Público, cuyo déficit aumentó por la pandemia. Es decir, 1,1 billones de pesos, cifra nada desdeñable, se destinarán a garantizar la operación del sistema utilizado por millones de capitalinos día a día. Sin embargo, ni en la presentación del proyecto, ni en su título, ni en las primeras comunicaciones dirigidas a justificar este “rescate social”, se hizo mención alguna al Sistema Integrado de Transporte Público.

¿Por qué este ocultamiento? Básicamente, fuimos nosotros los concejales quienes entramos a estudiar este proyecto y descubrimos que se trataba más de un plan para rescatar a TransMilenio que para lanzarle un salvavidas a la sociedad.

¡Obviamente hay que rescatar a TransMilenio! es, de momento, el único sistema de transporte masivo con el que contamos y si se paraliza, también se detiene la ciudad. Sin embargo, el “rescate social” solo es una medida temporal que no resuelve de fondo el problema: con, o sin aprobación del rescate social por parte de la Corporación, en los próximos diez años los bogotanos destinarán más de 11 billones de pesos para cubrir el creciente déficit operacional del sistema.

En respuesta a este escenario, el Gobierno del presidente Duque ha contemplado en su actual proyecto de reforma tributaria un salvavidas temporal al sistema, a través de una cofinanciación que aportaría recursos equivalentes al 50 % del déficit operacional ocasionado por la pandemia, y que libraría a Bogotá de destinar casi medio billón de pesos del “rescate social” a este propósito.

Y es que, si hablamos de un Rescate Social de verdad, así, con mayúsculas iniciales, lo que cualquiera esperaría es que sea un plan ambicioso que ataque todas las consecuencias sociales que dejó la pandemia en Bogotá.

Las cifras son realmente preocupantes: en 2020, el 40,1 % de los bogotanos se encontraba en pobreza. La ciudad pasó de 2,2 a 3,3 millones de personas en esta situación. Hablamos de más de un millón de personas en condición de pobreza nuevas, sin contar que no hay cifras claras en lo corrido del año sobre los nuevos vulnerables ni de familias en pobreza oculta. En el caso de Bogotá, hablamos de una bomba social.

El mal llamado “rescate social” se queda muy corto, como dijimos, en el propósito de lanzarle una tabla de salvación a los más necesitados. Para empezar, que el mayor rubro sea para un sistema de transporte y no para las necesidades sociales en sí, ya deja mucho que desear. Pero además hay que contar que no es específico en brindar apoyos a poblaciones focalizadas que claman por ayuda. Por ejemplo, mujeres y jóvenes. En Bogotá registra una tasa de desempleo en mujeres del 20,4 % (434.000 mujeres). Por otro lado, el desempleo juvenil está por encima del 26,3 % (349.000 jóvenes). Además, la tasa de ocupación laboral de mujeres y jóvenes solo alcanza el 46 %, número que llenaría de rubor a cualquier encargado de la parte social de una administración que entendiera la gravedad del asunto.

Si los tiempos dan, este medio billón de pesos que el Gobierno nacional aportaría para cubrir el déficit del SITP podrían ser reorientados a mayor gasto social e inversiones que contribuyan a fortalecer el poder adquisitivo de las mujeres en jefatura de hogar o que desempeñan prácticas de cuidado permanentes, garantizar la continuidad de programas como empleo joven o dar apoyo a aquellas familias que se vieron afectadas en su capacidad productiva como resultado del covid-19. Sin embargo, es casi un hecho que estos recursos irán al barril sin fondo del déficit en el SITP.

¡Precisamente el sistema seguirá perdiendo usuarios si los más necesitados no tienen empleo o carecen de todo hasta el punto de no tener para un pasaje de TransMilenio!

No puedo terminar sin lamentar que Bogotá pudo haber tenido un verdadero rescate social cuando más lo necesitaba, y que las soluciones cortoplacistas solo harán que miles y miles de ciudadanos sigan cayendo en las terribles trampas de la pobreza.