En un país donde cerca del 83 % de la población vive en zonas de amenaza sísmica intermedia y alta, según el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger), la seguridad de las viviendas se convierte en un aspecto clave al momento de comprar un inmueble.

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Expertos coinciden en que la resistencia de una edificación frente a un sismo no depende del número de pisos o de su apariencia, sino de un conjunto de factores técnicos que comienzan desde la planeación del proyecto. Entre ellos se encuentran los estudios del suelo, el diseño estructural, la calidad de los materiales, la supervisión técnica durante la construcción y el cumplimiento de la normativa vigente para edificaciones sismorresistentes.

Colombia cuenta con un Modelo Nacional de Amenaza Sísmica, desarrollado por el Servicio Geológico Colombiano, que sirve como herramienta para la planificación territorial y el diseño de infraestructura. Asimismo, la normativa NSR-10 y la Ley de Vivienda Segura establecen los requisitos técnicos que deben cumplir las construcciones para mejorar su desempeño frente a movimientos sísmicos.

Cerca del 83 % de la población nacional está ubicada en zonas de amenaza sísmica intermedia y alta, de acuerdo con información de Idiger. Foto: Getty Images/iStockphoto

Luis Guillermo Cantor, director de diseño de Cusezar, explicó que “la seguridad de una vivienda empieza mucho antes de su entrega. Comienza con el estudio del suelo, el diseño estructural, la calidad de los materiales, la supervisión técnica y la forma como se construye cada detalle. Son aspectos que muchas veces no están a simple vista, pero que son fundamentales para proteger la vida”.

El experto aclaró que una construcción sismorresistente no es indestructible, sino que está diseñada para reducir los riesgos y ofrecer un mejor comportamiento durante un terremoto, con el objetivo principal de proteger a sus ocupantes.

Antes de adquirir una vivienda, recomienda a las familias solicitar información sobre la licencia de construcción, los estudios del suelo, los diseños estructurales aprobados, la supervisión de la obra, los controles de calidad de los materiales y el cumplimiento de la reglamentación técnica vigente.

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La seguridad también depende del uso adecuado del inmueble una vez es habitado. Los especialistas aconsejan no modificar muros, columnas u otros elementos estructurales sin el acompañamiento de profesionales, además de conocer las rutas de evacuación, participar en simulacros y reportar oportunamente fisuras, asentamientos u otras señales que puedan comprometer la estabilidad de la edificación.

Según Cantor, construir y habitar una vivienda segura implica entender que el verdadero valor de un proyecto no solo está en sus acabados o diseño, sino en los estudios, procesos y controles técnicos que garantizan una mayor protección para quienes la habitan.