SEMANA: ¿Por qué cree que este es el momento para que Colombia vuelva a ser un país minero?

Juan Camilo Nariño (J. C. N.): Porque Colombia lleva décadas sin tomar esa decisión, mientras que países como Australia, Canadá, el mismo Estados Unidos o China han logrado un desarrollo industrial apalancado en los recursos naturales. Sus oportunidades de desarrollo, en parte, se dieron porque en algún momento tomaron finalmente la decisión de ser un país minero y actuar en consecuencia, sin titubeos, poniéndole la cara al viento sin ningún tipo de vergüenza, para apalancar en esta actividad nuestro desarrollo futuro. La minería ha demostrado que es un jalonador del crecimiento y de las regiones.

SEMANA: ¿Cómo quedó el sector después de estos cuatro años, partiendo de dificultades jurídicas, demoras en licenciamiento ambiental, paros mineros, ilegalidad y problemas similares?

J. C. N.: El nuevo Gobierno recibe un sector con poco dinamismo, lo cual fue generado por la incertidumbre regulatoria que se causó en estos cuatro años. El producto interno bruto (PIB) minero en cuatro años decreció 18 %. Eso no ha sucedido así en ningún otro sector económico. Las exportaciones mineras cayeron en 21 % y la inversión extranjera directa en minería, que es como el pulmón que permite el crecimiento futuro, se contrajo en 88 %.

Pese a los muchos esfuerzos que el gobierno y sus ministros hicieron para sacar al sector del ordenamiento económico del país, aquí está. Y la buena noticia es que está expectante.

Si este Gobierno rodea los proyectos, combinando el rigor técnico con celeridad para avanzar en los que están en fase final de exploración, en los ya licenciados, en los que necesitan inversiones o que están próximos a cumplir requisitos ambientales, al país pueden llegar alrededor de $ 3.600 millones de dólares en inversión minera. Nuestros cálculos indican que los territorios apartados podrían tener cifras entre $ 170 y $ 220 millones de dólares adicionales para explorar, generando así oportunidades de desarrollo. Es que no conocemos la riqueza que tenemos. El 97 % del país está sin exploración minera.

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Carbón, el rey

SEMANA: El carbón fue considerado el rey hace unas décadas y luego pasó a ser el malo del paseo. ¿Cree que ahora volvería a ser parte de ese paquete de minerales del desatraso?, ¿cuáles otros tienen oportunidad?

J. C. N.: El mundo verde y sostenible que estamos construyendo, en cumplimiento del Acuerdo de París para la reducción de emisiones, implica, por ejemplo, generar electricidad con paneles solares, con viento, con sol. Todo eso necesita nuestro cobre. Y Colombia tiene posibilidades por ese lado. Hay otros minerales estratégicos para la vida moderna y la economía, como el tungsteno, pero también lo son los carbones térmicos y metalúrgicos. La humanidad sigue dependiendo del carbón. Se consumen 8.600 millones de toneladas y cada cifra va superando la del año anterior. De ese total, China produce 4.000 millones de toneladas; la India, 1.000 millones; Australia, 400 millones; Alemania, 150 millones. Entretanto, a nosotros, si nos va bien este año, llegaríamos a 60 millones de toneladas. Aun así, esa pequeña cantidad nos han metido en una tremenda discusión, pese a que es parte de lo que estabiliza las finanzas de la inversión social en muchos territorios del país.

Exportación carbon Foto: Adobe Stock

SEMANA. Aunque hay diversos contratos de explotación de carbón, el más sonado suele ser el de Cerrejón con la multinacional Glencore ¿cuándo se acaba y cuál es la expectativa futura?.

J.C.N.: Se acaba en el 2034. La expectativa es que se le de continuidad, porque de ahí dependen casi 12.000 empleos. La decisión la tiene que tomar tanto la compañía como el Estado en los años venideros. Pero ahí hay potencial para seguir generando desarrollo en un mundo que demanda carbón y necesita el que producimos en el país, por sus calidades, su capacidad térmica y calórica, que no tiene igual en el mundo. Tengo la esperanza de que este nuevo gobierno tome finalmente la decisión -insisto- de ser un país minero. No por capricho, no por ideología, sino por las oportunidades que eso representa para millones de colombianos.

SEMANA: ¿En qué va la demanda contra el decreto que prohibió la exportación de carbón a Israel?

J.C.N.: El decreto sigue en firme. Nadie lo ha tumbado. El gobierno saliente tuvo una ambición regulatoria muy grande en contra de la minería. Fueron más de 150 normas, entre decretos, resoluciones, leyes y nuevos impuestos que afectan al sector minero colombiano y generan incertidumbre. De ahí la fuerte caída de la inversión. Para destrabar el potencial minero lo primero que se debe hacer es eliminar del ordenamiento jurídico esas regulaciones que generan incertidumbre. Así podremos -medianamente- igualar a lo que otros países están haciendo con la minería: están es legislando para acoger la inversión minera.

¿Y la transición?

SEMANA: Pero es que eso depende del mineral, porque los países desarrollados también están encaminados a transiciones energéticas con productos menos contaminantes. ¿cómo buscar el equilibrio entre lo económico y lo sostenible ambientalmente?

J.C.N.: La conversación del carbón en Colombia, en esos cuatro años que terminaron el 7 de agosto, y en el mundo, estuvo dirigida al cambio climático. En relación con que el carbón no se iba a seguir usando. Pero la única realidad es que el carbón, el mundo lo sigue necesitando y lo sigue usando.

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Viene El Niño

SEMANA: ¿Qué sectores que son claves para la economía necesitan del carbón?

J.C.N.: El carbón colombiano ha permitido que no haya apagones en los últimos 5 años en el país. Es el que le da estabilidad al sistema energético. En esta temporada va a cumplir un papel muy importante en el Fenómeno de El Niño. Es decir, afortunadamente tenemos la generación térmica con carbón, porque hoy tampoco hay gas por las políticas de este gobierno. Para cada país sus minerales son extraordinarios. El carbón es un energético asequible para muchas industrias. Por ejemplo, es estratégico para la industria del cemento, porque sino sería muy caro construir vivienda para cerrar el déficit habitacional. Si uno se aproxima a una verdadera industrialización del país, gran parte de la discusión está en los energéticos baratos, como gas, carbón y demás, ahora, con uso de nuevas tecnologías.

El mundo está invirtiendo en generación alternativa de electricidad, lo que demanda muchos minerales como el cobre (para producir paneles solares), pero simultáneamente está consumiendo más gas y más carbón. Y eso se debe a que hoy la humanidad tiene mayor demanda per cápita de energía.

Oro Foto: Getty Images

SEMANA: Una de las críticas del gobierno saliente era la de entregar recursos naturales a extranjeros. Por qué en general parece que los proyectos mineros los tienen multinacionales y no los hacemos nosotros mismos.

J.C.N.: Más del 90 por ciento de los títulos que se otorgan en el país son para mediana y pequeña minería. En el país no tenemos una minería a gran escala, no es una minería de multinacionales. Más allá de eso, es muy importante traer conocimiento e inversión de afuera, lo que llega con compañías medianas, pequeñas y grandes, tanto en exploración como en producción.

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El atractivo oro

SEMANA: Hablemos del oro, porque es un mineral que atrae, ahora más por su alto precio, pero también es generador de conflictos, promotor de ilegalidad. ¿Cómo resolver esa problemática?

J.C.N.: En realidad, cuando nos comparamos con el mundo, en Colombia no hay proyectos grandes de oro, a pesar de lo que pensamos. Esas compañías, generalmente medianas, deben ser rodeadas de seguridad para que la ilegalidad no se meta en sus predios como hoy está sucediendo en Segovia, en Buriticá o en el río Nechí.

Con el oro tenemos casos emblemáticos, como el de Cajamarca (Tolima), donde se adelantaba el proyecto La Colosa, sobre el cual, hubo un error de esas comunidades: una consulta popular que hizo que la compañía -AngloGold Ashanti- se fuera. Esas comunidades se perdieron 10 años de inversión en exploración, pero se truncó por un capricho.

Santurbán, el páramo del oro Foto: CORTESIA VANGUARDIA

SEMANA: En el caso de Santurbán, que ha sido un proyecto complejo y de mucho tiempo en proceso, ¿qué futuro tiene, luego de las últimas medidas para la protección del agua?

J.C.N.: Espero que sea un futuro próspero, que allá haya un proyecto, que, entre otras, lleve institucionalidad privada y pública a una región que hoy ,según los últimos informes, es el peor crimen ambiental. No hacemos lo legal, que tiene rigor técnico, y se mete la minería ilegal. Según el último informe de la Contraloría, entre el 75 y 80 por ciento del oro que exporta el país es ilegal. Por la indolencia del Estado nos están robando a todos los colombianos, porque esa minería no paga regalías, no hace nuevas inversiones, no emplea gente de manera adecuada.

SEMANA: Usted mencionó que la mayor parte de la minería del oro es de pequeños y medianos. ¿Qué opina de la propuesta -del gobierno saliente- de una comercializadora estatal de oro para la compra del mineral a los pequeños, a buen precio, y combatir así las mafias ilegales que estimulan la informalidad?.

J.C.N.: Yo me alejo de todo lo que genere vulnerabilidad para que se den malas prácticas estatales. Me aparto de propuestas de crear instituciones que puedan ser proclives a la corrupción.

Abelardo De La Espriella Foto: Ovidio González – Presidencia de la República

SEMANA: ¿Qué espera entonces el sector minero del nuevo gobierno?

J.C.N.: Que reordene la casa. El gobierno saliente expidió decretos inconstitucionales que pasan por encima de las corporaciones autónomas, de los gobiernos locales. Y eso que era una administración que prometió conversar más con las comunidades. Entonces, lo que esperamos es que se recupere la certidumbre que había antes, porque Colombia fue conducida al último puesto en las decisiones de inversión del mundo en materia minera.

Estamos perdiendo las oportunidades. Solo con el carbón, el niquel y el oro, el Estado puede recibir entre 4,5 y 5 billones de pesos anuales en regalías.

La exploración es una actividad económica en si misma que atrae inversión, genera conocimiento geológico, entre otras ventajas, porque el proceso, desde que se obtiene la licencia, puede demorar 14 años en promedio para hacer un proyecto minero, y de cada 100 proyectos que se exploran en el mundo, menos de uno termina convirtiéndose en una mina. Mientras tanto se tienen inversiones y empleo a esos territorios. Los recursos naturales y minerales son de todos y traen beneficios generales.

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