Inteligencia emocional
La inteligencia emocional determina la toma de decisiones y el comportamiento de las personas. - Foto: Getty Images

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Hábitos que ayudan a mejorar la inteligencia emocional, según la psicología

Cabe destacar que la mejor forma de hacerlo es consultar con un psicólogo.

Según explica Psicología y mente, la inteligencia emocional agrupa las diferentes habilidades de identificación, gestión y expresión de las emociones y sentimientos.

“Este concepto surge de la idea de que la definición clásica o convencional del término “inteligencia” es demasiado limitada, al ser aplicada normalmente a procesos asociados al uso del lenguaje o a las representaciones mentales asociadas a la lógica, la geometría o las matemáticas”, detalla el portal especializado.

Desarrollar una habituación frente a las emociones negativas

Esto consiste en la disminución de la sensibilidad frente a un estímulo. Una de las estrategias que contribuye a mejorar la inteligencia emocional es entender que no es posible bloquear completamente las emociones negativas, aquellas que hacen sentir mal; sino que al momento de experimentarlas se debe orientar la atención a otras sensaciones.

Utilizar un diario

Una forma de familiarizarse con las emociones es escribirlas en un diario y reflexionar sobre cada una de ellas. “En sus páginas irás escribiendo acerca de lo que has sentido en ciertos momentos del día importantes para ti, y sobre los pensamientos asociados a esas emociones y sentimientos. Incluye también brevemente información sobre el contexto (lugar y momento del día) en el que te ocurrió cada cosa, y lo que hiciste justo antes y justo después de sentirte de esa manera”, explica Psicología y mente.

Capacidad de automotivación

Es importante aprender a establecer objetivos específicos, de los generales. Esto ayudará a lograr mayor avance a través de acciones concretas y sentirse bien.

”De hecho, orientar nuestra mente hacia metas concretas es una muy buena manera de no dejar que la ambigüedad y la incertidumbre causada por no comprender del todo ciertas emociones nos paralice. Esas emociones y sentimientos pueden ser elementos motivacionales que canalicemos para acercarnos a nuestros objetivos”, explica el sitio web.

Aprender a crear contextos

Uno de los hábitos que contribuye a mejorar la inteligencia emocional es aprender que las emociones están ligadas a la realidad que rodea al individuo. Por eso, es importante conocer cuáles son esas situaciones y momentos que provocan o facilitan la aparición de algunas emociones.

Gestionar las emociones negativas

Identificar durante el día cuáles emociones hacen sentir mal o impulsan a hacer determinada acción. Se debe analizar si esas acciones son una forma correcta de gestionar esos sentimientos,

Consultar a un psicólogo

La presencia de trastornos o problemas mentales no es la única razón para ir al psicólogo. La principal motivación para hacerlo es querer mejorar el estado de salud mental y mejorar la calidad de vida.

La psicología se encarga de explorar algunos conceptos como la percepción, la inteligencia, la memoria, personalidad, la conciencia y los procesos inconscientes.

En la actualidad, algunas instituciones de salud han incluido los servicios de salud psicológicos con sesiones y terapias, porque reconocen que ayuda a mejorar la calidad de los pacientes, indica Sanitas, entidad de salud.

¿Cuándo se debe ir al psicólogo?

Los expertos recomiendan ir al psicólogo al menos cada seis meses, sin importar que se identifique abiertamente algún problema.

Así como se realizan exámenes periódicos para conocer la salud física, también es importante revisar el estado de la salud mental. Sanitas, Mayo Clinic y Medline Plus explican algunas de las situaciones o síntomas en las que se recomienda visitar al psicólogo.

  • Cambios repentinos en la alimentación.
  • Cambios en los hábitos o rutinas de sueño.
  • Padecer dolores y molestias sin razón alguna.
  • Presentar cambios de humor que susciten problemas en las relaciones interpersonales.
  • Perder el control sobre las emociones, en especial en situaciones de la rutina diaria.
  • Dificultad para conciliar el sueño.
  • Incapacitad o dificultad para afrontar problemas cotidianos.
  • Actitudes y comportamientos violentos.
  • Sentirse irritable, agresivo o triste.
  • Abuso de sustancias (drogas).
  • Consumo en exceso de alcohol (más de lo habitual).