“El sector del plástico es un éxito exportador de Colombia, que no se conoce mucho, pero deberíamos sentirnos orgullosos. Vende cerca de 2.000 millones de dólares al año, muy cerca de sectores, como las flores”, afirma Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos.
De acuerdo con sus cálculos, en 2024 las exportaciones del sector crecieron por encima de 10%, tanto en materiales plásticos como en productos plásticos. Y ese año, las ventas a Estados Unidos aumentaron 30%. “El año pasado productos plásticos creció al 7% y materias primas lo hizo al 3% en sus exportaciones, y en lo corrido de este año, el sector ha tenido un crecimiento cercano al 5%”, dijo el dirigente gremial, al destacar en el hemisferio destinos como Estados Unidos y Brasil.
Subraya que, en muchos países del mundo, pero en especial en América, se han establecido medidas de protección arancelaria sobre las importaciones de Asia, específicamente. “Dado que Colombia tiene acuerdos de libre comercio con países que han tomado esas medidas, podemos sustituir esas importaciones por productos fabricados en Colombia. Eso lo estamos viendo, por ejemplo, en Brasil: hoy en día el 60% de las materias primas que se fabrican en Colombia se exportan a ese mercado y hemos llegado a exportar mil millones de dólares en materias primas”.
Allí, para él sobresale la tendencia del nearshoring y el friendshoring, que puede potenciar la industria y el sector productivo en el país.
Sin embargo, hoy, los exportadores están pasando por una situación de apremio, ante la fortaleza del peso y la caída en el precio del dólar, con sectores, por ejemplo, de la agroindustria que en el último mes han operado a pérdida.
“Obviamente, la tasa de cambio para un sector transable como el nuestro afecta porque las condiciones de competitividad hacia afuera se pierden un poco con la tasa de cambio y, a su vez, el producto importado entra más barato”, advierte Mitchell.
Pero en medio de las dificultades, ve oportunidades. “También diría que es una buena ocasión para actualizar los equipos, para invertir en maquinaria, que es justamente lo que estamos haciendo acá en la feria ColombiaPlast, que se está desarrollando esta semana en Corferias”.
Mitchell afirma que la industria que representa está un poco más cubierta que otros sectores. “Si uno mira las flores, pues los costos son la nómina y hacia afuera sus ingresos dependen de la tasa de cambio. En el caso del sector del plástico, la materia prima plástica en su mayoría es importada y, si no es importada, es fabricada localmente, pero con insumos petroquímicos importados. Y la materia prima en el sector transformador del plástico pesa entre el 55% y el 70%, dependiendo del tipo de producto. Eso significa que la tasa de cambio no lo afecta tanto, pues, mientras se exporta en ciertas condiciones, la materia prima, a su vez, también está más barata, en pesos colombianos”.
Aunque afirma que en 3.800 pesos el precio del dólar sería una tasa de equilibrio para su sector, resalta que lo más importante es la estabilidad de la divisa. “Lo más duro de manejar es cuando sube, baja, se mueve y es muy volátil”.
Para Mitchell, lo relevante es aprovechar cada momento, “y este es un buen momento para hacer modernización de equipos y de las plantas”, en un sector que tiene diferentes tipos de procesos de transformación de plástico y de tecnologías.
En ese sentido, destacó la modernización de la transformación digital, aplicable a la manufactura, e incorporar en sus procesos conceptos como internet de las cosas, reducir consumo energético, disminuir el desperdicio y la cantidad de productos defectuosos.
Y también los desarrollos en materia de sostenibilidad, para hacer procesos productivos más eficientes, una menor huella de carbono, naturalmente, y afrontar el reto de la economía circular. “Eso implica inversiones como las que se han venido dando en los últimos años”, que, por ejemplo, en ampliar capacidad para el reciclaje puede haber sumado alrededor de 150 millones de dólares, con una capacidad instalada adicional de unas 100.000 toneladas, que lleva a una cifra de entre 450.000 y 500.000 toneladas de capacidad para el reciclaje.
Recalca las posibilidades que tiene Colombia de exportar o de aumentar sus ventas al exterior a Estados Unidos, México y Centroamérica, oportunidades que califica como “muy grandes” en todo tipo de productos: películas, sacos para empaques, productos para la construcción, tubería para instalaciones eléctricas, construcción, perfiles, entre otros; preformas, botellas, tapas, artículos de mesa, cocina, empaques flexibles, y hasta autopartes, motopartes y, eventualmente, también partes de aviones, de electrodomésticos y de aparatos eléctricos.
Un capítulo aparte lo plantea en plásticos para la salud. “Creo que hay un potencial muy grande, aunque no somos demasiado fuertes en eso, pero hay un camino para producir dispositivos médicos y empaques para productos farmacéuticos, entre otros”.
Precisamente, frente a las posibilidades de desarrollo, ve una gran oportunidad en la reconstrucción, tras el terremoto del 10 de agosto. “En la atención de la emergencia estuvimos muy activos, en carpas, colchonetas, sacos para recoger escombros y demás. Ahora, ya en la fase de reconstrucción, están los materiales plásticos para la construcción, tubería, perfiles, tejas, tanques, contenedores, pisos, cielos rasos, telas para muebles, entre otros. Hay mucho elemento plástico en la construcción, pero también hemos venido promoviendo los módulos constructivos a partir de plástico, que pueden ser de PVC o, incluso, a partir de aglomerados con base en materiales reciclados”.
En medio de este escenario, reconoce en la energía uno de los mayores desafíos. Aunque en la estructura de costos de una empresa de plástico la materia prima es lo que más pesa, la energía es una de las prioridades y, en este momento, presenta incertidumbre, ad portas del fenómeno de El Niño y la falta de disponibilidad de gas, frente a unos precios que hacen de este servicio uno de los más costosos de la región.
Mitchell también subraya la sostenibilidad, con circularidad, reciclaje y gestión de residuos, como uno de los retos más importantes de la industria, al igual que la productividad dentro de las plantas, con una mayor transformación digital.
En el capítulo de regulación, Mitchell explica que en el caso de plásticos de un solo uso hay varias categorías: una son los productos que se deben sustituir por alternativas sostenibles. Ahí están las bolsas y los pitillos, cuya medida entró en vigencia en 2024, y a partir de 2030, entran en vigencia las vajillas, como los desechables y los cubiertos, entre otros. “En el caso de las bolsas y los pitillos, ya se debieron haber eliminado y sustituido por alternativas biodegradables, alternativas recicladas, alternativas reutilizables, y los otros productos entran en vigencia a partir de 2030”.
Añade que esa misma ley tiene otro elemento que es el de economía circular, a través de unas metas específicas de reciclaje o de contenido de material reciclado en diferentes tipos de empaques y envases. Sin embargo, ha sido complejo.
“La verdad ha sido difícil porque el Ministerio de Ambiente se ha demorado en las reglamentaciones, entonces no hay claridad sobre algunas de estas alternativas sostenibles, cómo operan en el mercado y cuáles son las tecnologías que sí se permiten. “En general, la industria se ha movido hacia lo que está permitido comercializar en el mercado, que es lo biodegradable, lo reutilizable, lo que es fabricado por materiales reciclados, entre otros”, manifiesta Mitchell.
Y advierte que hay una meta específica que considera imposible de cumplir, con relación a los empaques flexibles, como los de pasabocas, quesos o salsas, entre otros. “La meta que nos plantean es 30% a 2030, que ni en Europa se cumple. Estamos en conversaciones para revisar esa meta, porque, pues, técnicamente y en términos de logística, si no hay otros incentivos o no hay otras tecnologías, a punta del reciclaje convencional, no es posible”, afirma Mitchell.
También está pendiente la Certificación de Economía Circular, que es la que se utiliza para que no se cause el impuesto al plástico. “Ese es un beneficio tributario, un derecho del contribuyente que quedó en la Reforma Tributaria, la Ley 2277. La reglamentación de la Certificación de Economía Circular debió haber quedado lista en junio del 23 y todavía estamos esperando”, concluye el presidente de Acoplásticos.