La movilidad urbana en Colombia está entrando en una nueva etapa. La discusión ya no se concentra únicamente en construir más vías o ampliar sistemas de transporte masivo. El debate ahora gira alrededor de cómo integrar tecnologías, medios de pago e infraestructura para hacer más eficiente el desplazamiento de millones de personas en las ciudades.
Ese fue uno de los principales mensajes que dejó el foro Movilidad Inteligente para Colombia, donde expertos del sector coincidieron en que la integración será determinante para el futuro del transporte público.
La posibilidad de conectar sistemas de recaudo, plataformas tecnológicas y distintos medios de pago aparece hoy como una de las principales apuestas para hacer más eficiente la movilidad urbana y mejorar la experiencia de los usuarios.

Para Pablo Villarreal Ramírez, director general de UTRYT, el desafío ya no es solo tecnológico, sino operativo. “Las ciudades necesitan sistemas que funcionen de manera más simple para las personas y reduzcan las barreras de acceso al transporte público”, explicó durante el encuentro.
Según Villarreal Ramírez, Colombia enfrenta dos retos simultáneos: modernizar los sistemas que ya están en operación sin afectar a los usuarios –tal como lo hizo UTRYT en Cali– y formalizar el transporte en ciudades que aún no cuentan con sistemas implementados, donde la informalidad fomenta hábitos muy difíciles de erradicar con el paso del tiempo.
El directivo fue enfático en que la solución pasa por pensar de forma integrada. “No podemos empezar a pensar como subsistemas aislados. Tenemos que hacer una planificación integrada de hacia dónde queremos ir para dar los pasos necesarios a fin de que en la ejecución no se generen brechas”.
Para Villarreal Ramírez, ese fue el mayor acierto de Cali: haber concebido su sistema de transporte como una arquitectura integral desde el inicio, lo que ha permitido articular los distintos componentes tecnológicos y de movilidad a lo largo de casi dos décadas.
Villarreal Ramírez fue especialmente contundente al hablar de la gestión de flotas. Hoy, explicó, muchas ciudades colombianas saben si un bus está circulando o no, pero poco más que eso: no hay capacidad real para anticipar fallas, optimizar despachos ni garantizarle al usuario que el próximo bus llegará en 15 minutos y que esa promesa se cumplirá.
Precisamente, ese modelo de control y gestión avanzada de flota ya fue implementado en Cali por UTRYT bajo estándares similares a los utilizados en ciudades como Londres y Berlín. “La tecnología ya existe. El problema no es una brecha tecnológica, que tengamos que inventarnos la rueda, sino cómo la implementamos hoy en día para que esos sistemas se vuelvan efectivos y reales”.
Esa capacidad predictiva resulta especialmente crítica en el contexto de la electrificación. A diferencia de un bus a diésel, que admite redundancia y permite improvisar soluciones sobre la marcha, un bus eléctrico tiene una batería definida, un patio de carga lejos del recorrido y una ruta de suplencia que hay que calcular con anticipación.
Sin sistemas de gestión robustos detrás, esa complejidad se vuelve inmanejable. El beneficio no es operativo: una planeación efectiva de la flota reduce costos del sistema, haciéndolo sostenible no solo ecológicamente, sino financieramente.
En ese mismo horizonte, Villarreal Ramírez situó a la inteligencia artificial como otro pilar indispensable. Dimensionar todas las novedades que ocurren diariamente en una operación masiva exige herramientas capaces de tomar decisiones en fracciones de segundo: detectar fraude en pagos con credenciales bancarias, identificar automáticamente si un usuario está completando su ruta o iniciando un pasaje nuevo, y hacerlo sin generar filas ni traumatismos.

“No podemos paralizar una ciudad esperando que una transacción se demore 10 segundos autenticando. Tenemos máximo 1 o 2 segundos, y 2 segundos ya generan problemas en una fila”.
A eso se suma el big data, que permitirá construir matrices de origen-destino, afinar el diseño de rutas y articular el transporte de una forma que hoy, sin herramientas de análisis avanzado, es virtualmente imposible.
En cuanto a la sostenibilidad financiera, Villarreal Ramírez señaló que la clave está en atacar los costos desde varios frentes: migrar a modelos de software como servicio para evitar licenciamientos millonarios que las ciudades medianas no pueden costear, utilizar equipos agnósticos que funcionen en distintos ecosistemas sin generar dinámicas de monopolio y apostar por flotas eléctricas, cuya operación es más barata que la de los buses a diésel.
Todo eso, sumado a una planeación que permita reducir kilómetros muertos y hacer más eficiente cada salida, apunta a un mismo objetivo: que el transporte público pueda competir de igual a igual con el vehículo particular.
Sobre el proceso concreto de transformación en Cali, fue Arturo Villarreal Navarro, chairman de UTRYT, quien explicó cómo se ejecutó la migración hacia un sistema de pagos abiertos. “La gente tiene que entender cómo fue el proceso de Cali, que fue muy hermoso, porque fue pensando en el usuario final”, afirmó durante el panel en el que participó junto con representantes de Visa y CCO Credibanco.
El desafío central fue pasar de un sistema cerrado a uno abierto sin que los usuarios percibieran traumatismo alguno. “Íbamos cambiando los validadores y, en la medida que funcionaban, debíamos poder trabajar con las tarjetas antiguas y poder empezar a trabajar con las tarjetas nuevas”.
Ahora cerca de 20.000 personas ingresan diariamente al sistema del MIO utilizando tarjetas débito y crédito Visa y Mastercard, sin necesidad de adquirir una tarjeta exclusiva.
La manera como el empresario evalúa ese logro es directa: “La forma más fácil de medir el éxito de este proyecto es que todos los días tenemos más usuarios. Cada semana tenemos más usuarios”. Y la experiencia se extiende a visitantes y turistas: “Usted llega a Cali, saca su tarjeta, la pone y entra. Punto”.
Para Villarreal Navarro, el aprendizaje más valioso puede resumirse en una sola convicción: “El usuario quiere pagar como quiera. No hay que decirle cómo”.
Esa filosofía llevó al equipo a construir una infraestructura que admite múltiples medios de pago en un mismo validador y que próximamente incorporará códigos QR para los usuarios con teléfonos de gama baja sin interfaz NFC.
“Los usuarios son mucho más inteligentes de lo que uno se imagina. Cuando nosotros cambiamos los validadores después de 19 años de que los usuarios estaban utilizando la tarjeta de una forma, a la semana todos ya sabían usar lo nuevo”, recordó.

Ambos directivos de UTRYT coinciden en que el camino de Cali es un modelo replicable y no un caso aislado, cuya base es la tecnología y haberla puesto al servicio de las personas desde el primer día. “Ese principio es innegociable: darles mejor calidad de vida a los usuarios”, concluyó Villarreal Navarro.