Un juzgado del estado de Tabasco, en el sur de México, ordenó recientemente el pago de una pensión alimentaria para Lucas, un perro de raza Husky de tres años, tras el divorcio de sus dueños.

En la decisión del tribunal se estableció que uno de los exesposos deberá pagar una suma mensual para la manutención del animal a quien quedó como su tutor.

La suma asciende a 700 pesos mexicanos mensuales (40 dólares mensuales). Además, deberá cubrir la mitad de sus gastos veterinarios.

Blanca, la tutora de Lucas, afirmó que decidió demandar por los importantes costos que requiere su cuidado. De igual manera, señaló que, al momento de adquirir al animal, con su expareja habían acordado que se repartirían los gastos, de acuerdo con información del medio El Financiero.

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“Lo primordial era defender a mi perro y ver por su bienestar”, subrayó.

El proceso legal tuvo una duración de casi un año, según señaló la abogada de la tutora del animal, Bellanila Hernández

“Fue un proceso que duró 10 meses en darnos la pensión alimenticia y guarda y custodia para la mascota de manera provisional”, dijo al periódico mexicano El Universal.

Así mismo, defendió la necesidad de la cuota para el perro.

“Los perros y los gatos son denominados seres sintientes, los cuales tienen también derechos que están respaldados bajo nuestra Constitución (…) Los animalitos merecen y necesitan una pensión alimenticia” sostuvo al mismo medio.

La suma asciende a 40 dólares mensuales. Foto: Getty Images/Design Pics RF

Perros y gatos pueden ser testigos simbólicos de las bodas civiles en este país latinoamericano

Cuando Diana y Andrés decidieron casarse, eligieron un testigo peculiar para la ceremonia civil: Luna, una perra pequinés que estampó su huella en el acta de matrimonio, una práctica impulsada por el Registro Civil de Ecuador.

Con la regulación del matrimonio “pet friendly” Ecuador se adelantó a la mayoría de países de Latinoamérica, en los que solo se aceptan testigos humanos. En Argentina y México se han registrado casos excepcionales por decisiones puntuales de las autoridades.

Aunque la huella de las patas no tiene validez legal, sí posee un valor sentimental para las más de 50 parejas que desde mayo han acudido con sus perros y gatos a las agencias del Registro Civil a nivel nacional.

“Que ella (Luna) esté aquí es realmente espectacular”, explica Diana Tupiza a la AFP tras la ceremonia oficiada en Quito.

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Esta ingeniera en telecomunicaciones de 38 años indica que la idea de llevar a Luna como testigo fue de su esposo, Andrés Alquinga.

La química entre él y Luna es evidente. La pequinés color crema, ataviada con un vestido de tul rosa para la ocasión, lame su cara y en sus brazos posa encantada para las fotos.

Los animales “tal vez no están ahí para hablarnos, darnos un consejo, pero sí están para darnos todo el amor que ellos tienen”, señala Alquinga, un programador de 31 años.

Con información de AFP

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