Con unas finanzas públicas presionadas por un déficit y una deuda crecientes, una inversión privada que pierde ritmo y una inflación que cerraría 2026 en poco más del doble de la meta del Banco de la República, el próximo presidente de Colombia recibirá una economía con desafíos que pondrán a prueba cualquier modelo de gobierno.
Durante el primer trimestre de 2026, la economía colombiana creció 2,2 %, según el DANE, impulsada por el consumo de los hogares (2,5 %) y el gasto del Gobierno (7,8 %), pero limitada por el comportamiento de sectores como la construcción (-5,4 %) y el agro (-1,4 %).
A este panorama se suma una inflación que mantiene una tendencia creciente desde comienzos de año. En mayo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicó en 5,84 % anual, mientras que el Banco de la República proyecta una inflación de 6,4 % para el cierre de 2026. En materia laboral, la tasa de desempleo se ubicó en 8,8 % en abril, sin variación frente al mismo mes de 2025, interrumpiendo la tendencia descendente observada en meses anteriores.
Las finanzas públicas representan uno de los principales retos para la próxima administración. De acuerdo con el Comité Autónomo de la Regla Fiscal, la deuda neta del Gobierno alcanzó el 58,8 % del PIB a marzo de 2026, mientras que el déficit fiscal cerró 2025 en 6,4 % del PIB, según cifras de ANIF.
Dos modelos económicos con implicaciones distintas para las empresas
El pasado 31 de mayo, Abelardo de la Espriella obtuvo 10,3 millones de votos frente a los 9,6 millones de Iván Cepeda. Al día siguiente, el peso colombiano se apreció 2,42 % y el índice Colcap registró un avance de 3,58 %. En la misma jornada, el dólar pasó de COP 3.689,50 a COP 3.554, una caída de COP 135.
Según analistas de Values AAA Banca de Inversión, una eventual victoria de De la Espriella podría ubicar la tasa de cambio entre COP 3.000 y COP 3.300 en el corto plazo, mientras que una victoria de Cepeda la llevaría a un rango entre COP 3.700 y COP 4.000.
Para el sector empresarial, ambos modelos plantean consecuencias distintas en materia tributaria, inversión, acceso al crédito y confianza.
Con base en los programas económicos presentados hasta ahora, De la Espriella propone reducir la carga tributaria sobre las empresas, simplificar la estructura impositiva, fortalecer la disciplina fiscal y promover la reactivación de sectores como hidrocarburos y energía.
Cepeda, por su parte, plantea aumentar la progresividad tributaria mediante mayores cargas a grandes patrimonios, revisar exenciones empresariales, ampliar el gasto social y acelerar la transición energética, incluyendo restricciones al fracking.
Inversión y financiamiento, dos variables clave
La trayectoria reciente de la inversión ofrece un punto de referencia para evaluar los desafíos del próximo Gobierno. La Inversión Extranjera Directa (IED) pasó de más de USD 4.100 millones en el primer trimestre de 2023 a USD 2.129 millones en el mismo periodo de 2026.
Las propuestas de De la Espriella, orientadas a ampliar las alianzas público-privadas y reducir la carga regulatoria, apuntan a revertir esta tendencia. En contraste, las iniciativas de Cepeda relacionadas con restricciones a nuevos proyectos extractivos podrían profundizarla, según diversos analistas económicos.
En materia de crédito, el panorama continúa siendo exigente independientemente del resultado electoral. Con la tasa de referencia del Banco de la República en 11,25 % y una proyección cercana al 12 % para el cierre del año, sumada a unos TES negociándose entre 13 % y 14 %, el costo del financiamiento seguirá siendo elevado para buena parte del tejido empresarial.
Algunos analistas consideran que un eventual repunte del dólar podría añadir presión adicional sobre las tasas y las condiciones de acceso al crédito.
Un desafío compartido: la liquidez empresarial
Aunque las propuestas económicas de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella presentan diferencias relevantes en materia fiscal, tributaria y de inversión, existe una variable que probablemente seguirá condicionando las decisiones empresariales bajo cualquiera de los dos escenarios: la liquidez.
Para las compañías, esto significa que la gestión del flujo de caja y del capital de trabajo cobrará una importancia cada vez mayor en un entorno caracterizado por financiamiento costoso, volatilidad y una recuperación económica moderada.
“Las propuestas de los candidatos pueden generar diferencias en materia tributaria, inversión o confianza empresarial, pero hay una realidad que no cambia: las compañías necesitan liquidez para operar, crecer y responder a un entorno económico cada vez más dinámico. Cuando el crédito se encarece, las empresas empiezan a buscar mecanismos que les permitan liberar recursos sin asumir más deuda y ahí la eficiencia financiera se convierte en una ventaja competitiva”, señala Daniela Torres, country manager de KLYM by Coval
En este contexto, herramientas como el factoring han ganado espacio dentro de las estrategias de gestión financiera empresarial al permitir anticipar el pago de cuentas por cobrar y convertir activos en recursos disponibles para la operación, la inversión o el crecimiento.
“El próximo presidente podrá cambiar la política tributaria, energética o de inversión del país, pero ninguna empresa puede darse el lujo de esperar 60 o 90 días para tener caja. En los próximos años la ventaja competitiva no será únicamente vender más, sino tener la liquidez suficiente para reaccionar más rápido que el mercado. Las organizaciones que logren transformar oportunamente sus activos en recursos disponibles estarán mejor preparadas para enfrentar escenarios de volatilidad, aprovechar oportunidades de crecimiento y proteger su operación ante cualquier ciclo económico”, concluye Torres.
De cara a 2027, especialistas coinciden en que la capacidad de adaptación financiera será uno de los principales diferenciadores empresariales. Más allá de quién llegue a la Casa de Nariño, las organizaciones que fortalezcan su posición de caja, diversifiquen sus fuentes de liquidez y optimicen la gestión de su capital de trabajo estarán mejor preparadas para navegar el próximo ciclo económico.