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| 9/10/2018 7:33:00 AM

“Creo que el futuro del mundo se inclina hacia el fascismo”

Sam Richards es sociólogo y profesor de uno de los cursos de raza más populares en Estados Unidos. Por sus discursos provocativos ha sido catalogado como uno de los “101 académicos más peligrosos” del país. SEMANA conversó con él a propósito de su visita a Colombia.

Entrevista al sociólogo Sam Richards Foto: León Dario Peláez. Foto: SEMANA

A primera vista Sam Richards parece un tipo descomplicado. Es conversador, con gran sentido del humor, y sin duda, busca analizar su entorno y a quienes lo rodean haciendo afirmaciones provocativas. Con 58 años de edad es uno de los profesores de sociología más populares del país. Cada año, 725 estudiantes de la Universidad Estatal de Pensilvania toman su curso sobre raza y relaciones étnicas, donde aborda, con humor y coraje, preguntas que la mayoría elegiría evitar.

Como director de Desarrollo del World in Conversation Center, Sam es codirector de un proyecto de investigación patrocinado por el Programa Ciencia para la Paz y la Seguridad de la Otan en el que desarrolla herramientas de diálogo que ofrezcan oportunidades a las personas en las regiones de conflicto para humanizar a sus enemigos.

Recientemente, Sam visitó Colombia para dar una charla titulada ‘The needy penis‘, que analiza y expone diversos problemas de género. SEMANA conversó con él sobre algunos de los temas en los que trabaja. Entre ellos sexualidad, religión y racismo.

SEMANA: ¿De qué se trata ‘The needy penis’ la charla por la que vino a Colombia?

Sam Richards (S.R.):  En términos generales la charla habla del sexo y de cómo la idea que tenemos de él se reduce al pene. Es decir, todo funciona desde la perspectiva del hombre. Cuando uno habla de género la gente suele decir que hoy los hombres y las mujeres son iguales, sin embargo, la realidad es que el mundo aún es dominado por ellos. La prueba más clara es que incluso en la intimidad, donde se supone que suceden los momentos más amorosos y profundos, la mujer está siguiendo al hombre. Creo que si las mujeres tuvieran el control del sexto, probablemente eso sería diferente. Diferente a la forma en cómo lo vemos en los medios, a cómo pensamos hoy sobre él.

SEMANA: ¿Cómo se lo imagina?

S.R.: Lo primero es que es un hecho que las mujeres no necesitan del pene para sentirse satisfechas, para ellas lo importante del sexo está en el clítoris y el orgasmo. Entonces, empezando por ahí, la idea de que tener un pene grande es lo que ellas quieren, se derrumbaría. Por otra parte, si los hombres socializaran de acuerdo a sus estándares, creo que la violencia sexual cambiaría radicalmente. Habría más conversaciones, las relaciones serían más consencuadas, no todo sería sobre la necesidad del sexo. Hoy los sentimientos que tenemos sobre él el sexo aún están muy ligados al poder. En el fondo el sexo se trata de poder.

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SEMANA: Para usted ¿qué papel juega la pornografía en todo esto?

S.R.:  Bueno, es un tema importante porque de la pornografía está hecha por hombres y para hombres. Y no para cualquier hombre, sino para jóvenes de 20 años. Ningún hombre maduro querría ver ese tipo de contenido. Entonces, si me lo preguntas, creo que esa industria ha tenido mucho que ver con que el sexo desde la perspectiva de la mujer no haya sido aprendido. Si los hombres solo ven pornografia hecha por hombres solo ven una historia. Y eso es violento. El ejemplo más claro es que en el mundo masculino se tiene la idea de que hay que tener un pene grande porque es lo que ellas quieren. Sin embargo, está comprobado que más o o menos tres de cada cuatro mujeres no pueden tener un orgasmo verdadero con penetración. Entonces ¿para qué querer tener un pene grande? Es absurdo. Esa es la verdadera violencia, que las mujeres tienen que experimentar el sexo a través de un modelo que realmente no está bien ni se siente bien para ellas.

SEMANA:  Ya que habla del poder ¿cuál es el verdadero impacto de estas desigualdades que evidentemente van más allá del sexo?

S.R.: El principal es que mientras exista el machismo, hombres y mujeres no estarán en la capacidad de tener relaciones igualitarias. No habrá ninguna igualdad entre ellos a nivel profundo. ¿Cómo lograrlo? No lo sé. Quizá es algo que yo realmente nunca entenderé, pues siempre me he relacionado de acuerdo a los estándares del hombres y estoy en una situación de privilegio. Sin embargo, lo que sé es que aunque las mujeres le pidan a los hombres que cambien, ellos no lo van a hacer así sin más, no tienen ninguna razón para hacerlo. Lamentablemente, son ellas las que tienen que cambiar, empezar a hacer demandas, exigir.

SEMANA: ¿Quiere decir que en el fondo a los hombres les asusta darles poder?

S.R.: Sí, definitivamente. Representa una situación de amenaza. Yo por ejemplo, quiero que las mujeres tengan más poder porque tengo una madre, una hermana, una esposa. Todos tenemos a mujeres importantes en nuestras vidas, ¿por qué no querríamos que fuera así? Pero la realidad es que hay una característica que tienen todos los grupos dominantes y es que tienen miedo a ceder su poder. Pasa con los hombres, la gente blanca, la gente de derecha, la gente rica...

SEMANA:  ¿Para usted es difícil?

S.R.: Para mí no tanto. O bueno, eso creo, a veces como hombre no reconozco mi poder aunque sé que la mayoría de mis éxitos provienen de mi masculinidad y de que soy un hombre blanco. Eso me ha ayudado mucho aunque a veces no pueda verlo ni entenderlo. Ando por el mundo como un hombre blanco y ‘gringo’ cualquiera, sin darme cuenta.

Infografía: El vergonzoso fracaso de la igualdad de género en Colombia

SEMANA: ¿Cree que algún día lograremos ser una sociedad igualitaria?

S.R.: No sé si quiera responder a esa pregunta... pero creo que el futuro que nos espera es el del fascismo. No quiero que sea verdad, pero como sociólogo, pensando libremente en todo lo que he leído e investigado, creo que el mundo se moverá cada vez más hacia el totalitarismo. De algún modo, pienso que no sería totalmente malo o descabellado, porque un rey o una reina con empatía y mucha sabiduría sería muy bueno para la sociedad.  Mejor que lo que tenemos ahora. Pero volviendo a la pregunta, tengo la idea de que no vamos a ir más hacia el socialismo y la igualdad. Creo que el futuro del mundo se inclina hacia el fascismo.

SEMANA: ¿Por qué piensa eso?

S.R.: Porque hay que controlar al pueblo. Y cuando se tienen tantas personas, por ejemplo, en Europa migrando y aquí en Colombia con los venezolanos, se necesita control y el fascismo o solo un gobierno muy fuerte puede hacer eso. Y entre el mundo vea más fenómenos como el del cambio climático o los movimientos migracionales, los gobiernos se volverán muco más protectores de los recursos y de sus riquezas. 

SEMANA:  Usted dice que la empatía es el núcleo de la sociología. Y en sus talleres tratan de promoverla ¿Por qué decidió dedicarse a esto?

S.R.: Es la única manera de desarrollar relaciones profundas con la gente. Si no hay una razón profunda para construir una relación con alguien, no habrá curiosidad ni intención de entender su punto de vista.

SEMANA: ¿Qué tan difícil es lograrlo?

S.R.: Es realmente difícil. Sin embargo, cuando se logra con éxito, te cambia la vida y la mente para siempre. Caminas por el mundo con mucha sensibilidad por lo que están pasando los otros.

En contexto: Italia: el regreso del fantasma del fascismo  

SEMANA: Sus charlas también se caracterizan por decir cosas políticamente incorrectas o tratar temas polémicos ¿Por qué cree que es importante hablar directamente de los temas incómodos?

S.R.:  Cuando personas que tienen diferentes ideas luchan uno contra el otro para imponer sus posturas, no hablan y no se toman el tiempo para entender las ideas de la otra persona. Hay conflicto, no alternativas. En ese sentido, creo que aunque sea incómodo, el diálogo es necesario para construir entendimiento. Mi trabajo no es guiar a los estudiantes ni cambiar sus ideas. Mi trabajo es que cada día, cuando salgan de mi clase,  salgan con ideas diferentes a las que tenían cuando entraron.

SEMANA: ¿Cómo romper esos estereotipos?

S.R.: Hay muchas maneras, pero una es ponerlos en un cuarto y dejar que hablen abierta y honestamente de sus opiniones. En Pennsylvania tenemos los diálogos más largos en todo el mundo.  Tres mil cada año. Y entrenamos facilitadores y hablamos con gente de todo el mundo. Por eso estamos acá en Colombia. Decidimos que esa iba a ser nuestra manera de tener un impacto en el mundo. Por ejemplo, si una persona apoya a Duque y otra a Petro, no es mi asunto, lo que me importa es que expliquen su posición. Que lo apoyen está bien pero si no pueden dar argumentos, para mí eso es un problema.

SEMANA: ¿En su experiencia, cuáles son los temas más difíciles de tratar?

S.R.:  La religión. Tenemos muchas charlas sobre el cristianismo, el islam y el judaísmo.  Temas como el aborto, el racismo y la sexualidad todavía son muy difíciles. Sobre todo los que tienen que ver con relaciones entre hombres y mujeres. La razón es que hay demasiadas mujeres que dicen que ya no hay problema, que todo está bien. Y es algo muy complejo, pues si hablas de racismo con los negros, la mayoría no dicen que todo está bien, dicen que hay muchas desigualdad, pero entre mujeres y hombres hay una gran cantidad que dice “no todo está bien”. Por eso el diálogo es muy difícil. Actúan como si no pensaran en eso. Es algo que está muy arraigado en el inconsciente.  

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