En momentos de preocupación o de necesidad, muchas personas acuden a su fe para reflexionar y buscar soluciones a sus dificultades. Y es en esta clase de momentos cuando hay aquellos que deciden orar para tener una conexión más cercana con el ser supremo.
Los más creyentes oran a la Virgen María para que ella interceda por ellos antes Dios. De esta manera, buscan que ellos les puedan ayudar con sus problemas.
Pero además de eso, también son muchas las personas que acuden a la oración y a la fe para pedir protección ya sea para ellos mismos o para sus seres más queridos.
Para quienes salen a sus trabajos cuando el sol no ha salido o para aquellos que llegan muy tarde de sus empleos. Para quienes están pasando por un delicado problema de salud o quienes emprenderán un viaje solos. Para todos ellos existe una oración especial de la Virgen María, en donde se le puede pedir por protección.
Al momento de hacerla solamente necesitará cerrar sus ojos y pensar con todo el positivismo que todas sus peticiones se harán realidad:
Oración a la Virgen María para pedir protección
“¡Ven Virgen pura y bendita! ¡Ven, Virgen María, madre mía! Guerrera poderosa contra Satanás y los espíritus inmundos que me desean atacar y vencer. Guerrera de oración, guerrera apoyada por la corte de ángeles celestiales, guerrera sostenida por el espíritu de Dios. Por la santísima trinidad elevada a la victoria contra el mal. ¡Ven Virgen pura y bendita! Ven y guerrea junto a mí, que me siento débil y frágil.
Apoyo mío. Virgen reina del cielo, mira que me atacan, me persiguen y me sobresaltan las cosas de este mundo. Protégeme de mí mismo, de mis tendencias al pecado, a caer por las insidias del maligno.
¡Guerrea conmigo! Poderosa, inmaculada, pura y bendita. Colócate en cada esquina de mi casa, de mi trabajo, de mis lugares de estudio o descanso, donde me encuentre, protégeme, sé tú mi fuerte, mi muralla y refugio. Vela por mi alma y mi cuerpo, acúname y rodéame con tu Santo Rosario poderoso y vencedor.
Guerrea a mi lado por los que desean hacerme daño, que tu pecho virginal sea mi escudo, tus manos fuentes de agua pura detengan a mis enemigos, tus ojos luces poderosas los alejen, tus palabras amorosas paralicen cualquier obra maléfica contra mi y mi familia. Tu corazón inmaculado me sostenga, tus pies benditos derroten al enemigo que me acecha.
Por el día, por la tarde y por la noche, seas tú, María mi guerrera, mi protección. Alza tu poderoso manto, madre mía, y envuélveme en él. Que ahí estoy en el centro del sí. En el centro de la encarnación, en tu corazón inmaculado.
Ahí no tendré miedo, reina del cielo, desde ahí envuelto me llevas a las manos de Jesús. Confío en que haz escuchado mis plegarias, gran intercesora, quédate conmigo guerrera de mi alma, quédate conmigo hasta que Dios me llame y acompáñame en ese trance, de tu mano no me sueltes y sonriendo me deleites.
Madre aquí, madre allá, madre infinita del verbo encarnado, que nunca me aparte de tu lado, siempre de tu mano sostenido, siempre de tu mano protegido. Madre amada de mi alma, te venero, velo purísimo del cielo. Virgen gloriosa y bendita, anhelo de los mortales, amorosa guerrera mía. Amén.”