El 90 por ciento de las plantas sembradas sobrevivieron al proceso de siembra. Foto: Mauricio 'El Pato' Salcedo / WCS. - Foto: Mauricio El Pato Salcedo / WCS

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Así recuperaron 258 hectáreas de páramo en el Parque de Los Nevados

En conversación con Wildlife Conservation Society (WCS), la bióloga Érika Nadachovsky contó cómo llevaron a cabo la iniciativa proyecto Páramos Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte. El proceso podría aplicarse a todos los páramos de Colombia.

Gran parte de las áreas naturales de Colombia soportan los estragos de la deforestación, la tala ilegal o el acaparamiento para la ganadería, la siembra de cultivos ilícitos o la minería ilegal de oro y carbón. Una de esas áreas es el páramo situado dentro del Parque Nacional Natural Los Nevados que perdió gran parte de su territorio por cuenta de la ganadería.

El proyecto Páramos Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte, financiado por la Unión Europea, sembró casi 9.000 plantas nativas para recuperar 258 hectáreas degradadas en este lugar y ya se piensa en que el modelo podría aplicarse a todos los páramos de Colombia.    .

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Los páramos son ecosistemas claves para el país y su protección debe ser prioritaria. Según el Instituto Alexander Von Humboldt estos lugares son ricos en biodiversidad: albergan cerca de 170 especies de animales y el 17 por ciento de la diversidad de flora nacional, especialmente más de 80 especies diferentes de frailejones. Son, además, fábricas de agua que suministran con agua potable al 70 por ciento de la población.

Colombia tiene el 50 por ciento de los páramos del mundo. Sumapaz, en Cundinamarca, es el más grande del mundo y de los 36 que tiene el país, con más de 333.420 hectáreas. Están situadas entre bosques andinos a altas alturas, normalmente entre 3.000 y 5.000 metros sobre el nivel del mar, y aprovechan las lluvias y niebla para surtir otros cuerpos hídricos. Los ríos Magdalena, Cauca, Meta o el Patía, por ejemplo, nacieron de páramos. 

A pesar de su importancia ecosistémica, el país no les ha dado el respeto que merecen y, además de la masiva deforestación o minería que causan daños irreparables, el cambio climático también ha obligado a estos lugares a adaptarse a nuevas temperaturas, muchas veces sin buenos resultados.

A raíz de esta situación, crearon la iniciativa Páramos Biodiversidad y Recursos Hídricos en los Andes del Norte, apoyada por el Instituto Humboldt, WCS Colombia y Parques Nacionales de Colombia. El objetivo es recuperar los páramos bajo algún tipo de amenaza no solo en Colombia sino en Ecuador y Perú.

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En el país están contemplados Santurbán, Las Hermosas, Rabanal y una porción del páramo en el Parque Nacional Natural Los Nevados, un área protegida ubicada entre Quindío, Tolima, Caldas y Risaralda. Allí, los resultados del programa ya son alentadores.

“El proceso ha sido muy ordenado, original y con resultados aplicables para muchas otras regiones del país”, cuenta Érika Nadachovsky, bióloga de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder) y profesional de la Subdirección de Gestión Ambiental Territorial.

En conversación con la WCS Colombia, esta bióloga, quien participó en el proceso de restauración, contó que la reforestación del páramo se enfocó en 258 hectáreas que están conectadas con la laguna del Otún y benefician diversos cuerpos de agua. La zona, ubicada cerca a la laguna del Mosquito en la vereda El Bosque, ha sido fuertemente golpeada por la ganadería pues las vacas comen la vegetación, aumentan la cantidad de especies invasoras y compactan el suelo. 

En el parque Los Nevados sembraron 9.000 plantas entre las cuales había frailejones, arbustos y herbazales. Un 90 por ciento de estas sobrevivieron al proceso de siembra.

Lo más interesante es que este proceso puede replicarse en cualquier páramo de Colombia. Si bien la idea es que permanezcan intactos, es afortunada la posibilidad de saber que se puede recuperar parte del territorio afectado según sea el caso. 

Lo importante, según explica Nadachovsky es imitar el proceso de producción y monitorear las plantas. Además, es importante evaluar cada caso pues no es lo mismo un suelo degradado por ganadería que uno por agricultura, ya que podrían variar factores como  la compactación del suelo, la humedad o la altura.

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Este proceso, sin embargo, tenía un factor de riesgo importante porque en la zona aún permanecen 14 de las 60 familias que inicialmente habitaban el área. Muchos vendieron sus fincas cuando declararon al lugar un Parque Nacional Natural, y el resto se quedaron con unas 2.000 hectáreas, gran parte afectadas por la ganadería. 

Por tal motivo tuvieron que llegar a acuerdos con los habitantes para no solo generar conciencia sobre la importancia del páramo, sino para establecer límites con el fin de que el ganado no llegue a las zonas de restauración. Diferente al proceso de restauración en 2006 de hectáreas quemadas en la laguna del Otún, en donde solo se resolvieron los estragos que causaron las llamas pero no hubo un trabajo con la comunidad presente en el territorio.

Según explicó la bióloga, este paso es fundamental para que la recuperación del páramo sea sostenible a largo plazo. “La idea es que poco a poco bajen el número de cabezas de ganado (...). Algunas familias ya se han comprometido a controlar el ganado para que pastoree en sitios específicos, lejos de la restauración que logramos y de esas 5.000 hectáreas que a veces los animales invaden y que son de propiedad estatal”, explica.

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Agrega que una forma de vincularlos es que presten servicios ambientales para cuidar el entorno a cambio de tener ganado y que por ello reciban un ingreso. Asimismo, la regulación del ganado por medio del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) podría ayudar a garantizar que las reses tengan que cumplir ciertos requisitos para poder venderse.

La Universidad Tecnológica de Pereira también ha incentivado a los habitantes de este lugar a promover el ecoturismo en esta zona como guías.