Medellín es una ciudad llena de lugares de memoria: sitios que precisamente se hicieron populares por sus habitantes, quienes los erigieron como espacios de recuerdo y nostalgia. Estos han sido protagonistas en las historias que se cuentan de la ciudad.
Uno de ellos, ubicado en el centro de la ciudad, es la unidad residencial Marco Fidel Suárez o, como es comúnmente conocida desde su construcción, las Torres de Bomboná (tal vez llamada así en honor a la primera de las tres torres edificadas: la torre Bomboná). Hace poco más de 40 años, cuando se presentó el proyecto, la idea era construir un lugar de vivienda popular. Sin embargo, su función se decantó a la de una unidad residencial en pleno corazón de la ciudad.
Las vías Pichincha, Girardot, Bomboná y Pascasio Uribe, cuatro de las más congestionadas del centro, rodean la Unidad. Es por ello que el sonido de los carros azotando el asfalto es tan común en el ambiente. Su plazoleta central es un espacio ideal para pasar la tarde sentado en las bancas, a la sombra de los arbustos o en los bordes de las jardineras. Sus cafés, bares, restaurantes e incluso corredores guardan millones de historias de las generaciones que por allí han pasado, quizá por su diseño: uno que permite la circulación de transeúntes.
Su ubicación estratégica, cerca de varios teatros (e incluso albergando uno, el Ateneo Porfirio Barba Jacob), hace que este lugar sea un espacio de convergencia para la cultura. Sin embargo, por muchos años esta zona ha sido estigmatizada como un espacio peligroso, olvidado y descuidado: un lugar por el que hay que transitar con precaución.
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La encuesta de Medellín Cómo Vamos del 2017 sobre la percepción de seguridad corrobora esa idea. Allí se muestra que el centro es el lugar donde se registraron más hurtos. Y aunque el barrio Bomboná, donde se ubican las Torres, no figura en este registro, por tratarse de un lugar del centro, el estigma también ha recaído sobre él. Esto ha llevado a que la idea inicial que se tenía con la unidad residencial, de llevar a la gente a vivir y habitar el centro, se haya opacado y haya urgido la necesidad de desarrollar proyectos para que las personas que transiten por el lugar lo hagan con mayor frecuencia.
La idea, entre otras, ha sido que las Torres recuperen su condición de lugar de paso, donde exista la necesidad de relacionarse con el otro. El problema de la no relación ha radicado en que las personas forman la memoria colectiva del lugar habitado, y que son precisamente ellos los que le dan la importancia e identidad a un lugar. Sin sus habitantes un espacio se convierte en un mero objeto, como lo explicó Juan Alejandro López Carmona, en la conferencia que impartió en la Fiesta del Libro y la Cultura.
López Carmona es el investigador principal del proyecto ‘Imágenes, encuentro y memoria’ de la Fundación Universitaria Bellas Artes, un proyecto que busca enmendar el tema de olvido que se viene presentando y, de este modo, ayudar a reforzar la necesidad de recordar.
Las Torres de Bomboná quedan a una calle de la Fundación Universitaria. Por ello y por considerarlo “un espacio de gran cantidad de significados para todos los habitantes de la ciudad”, López Carmona decidió tomar como eje central de su investigación a la unidad residencial de adentro hacia afuera; es decir, desde la intimidad del hogar en los apartamentos como en el espacio colectivo que genera la plazoleta, el teatro, los cafés y los otros locales comerciales del lugar.
El proyecto, finalizado en 2017, partió de la pregunta por quiénes son sus vecinos y cuál es la relación en términos de memoria e identificación que guardan con el espacio que habitan. Como resultado se logró desarrollar una serie de registros fotográficos, dos exposiciones y un sitio web que perseguían el objetivo de guardar esa memoria colectiva que tanto se necesita el centro de la ciudad.
“Para nosotros ha sido un trabajo enriquecedor, porque reconocimos cómo empezar a conservar esas memorias relacionadas con los vecinos que, de una u otra forma, han sido tan relevantes en el desarrollo o en la historia de nuestra ciudad”, dijo López Carmona.
En el sitio web se pueden visualizar videos cortos e imágenes que narran la historia de personajes como Horacio Gil contando la historia de La mujer del abrigo rojo —una de sus fotografías favoritas—, o de Inés Restrepo, hablando sobre la bomba de la Javiera Londoño, entre muchas otras donde se logra evidenciar precisamente esa memoria que guardan y donde se demuestra de manera directa o indirecta, esa relación simbólica que tienen con los lugares.
“Esto es un ejercicio rescate, de encontrar el tiempo contra el desarrollo, contra la renovación urbana, que es necesaria, pero que a veces desconoce todas las vivencias personales o todos los elementos que generan identidad y que hacen parte del espíritu de un lugar”, concluyó.
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*Estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia. El cubrimiento de ‘El café de la memoria‘ es posible gracias a una alianza entre ARCADIA y la Universidad.
