Las ciudades colombianas se encuentran en un momento decisivo. El crecimiento urbano, las nuevas dinámicas de movilidad y las expectativas de ciudadanos cada vez más digitales obligan a repensar cómo se mueve el país.
Ya no se trata únicamente de ampliar infraestructura, sino de hacer más inteligente el sistema, integrando tecnología, experiencia de usuario y sostenibilidad financiera.
En este escenario, la movilidad se consolida como un asunto transversal que conecta al Gobierno, los operadores de transporte, el ecosistema financiero, las fintechs y, por supuesto, los usuarios.
Desde esta visión, iniciativas como Visa-Urban Mobility han venido acompañando a ciudades en la región y en el planeta en la adopción de modelos de pagos abiertos en más de 1.000 proyectos en el mundo y más de 100 en América Latina y el Caribe, interoperables y centrados en el usuario, aportando experiencia global a los retos locales.
Los pagos abiertos ya no son una promesa futura, sino una realidad probada. De acuerdo con el Visa Economic Empowerment Institute, más del 80 por ciento de las agencias de transporte que los implementaron registraron un aumento en la demanda.
En los sistemas más maduros, el incremento promedio de usuarios alcanza hasta un 10 por ciento, consolidando los pagos abiertos como una palanca estratégica para transformar el transporte público en una opción sin fricciones.
Hacia la movilidad como servicio
La habilitación de pagos abiertos representa mucho más que un cambio en el recaudo. Es el punto de partida para evolucionar hacia la movilidad como un servicio, permitiendo acceder a diferentes formas de transporte –metro, bus, taxi o micromovilidad– dentro de una misma experiencia de viaje mediante interoperabilidad e intermodalidad. Cuando el pago deja de ser una barrera, la ciudad deja de operar en silos y comienza a funcionar como un ecosistema conectado.
Los pagos abiertos traen eficiencia concreta a todo el ecosistema. Para los operadores, reducen la complejidad operativa; para el Gobierno, fortalecen la transparencia y trazabilidad; y para los usuarios, generan mayor confianza.
El 75 por ciento de las agencias reportan menores costos operativos, y el 73 por ciento, una mejor gestión del fraude. En experiencia de usuario, el 57 por ciento considera que el viaje es más rápido, el 49 por ciento valora no depender del efectivo y el 46 por ciento destaca mejoras en seguridad e higiene.
En un sistema de pagos abiertos, el ciudadano decide cómo pagar: con tarjeta, billetera digital o incluso una tarjeta cerrada si la ciudad decide mantenerla. La flexibilidad reduce barreras y hace del transporte público una opción más simple e inmediata.
Cuando pagar es simple, la adopción ocurre de forma natural. La interoperabilidad deja de ser un debate teórico y se convierte en una vía de aceleración para ampliar el ecosistema de movilidad inteligente.
Hacia una movilidad integrada
Los pagos abiertos funcionan como infraestructura habilitadora que conecta bus, metro y nuevas alternativas en una experiencia de viaje continua: facilitan transbordos, integran modos y generan datos para optimizar rutas, frecuencias y patrones de uso de los ciudadanos.
La evolución hacia pagos abiertos no es únicamente un paso tecnológico. Es una decisión estratégica que permite construir sistemas de transporte más eficientes, inclusivos y sostenibles, poniendo al ciudadano en el centro.
La evidencia global demuestra que, cuando el pago se simplifica, la movilidad crece, la planificación mejora y las ciudades avanzan hacia un modelo de desarrollo más inteligente y equitativo.