El diésel, que en los últimos tiempos ha estado metido en fuertes controversias, no solo porque se le considera altamente contaminante, sino por la marea social que genera cada vez que se intenta incrementar su precio para quitarle los subsidios, como ocurrió con la gasolina, podría ser el aliado energético en un eventual riesgo de apagón, de cara al fenómeno de El Niño.
En el pasado evento climático, ocurrido entre 2023 y 2024, el diésel participó en la generación energética alterna, con un aporte de entre el 2 % y el 6 %. Ahora, la cifra podría alcanzar el 9 %.
Así lo estima la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP), que, a través de su presidente, Frank Pearl, presentó el informe económico denominado “Combustibles líquidos: pilar de la seguridad energética”.
Se trata de un estudio que analiza y proyecta el escenario del sector hasta el 2031, quinquenio en el cual la prioridad tendrá que ser la de asegurar la disponibilidad energética, por lo cual los aparejos para el camino tendrán que prepararse desde ya.
Un peso que no es fácil de reemplazar
De acuerdo con lo sustentado por Pearl, “el informe evidencia que los combustibles líquidos continúan siendo un soporte fundamental para la economía y la vida cotidiana del país. En 2025, el sector representó cerca del 1,5 % del PIB; realizó inversiones por $3,1 billones; generó 248.000 empleos y aportó $9,7 billones en recaudo tributario. Para 2026, ese recaudo podría acercarse a los $10 billones, consolidando su importancia para las finanzas nacionales y territoriales”, mencionó el dirigente gremial.
La demanda creciente de combustibles líquidos presiona, pese a los mensajes de transición energética sin muchos de ellos. Tanto así que, el informe proyecta que el consumo de combustibles líquidos crecerá en promedio 1,6 % anual entre 2026 y 2031, impulsado por la movilidad terrestre, el transporte de carga, el crecimiento del tráfico aéreo y la generación térmica en escenarios climáticos críticos.
Proyecciones preocupantes
El horizonte hacia 2031, dibujado por la ACP, tiene varias proyecciones preocupantes. He aquí algunas:
Más dependencia de importaciones: Después de haber sido un país autosuficiente, Colombia ha ido incrementando las importaciones de combustibles. En ese contexto, la ACP estima que hacia el año 2031 se podría llegar a necesitar el 50 % de la gasolina corriente básica traída de fuera.
Entre tanto, se requerirá ir de compras en el exterior para conseguir el 20% del combustible de aviación (Jet A) y alrededor del 3 % del diésel.
El desafío con los subsidios: Con el desmonte de subsidios a los combustibles Colombia avanzó en la solución a un problema mayúsculo que iba agrandando un hueco en las finanzas públicas.
En 2025 se aplicó un incremento que ayudó a reducir el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles-Fepc, pero sobrevino luego el aumento de los precios internacionales, por conflictos geopolíticos, lo que ahora causa nuevas presiones al Fepc, teniendo en cuenta que el diésel sigue subsidiado.
En el informe de la ACP se puso la estadística según la cual, en el primer semestre de 2026 el país subsidió aproximadamente $1.500 por galón de gasolina y $8.000 por galón de diésel, situación que podría llevar el déficit acumulado del Fondo a cerca de $6 billones al cierre del año si las condiciones actuales se mantienen.
Lo que viene
De acuerdo con lo expresado en el documento de la AC, la agenda para la seguridad energética debe abordar varios puntos, pero en general, se requiere que apunte a la garantía de la seguridad energética.
Según Pearl, “fortalecer el abastecimiento y la confiabilidad de los combustibles líquidos permitirá proteger la movilidad, el empleo, la competitividad, las finanzas públicas y el desarrollo regional, mientras Colombia avanza hacia una matriz energética cada vez más diversificada”.