En la clínica Las Américas Auna, en Medellín, implementaron un programa de intervenciones asistidas por un perro que consiste en permitir el ingreso de una mascota en zonas críticas para brindar soporte emocional a los pacientes.
No se trata de que puedan entrar todos los perros, solamente una: Padme.
Una perrita rescatada que, tras ser rehabilitada y someterse a un riguroso entrenamiento en comportamiento sereno y control de bioseguridad, ahora recorre las salas hospitalarias como recurso terapéutico complementario.
Allí, algunos de los pacientes que tienen los más difíciles dictámenes médicos reciben la visita de la mascota y esto ya ha sido medido por los estudiosos del centro médico.
Así reaccionaron los pacientes
De acuerdo con el reporte del equipo médico y los fundamentos de la medicina integrativa, la interacción de los pacientes con Padme no solo ofrece contención afectiva, sino que desencadena respuestas biológicas concretas:
- Segregación de neurotransmisores: El contacto físico y la observación del animal estimulan la producción de oxitocina y serotonina, sustancias clave en la regulación del estado de ánimo y la sensación de bienestar.
- Reducción del cortisol: Disminuye de forma considerable la hormona del estrés, un factor crítico en entornos de UCI donde la presencia de equipos invasivos, luces constantes y alarmas de monitores cardíacos incrementan la ansiedad.
- Estabilidad hemodinámica: Al ofrecer una distracción positiva, la contención canina contribuye a modular la frecuencia cardíaca y la percepción del dolor durante la estancia hospitalaria.
El programa exige el cumplimiento de estrictos controles de higiene, desinfección y bioseguridad para evitar riesgos epidemiológicos en zonas de aislamiento.
La historia de Padme destaca cómo el rescate y la adopción animal, sumados a la formación técnica adecuada, pueden convertirse en un multiplicador de impacto social en el ámbito de la salud pública regional.