En medio de la incertidumbre económica, las empresas buscan alternativas para responder a nuevas necesidades sin aumentar necesariamente su planta de personal. Una de estas prácticas se llama quiet hiring o “contratación silenciosa”, que consiste en cubrir nuevas funciones con trabajadores que ya hacen parte de la organización.
De acuerdo con los resultados de la Encuesta de Expectativas de Empleo de ManpowerGroup, en Colombia, durante el primer semestre de 2026, la tendencia neta de empleo fue de un 18 %. Además, un 41 % de las empresas planeaba ampliar su personal, mientras que un 33 % esperaba mantenerlo sin cambios.
En este escenario, el quiet hiring aparece como una estrategia para atender necesidades concretas sin asumir los costos asociados a los procesos tradicionales de selección y contratación.
Según Ana N. Escribá Pérez, directora del Grado en Derecho y profesora titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Internacional de Valencia (VIU): “En lugar de incorporar talento procedente del mercado laboral, la empresa opta por reasignar funciones, ampliar responsabilidades, promover la movilidad interna o desarrollar nuevas competencias entre la plantilla ya existente mediante procesos de formación y reciclaje profesional”.
La especialista explica que esta modalidad también responde a la escasez de talento en áreas como inteligencia artificial (IA), análisis de datos, automatización y ciberseguridad, donde existe una mayor demanda que oferta de profesionales.
Una de las ventajas para las compañías es que los trabajadores internos ya conocen la cultura organizacional y los procedimientos, por lo que pueden adaptarse a nuevas responsabilidades con una menor curva de aprendizaje frente a una persona recién contratada.
Sin embargo, para que este proceso sea posible, las empresas deben fortalecer la formación de sus empleados. En este punto aparecen dos conceptos: reskilling, que consiste en adquirir nuevas competencias para desempeñar funciones diferentes, y upskilling, orientado a actualizar y perfeccionar las habilidades que ya posee un trabajador para mejorar su desempeño.
“Muchas empresas consideran que resulta más rentable desarrollar nuevas competencias entre su propia plantilla que acudir de forma constante al mercado laboral”, señala Escribá.
Así, la “contratación silenciosa” puede materializarse mediante promociones, reasignaciones o capacitación interna antes de que las compañías decidan incorporar nuevo personal. La práctica refleja una forma de reorganizar los recursos existentes frente a un escenario de incertidumbre y dificultades para cubrir determinados perfiles especializados.