Querido soldado

El día que ingresaste a filas, al despedirte de tus seres queridos dejaste a tu paso un panorama sombrío, lleno de angustia y desolación.

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Uriel Ortiz Soto
10 de noviembre de 2002, 12:00 a. m.

El día que ingresaste a filas, al despedirte de tus seres queridos dejaste a tu paso un panorama sombrío, lleno de angustia y desolación, pero los altares de la Patria están destinados a recibir la ofrenda y hasta el sacrificio de quienes han sido seleccionados para defender sus instituciones, continuamente amenazadas por los enemigos de la libertad y el orden.

Cuando cumplas tu misión regresarás al seno de la sociedad, como verdadero héroe, y al de tu hogar como preciado tesoro, porque gracias a tus servicios la guerra contra los violentos ha empezado a dar sus frutos.

Sólo resta decirte que diariamente elevo una oración al cielo por tu vida y bienestar personal, y otra oración por la Patria, para que esta guerra estéril, sin ideología, sin razón y sin fundamento, termine pronto. Recibe mi abrazo de compatriota y admirador.



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