Manuela Ocampo, Ocasos y Albas

Recién lanzado, este álbum reúne ocho canciones trabajadas durante un proceso de varios años, con laboratorios de escucha, conciertos en vivo y una construcción paralela de su universo sonoro y visual. El proyecto fue pensado como una obra completa, con una narrativa interna que conecta temas como los ciclos, la transición entre luz y oscuridad, el duelo, el renacer y la espiritualidad.

'Ocasos y Albas' fue pensado como una obra completa, un universo... Foto: Tomasa Congote

*El vinilo de ‘Ocasos y Albas’ es producido por Polen Records. El trabajo también está disponible en Bandcamp.

“Mi formación musical está muy ligada a mi propia intuición y a mis formas como de canalizar de alguna manera los mensajes que están por ahí o las formas en las que yo entiendo la vida”, dice Ocampo. Para ella, la música ha sido, ante todo, un proceso de exploración personal, en el que la guitarra funciona como una herramienta de juego y descubrimiento más que como un ejercicio técnico cerrado. 

Hija del muy recordado Teto Ocampo, Manuela creció en una familia de músicos y artistas, en un entorno donde escuchó desde muy niña músicas tradicionales de distintas partes del mundo, como Irlanda, India, Bulgaria y Siberia, entre muchos otros países, además de músicas indígenas colombianas y referentes del pop, el blues y el rock en inglés. Esa mezcla de influencias le dio una base amplia para crear y la llevó a entender la música como una escuela en sí misma, aprendida también a partir de sus propias limitaciones técnicas y de muchas conversaciones con otros músicos.

Manuela Ocampo desarrolló el diseño gráfico del vinilo y la etapa visual con Laia Motta y Briela Ojeda. Foto: Tomasa Congote

Ocasos y Albas es además una producción colectiva, de un grupo de personas en alta sintonía. En su hechura participaron el colectivo Mamífera, con quienes Manuela trabajó el hilo conductor entre letras y temas; Laia Motta y Briela Ojeda, en el desarrollo del diseño gráfico del vinilo y la etapa visual; y Ambira Media apoyó la gestión del proyecto. El álbum también contó con aportes del ícono, Richard Blair (Sidestepper, Carlos Vives, Chocquibtown, La 33, etc.), bajo un esquema de grabación en bloque y encuentros mensuales. Esa metodología marcó el ritmo del proyecto y le dio una construcción más pausada y cuidadosa.

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Natalia Valencia Zuluaga, Música de las grietas

La música de Natalia Valencia Zuluaga se pregunta, explora y se encuentra en lo simple: en el sonido que se confunde con el silencio; en la sutilidad de los tiempos lentos, y en una búsqueda del encuentro en ensambles que escapan a los cánones. La compositora grabó Música de las grietas en 2024, y el trabajo se suma a la serie Retratos de un/a compositor/a del Banco de la República.

El disco se refiere al acto de recuperar una memoria arrebatada por la violencia; a encontrar la luz que atraviesa los fragmentos de algo que se rompió; “a mirar esa línea que separa dos cosas que están a punto de encontrarse”.

Entre las obras de Música de las grietas está Palimpsesto, dedicada a las víctimas y sobrevivientes de la Unión Patriótica.

Entre las obras de Música de las grietas está Palimpsesto. Esta la dedica a su padre, Pedro Luis Valencia Giraldo, asesinado en 1987 en medio del exterminio de los miembros de la Unión Patriótica y la lanza al mundo como homenaje a las víctimas, sobrevivientes y familiares de la Unión Patriótica.

Natalia Valencia Zuluaga nació en Medellín, Colombia, en 1976. Es magíster en composición de la Universidad EAFIT (Medellín, Colombia) y fue la primera mujer graduada de la carrera de composición en Antioquia. Actualmente divide su tiempo entre la maternidad, la composición y la banda Estados Alterados, a la cual pertenece desde hace más de diez años.

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Para el músico Jaime Ramírez (docente universitario y contrabajista de la Orquesta Nueva Filarmonía), “la obra de Valencia Zuluaga se despliega como un estudio de la percepción del objeto estético a través de la contemplación sonora. Esta contemplación lleva a la audiencia a reconocer el fluir de la vida misma en un desenvolvimiento orgánico del sonido a través de los espacios que recorre musicalmente. La propuesta musical de Valencia conduce al oyente hacia un estado de meditación plenamente activo en la medida que los sonidos cobran vida en su relación con el espacio. Cada una de las obras de este disco es una invitación a reconocer la vida que fluye por los espacios que resuenan musicalmente para abrazar al oyente”.

La obra de Natalia Valencia es una oda a la contemplación, las sutilidades tímbricas y una celebración del encuentro entre el sonido y el silencio, además de una traducción musical de la memoria colectiva y la historia reciente de Colombia. Foto: ℗ Banco de la República de Colombia

*El trabajo ya está disponible en diversas plataformas digitales.