La Asamblea Nacional venezolana acaba de ponerle ese poco amable rótulo al expresidente del gobierno español Felipe González, adalid del socialismo global, por pretender asesorar la defensa de los líderes de la oposición encarcelados. Más allá del derecho de ese país a recibir a quien quiera, esa actitud solo pone de presente la inseguridad del gobierno de Nicolás Maduro ante la posibilidad de que el mundo observe la escasa independencia de su sistema judicial.










