HISTÓRICO

La ‘máquina’ alemana le propina la más humillante derrota de su historia a Brasil

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete. Sí, siete goles le hizo el equipo germano a ‘La Canarinha’ ante su propio público y en el partido del Mundial que nadie olvidará., Artículo

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Andrés Osorio
7 de julio de 2014 a las 7:00 p. m.
Impotencia y resignación mostraron los jugadores brasileños.
Impotencia y resignación mostraron los jugadores brasileños. Foto: AP

Dicen que la guerra es el motor de la historia, sin embargo, lo que pasó este martes en el Mineirao confirma que desde el siglo XX, el fútbol es el verdadero motor. Y es que desde el ‘Maracanazo’ del Mundial del 50, ningún brasilero imaginó volver a estar tan cerca de una humillación de tales dimensiones. Hoy, la historia la hizo Alemania.

En la previa, Brasil parecía favorito. Su fútbol no lo respaldaba, sin embargo, el apoyo de su gente hasta el momento fue más que suficiente. El himno brasilero sonó, como ya están todos acostumbrados durante este Mundial, al unísono. La imagen era conmovedora, pero no más que la que se vio después del pitazo final.

Primero golpeó Müller, después Klose, Kroos puso el tercero y el cuarto, Khedira el quinto; Shürrle el sexto y el séptimo. Así vinieron, uno tras otro. Fueron noventa minutos magistrales de Alemania, como una obra de Wagner. Para Brasil fue una agonía, ni la canción más triste de Vinicius de Moraes fue tan conmovedora.

Más allá de las implicaciones políticas de esta derrota, lo de este 8 de julio quedará marcado en el corazón partido de los brasileros. El destino equilibró las cargas. Pareciera que los cinco títulos de Brasil tuvieran que ser contrarrestados con humillaciones mayúsculas como el ‘Maracanazo’ y este ‘Mineirazo’.

Óscar, a los noventa, puso el único gol de Brasil en el marcador. El juez mexicano Marco Rodríguez decretó el final, y con él, el final del mito de la "verde amarella", el final de las ilusiones de todo un país; pero sobre todo, la consagración de Alemania como una potencia futbolística. Más allá del resultado de la final, los de Löw dieron cátedra de fútbol en el Mineirao.

Adiós a Brasil, adiós al mito, adiós 'Maracanazo', bienvendio el 'Mineirazo'.