En la más reciente edición del UI GreenMetric World University Rankings 2026, la Universidad del Rosario alcanzó la cuarta posición en América Latina y el puesto 29 a nivel global, en una evaluación que midió el desempeño de más de 2.016 instituciones de educación superior provenientes de 110 países.
El reconocimiento respalda una trayectoria de cinco años continuos en los puestos de vanguardia de la medición, consolidando su modelo de gestión ambiental y responsabilidad institucional.
El escalafón internacional evalúa la sostenibilidad universitaria a través de indicadores clave como la gestión de residuos, el ahorro hídrico, la eficiencia energética, la movilidad limpia y la infraestructura ecológica.
Para la versión 2026, la medición internacional incorporó además una nueva categoría enfocada en la gobernanza y digitalización, evaluando la adopción de inteligencia artificial, sistemas anticorrupción, protección de datos y equidad de género.
Resultados concretos en la gestión de recursos
La figuración de la institución educativa responde a indicadores de impacto directo en la operación de sus campus. Durante la última década, la Universidad del Rosario registró una reducción cercana al 50 % en el consumo de agua por persona y alcanzó en 2025 una tasa de circularidad del 58 %. Asimismo, la universidad dispone de más de 200.000 metros cuadrados de zonas verdes estratégicamente gestionadas.
Un pilar fundamental de la estrategia ha sido la transformación de la movilidad, sector que genera más de tres cuartas partes de la huella de carbono institucional.
La institución desplegó sistemas propios de bicicletas y patinetas eléctricas, e impulsó incentivos para el uso de vehículos compartidos y eléctricos entre los miembros de la comunidad académica, logrando puntajes superiores al 90 % en las categorías de agua, residuos, gobernanza y transporte.
De la enseñanza teórica al “laboratorio vivo”
Directivos de la institución explicaron que el logro busca ir más allá de un reconocimiento figurativo, orientándose a transformar el campus en un escenario práctico de aprendizaje.
Benjamín Quesada, decano de la Escuela de Ciencias e Ingeniería, y David Díaz, director de Hábitat, coincidieron en que las universidades deben asumir una responsabilidad activa ante los impactos ambientales que generan sus instalaciones.
De cara a la hoja de ruta establecida hacia el año 2035, la institución proyecta convertir sus sedes en “laboratorios vivos”, integrando la gestión ambiental en los currículos académicos.
Las metas a mediano plazo incluyen la generación propia de energías renovables, la ampliación de zonas permeables y la aceleración de la descarbonización estructural para adaptar la infraestructura al cambio climático