Después de cerca de siete décadas de ausencia, los hidroaviones comerciales comienzan a prepararse para regresar a Colombia.
La llegada a Medellín del primer avión anfibio de ALMA Air marca un nuevo capítulo para la conectividad regional, en medio de una apuesta que busca conectar destinos turísticos, zonas costeras y territorios históricamente complejos de conectar mediante infraestructura tradicional.
La aeronave, que despegó desde Florida y realizó escalas en Bahamas, Jamaica y Panamá antes de aterrizar en Colombia, recorrió aproximadamente 1.555 millas náuticas y cerca de 11 horas de vuelo, convirtiéndose en el primer hidroavión comercial que llega al país dentro de este nuevo proyecto aeronáutico.
La compañía proyecta utilizar Medellín como primera base operativa mientras avanza en su expansión hacia Cartagena durante 2026. Su propuesta consiste en desarrollar rutas anfibias orientadas principalmente hacia costas, ríos, lagos y territorios donde la conectividad aérea tradicional enfrenta mayores limitaciones. Entre los destinos inicialmente contemplados aparecen Barú, la Costa Pacífica, Guatapé, Ayapel y Mompox.
La apuesta ocurre en un contexto donde la conectividad regional continúa siendo uno de los principales desafíos logísticos del país. Muchas regiones con potencial turístico siguen enfrentando dificultades de acceso derivadas de infraestructura terrestre limitada, mayores tiempos de desplazamiento o restricciones operativas para aviación convencional.
ALMA Air aseguró que ya completó entrenamientos técnicos, revisiones de mantenimiento y estructuración operativa, aunque todavía avanza en la fase final para obtener el Certificado de Operador Aéreo (AOC), requisito indispensable para iniciar operaciones comerciales. Paralelamente, deberá coordinar permisos con autoridades como Aerocivil, DIMAR, Ministerio de Transporte y gobiernos locales.
Más allá de una nueva aeronave, la apuesta busca abrir una nueva alternativa de movilidad aérea alrededor de una característica que pocos países poseen en la misma magnitud: una geografía marcada por miles de kilómetros y territorios donde la conectividad continúa siendo uno de los principales retos económicos.