La historia de Leandro es la de miles de animales invisibles en Colombia, pero también la de la resiliencia y la gratitud. A sus 14 años, este perro, que vivió gran parte de su vida en condición de abandono en Usme, hoy tiene un único anhelo: encontrar un hogar donde pueda pasar sus últimos años rodeado de cuidado y tranquilidad.
Tras ser rescatado el 30 de enero de 2023, Leandro fue trasladado a la Fundación Colitas Felices, ubicada en Chocontá, Cundinamarca. Allí comenzó un proceso de recuperación que le permitió dejar atrás, en parte, las secuelas de una vida marcada por la intemperie, el hambre y la indiferencia.
Aunque su estado es estable, por su edad requiere cuidados especiales y una familia que entienda las necesidades de un perro viejo.
Desde la fundación lo describen como un animal de temperamento tranquilo, de baja energía y muy noble. “Vivió toda su vida en la calle, pero aquí ha aprendido a confiar. Solo necesita una oportunidad para sentir lo que es tener un hogar”, señalan.
Su caso refleja una problemática recurrente: los perros mayores son los menos adoptados, pese a que suelen ser más calmados y agradecidos.
Actualmente, el refugio alberga a cerca de 90 perros rescatados, muchos de ellos en condiciones vulnerables. Por eso, además de la adopción, la organización también promueve el apadrinamiento como una forma de apoyo.
En medio de este panorama, otra historia dentro del mismo refugio evidencia lo complejo que puede ser el camino incluso después del rescate.
Se trata de Vela, una perrita de aproximadamente cuatro años que ha sobrevivido desde sus primeros días a condiciones extremas. Nació en cuevas subterráneas infestadas de ratas en el sector de Ciudad Verde, en Soacha, y fue rescatada cuando aún era una cachorra.
Desde su llegada al refugio en julio de 2021, Vela ha permanecido bajo cuidado constante y ha logrado superar enfermedades como el parvovirus y el moquillo sin secuelas.
Es descrita como una perrita de tamaño grande, alta energía y pelaje barcino. Sin embargo, su historia tiene un giro doloroso: ya había sido adoptada, pero dos meses después fue devuelta.
“Una vez la devolvieron y no entiende por qué. Vela es una perrita maravillosa, sobrevivió a lo peor, encontró un hogar y a los dos meses la devolvieron. Hoy sigue esperando una familia real que no la abandone”, expresó uno de los voceros de la fundación a través de sus redes sociales.
Ambos casos reflejan la realidad persistente del abandono y de la poca empatía con estos peluditos. Muchos animales enfrentan rechazos posteriores o largos periodos en refugios debido a prejuicios, edad o falta de compromiso por parte de adoptantes.
Hoy, Leandro y Vela siguen esperando. Sus historias no tiene giros dramáticos ni finales garantizados, pero sí una oportunidad abierta para que alguien este dispuesto a darles, por primera vez, un hogar definitivo.