Todos los años millones de personas alrededor del mundo esperan con entusiasmo la llegada del Año Nuevo y para ello preparan diversos rituales y cábalas con la esperanza de que el período que inicia traiga cosas muy positivas y buenas energías en beneficio propio y de las familias.
Son diversas las tradiciones y en cada país las costumbres son diferentes o se realizan de distinta forma. En la larga lista de opciones está meterse debajo de la mesa, salir a la calle y darle la vuelta a la manzana con una maleta de viaje, encender una vela para hacer algunas peticiones o deseos o simplemente vestir prendas de color amarillo o rojo.
Sin embargo, uno de los rituales más tradicionales y que se realiza en muchas partes del mundo es comer 12 uvas a la media noche, pidiendo un deseo con la ingesta de cada una.
Aunque es un acto que se realiza casi de forma automática, pocos conocen el verdadero significado de esta tradición acerca de la cual hay varias hipótesis.
Símbolo de abundancia
Lo primero que se debe decir es que las uvas normalmente se relacionan con la abundancia y la fortuna. Según el escritor estadounidense Jeff Koehler, la práctica de comer esta fruta para el Año Nuevo tomó fuerza en 1909, cuando los agricultores de Alicante, en España, tuvieron una gran cosecha y decidieron empezar a repartir uvas como símbolo de buenos deseos para el año siguiente.
Esta decisión fue interpretada como un acto para atraer la buena suerte, tradición que se mantiene vigente y que se ha extendido a diversos lugares del mundo. En los países de Latinoamérica es un ritual muy popular.
Sin embargo, según el Diario AS, la tradición de dar la bienvenida al año con 12 uvas no es tan clara. Refiere al historiador Israel Viana, quien recoge algunas teorías y testimonios de la celebración de Nochevieja con la fruta a finales del siglo XIX.
Estas tesis apuntan a que a veces eran tres uvas y en otras ocasiones 12. Se decía que era una tradición de los aristócratas que brindaban con champagne y, en teoría, habían importado esta práctica desde Francia o Alemania.
Pero independiente de cuál es la procedencia real, lo cierto es que sí es una de las cábalas más tradicionales y consiste en comer doce uvas al ritmo de las campanadas que marcan la medianoche del 31 de diciembre, un acto que, según la creencia popular, atrae la buena suerte y la prosperidad para los 12 meses del año que inicia.
Este es un ritual que se mantiene con el paso de los años por su fuerte carga simbólica, pues cada uva se asocia con un deseo y con las expectativas de grandes cosas para el futuro cercano.