Barranquilla, Atlántico

‘Sueños de Mercado’, una madrugada en el centro de Barranquilla

El fotógrafo Carlos Parra Ríos describe con esmero ese momento único en el que se despide la luna y sale el sol en una de las plazas de mercado más populares de Colombia.

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7 de septiembre de 2017 a las 7:00 p. m.
Los grandes almacenes con todo y su mercadotecnia no han podido mandar al olvido la tradición de este tesoro público
Los grandes almacenes con todo y su mercadotecnia no han podido mandar al olvido la tradición de este tesoro público Foto: Carlos Parra Ríos

La luna observa hacia el otro extremo del horizonte y espera a su astro amigo. Se le contrapone, sabe que se avecina, es el testigo de quienes a esa hora madrugan para buscar la ayuda de Dios: dicen que eso les garantiza un puesto en la lista de espera. ¿Serán privilegiados del agrado de Dios estos hombres y mujeres que, mientras Barranquilla duerme, velan el encanto matutino entre un rocío sucio y una brisa fría que respira a caño?

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

Ya lo van a averiguar. Lo harán en el reflejo de sus ventas, en la esperanza de un día próspero. Un hombre lee el periódico, sus ojos por un momento se pierden entre los hechos de la región, ese mundo que sucede afuera del mercado de Magola: las vidas, situaciones y eventos que no se detuvieron mientras él vendía sus hortalizas y verduras.

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

Lleva zapatos rojos como la sangre que se riega en los mesones de las carnicerías a tan solo unos cuantos puestos. Un rojo como el que tendrá el sol cuando se alce entre la bruma de un río Magdalena podrido. En un rato comenzara a clarear y vendrá el unísono del canto de los gallos, loros, canarios y otras aves que, como muchas cosas aquí, se venden venden vivas o muertas.

Todos comparten un espacio de aromas que lindan entre lo exótico y lo nauseabundo, al que ya son inmunes por la costumbre. Ni siquiera el olor a sangre seca, fango y agua estancada les saca una mueca entre la rutina.

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

Algunos llegan a sus puestos con batas blancas, impecables, como cirujanos retirados. Otros, en cambio, llevan las manchas del día anterior, de semanas anteriores, máculas de orgulloso, de amuleto o de simplemente de identidad...

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

Que el mundo recuerde que alguien tiene que hacer el trabajo sucio para que haya carne servida a la hora del almuerzo.

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

El cliente llega y agarra tomates tiernos, cebollas grandes, yuca harinosa y frutas robustas y saludables. La mayoría le compra al mismo vendedor de toda la vida, como lo hicieron sus padres, como lo hicieron los padres del mismo vendedor. Otros andan buscando ese matrimonio y van coqueteando por los caspetes en busca del dueño de su mercado para siempre, el de mejores productos, precios y actitud.

Los grandes almacenes con todo y su mercadotecnia no han podido mandar al olvido la tradición de este tesoro público, donde se comercian víveres como cosa anecdótica, porque en verdad se mercadean historias, sabor y diversidad.

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

Mucha más vida que en esas gigantescas cajas de hormigón con aire acondicionado y estanterías de aluminio. Megatiendas y multinacionales que junto al mercado de siempre no son más que galpones anónimos e inertes.

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

*** Sueños de mercado... ***

© Carlos Parra Ríos / Especial para Semana Rural

EN LA VOZ DEL FOTÓGRAFO CARLOS PARRA RÍOS | Fotos, textos y voz

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