La temporada de compras navideñas dispara el uso de modalidades como el ‘lleve ahora, pague después’. Sin embargo, lo que se presenta en vitrinas y tiendas virtuales como una facilidad inmediata para el bolsillo, puede convertirse en la factura más amarga para el salario de enero.
Este fenómeno, conocido globalmente como Buy Now, Pay Later (BNPL), vive una auténtica explosión. De acuerdo con estimaciones de Research and Markets, este mercado movió cerca de US$1.670 millones en Colombia en 2025 y proyecta un crecimiento superior al 25 % para alcanzar los US$2.100 millones en pagos diferidos. No obstante, detrás de su adopción hay un poderoso sesgo mental.
Según explicó a SEMANA Sofía Rincón, fundadora de Alternativa Inversiones, fraccionar las compras termina engañando al cerebro del consumidor. Por ejemplo, no genera el mismo impacto pagar $600.000 de contado por unos zapatos que diferirlos en seis pagos de $100.000; automáticamente se asume que el desembolso no golpeará las finanzas cotidianas.
“El problema es que la gente se concentra únicamente en la cuota mensual y no en lo que realmente cuesta el producto. Una cosa es que puedas pagar una cuota y otra muy diferente es que realmente puedas permitirte esa compra”, advirtió Rincón.
Diferentes análisis de economía conductual de BBVA y mediciones locales explican que este esquema anestesia el llamado “dolor de pagar”, pues desconecta la gratificación de la compra de su impacto financiero real.
En temporadas de promociones y fiestas decembrinas, los compradores se refugian en atajos cognitivos como pensar que “es solo una cuota más”, subestimando el costo total de las deudas.
A esto se suma el error de financiar compromisos que se consumen antes de pagarlos. Diferir regalos navideños, cenas familiares o ropa de fiesta crea obligaciones sobre bienes que se extinguen de inmediato. La trampa radica en que el usuario acumula microcuotas inofensivas de $50.000 o $100.000 sin llevar un registro consolidado, hasta comprometer el 30 % o más de sus ingresos del año entrante.
Además, el costo de atrasarse puede ser muy alto. Rincón enfatizó que al consumidor le inquieta el monto de la cuota, pero ignora cuánto le cuesta ‘colgarse’ un solo día.
Ante cualquier retraso, la experta recomienda tener claridad sobre tres variables: el monto total adeudado, la tasa de interés de mora aplicable y los días acumulados de atraso. Para no perder la pista, aconseja proyectar los cobros diarios en Excel.
Omitir estas cuentas sale caro: el retraso en estas plataformas no solo detona intereses que rozan la usura y gastos de cobranza, sino que afectan el historial crediticio con reportes negativos ante centrales de riesgo como Datacrédito.