El gusto de tres amigos por el aguardiente se convirtió en una empresa que busca redefinir este licor, que es el más consumido en el país y cuya producción está concentrada en las licoreras departamentales.

Uno de ellos venía de trabajar en una multinacional de licores y con esa experiencia consideró que era posible convertir el aguardiente nacional en una bebida prémium. A punta de ensayo y error, Mauricio Gutiérrez, Daniel Osorio y Daniel Bermúdez lograron producir una bebida diferente, que es tres veces destilada y filtrada, que usa carbón activado para reducir impurezas y suavizar su sabor.

Mauricio Gutiérrez, director general y cofundador de Mil Demonios Foto: Mil Demonios

Gutiérrez, actual director de la empresa, dice que uno de los objetivos era producir un aguardiente que no quemara al consumirlo y replicar la experiencia que muchos pequeños productores han tenido en México sofisticando el tequila.

Luego vino el proceso de desarrollo de la marca; se inclinaron por Mil Demonios, un nombre inspirado en la tradición cartagenera y en la historia de un antiguo estanco clandestino que operó durante la época de la prohibición. A partir de esa narrativa, sus creadores construyeron una propuesta que combina elementos históricos con procesos modernos de producción, en un intento por conectar identidad y sofisticación.

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La meta inicial fue producir para exportar, no solo porque internamente el aguardiente es considerado una bebida económica y pocos conocen que puede ser un producto prémium, sino también por el monopolio rentístico que los departamentos tienen sobre los licores. Esta medida implicaba que las regiones tenían control sobre la producción, la introducción y la comercialización de licores de otros departamentos o importados. Sin embargo, desde 2016 fue flexibilizada y ahora se permite la libre introducción de licores, siempre que paguen impuestos y cumplan requisitos.

Los creadores de Mil Demonios, el cual producen en Santa Marta, desarrollaron una página web para vender su aguardiente y, en efecto, lograron exportar a Estados Unidos, China y Alemania, pero repensaron el negocio y se dieron cuenta de que también debían abrir un espacio para su producto en el mercado local, educando a los consumidores.

La creación y comercialización del aguardiente Mil Demonios se hace desde Bogotá, pero la fabricación ocurre en Santa Marta. Foto: Mil Demonios

Así, comenzaron a visitar bares, restaurantes y eventos realizando catas. Consiguieron que en varios locales de Bogotá el aguardiente dejara de servirse en vaso plástico o de shot y pasara a copa, al tiempo que ganaba espacio en la coctelería.

Esa apuesta les ha permitido entrar en bares especializados y ganar reconocimiento internacional, con medallas en el San Francisco World Spirits Competition. Sin embargo, más allá de los premios, el proyecto refleja una estrategia de diferenciación en un mercado dominado por marcas tradicionales.

Aguardiente Mil Demonios recibió medalla de plata en el San Francisco World Wine Spirits

En términos de negocio, la compañía reportó un crecimiento de doble dígito en 2025, aunque el inicio de 2026 ha sido más débil. La incertidumbre generada por medidas como el aumento de impuestos a los licores frenó las ventas en los primeros meses del año, evidenciando la sensibilidad del sector a cambios regulatorios.

Mientras busca consolidarse en mercados internacionales, Mil Demonios enfrenta el reto de sostener su propuesta en un entorno competitivo y de alta volatilidad, donde tradición e innovación siguen en tensión.