Más allá de tener la capacidad de vender más y en un contexto en el que el cuidado del medio ambiente resulta indispensable, las empresas se enfrentan a un gran desafío con el posconsumo, una estrategia ambiental de largo plazo, orientada a que algunos residuos de consumo masivo generados en los hogares, las instituciones, el comercio, entre otros, sean separados desde la fuente de los demás residuos y sean manejados de forma adecuada, promoviendo su recuperación o reciclaje.
Santiago Aramburo, cofundador de Ecobot, la empresa de tecnología y sostenibilidad que promueve la cultura del reciclaje mediante máquinas expendedoras inversas, analizó el estado actual de Colombia frente a este reto, las brechas culturales que aún persisten y por qué el reciclaje no puede seguir siendo un discurso, sino una experiencia cotidiana.
Aramburo además habló sobre el rol de las marcas, el uso de incentivos, la necesaria integración de los recicladores de oficio y el papel del Estado en una hoja de ruta que acelere la economía circular.
Durante años las empresas se concentraron en vender más, pero usted plantea que el verdadero desafío comienza después de la compra. ¿Qué tan preparada está hoy Colombia para asumir esa responsabilidad del posconsumo y cuáles son las principales brechas que aún persisten?
SANTIAGO ARAMBURO (S.A.): Colombia ha avanzado, pero todavía está en una etapa de transición. Ya existe más conciencia, hay regulación, hay empresas hablando de sostenibilidad y hay recicladores de oficio haciendo un trabajo fundamental. Pero la gran brecha sigue siendo cultural: todavía no hemos logrado que el posconsumo sea un hábito cotidiano para millones de personas.
Durante años enseñamos a consumir, pero no enseñamos qué hacer después de consumir. Ahí está el reto. No basta con poner puntos de recolección o lanzar campañas ambientales; necesitamos soluciones fáciles, visibles, cercanas y constantes. El consumidor no puede sentir que reciclar es una tarea complicada. Debe encontrar alternativas en los lugares donde ya está: supermercados, centros comerciales, universidades, oficinas y espacios de alto tráfico.
La responsabilidad del posconsumo no puede recaer solo en el consumidor ni solo en los recicladores. Debe ser compartida entre marcas, Estado, comercios, gestores y ciudadanos.
Aunque el reciclaje hace parte del discurso de sostenibilidad de muchas compañías, los resultados siguen siendo limitados. ¿Qué están haciendo mal las marcas y qué deberían cambiar para lograr que el consumidor realmente modifique sus hábitos?
S.A.: Muchas marcas han entendido la sostenibilidad como un mensaje, no como una acción. Y ese es el error. Hoy no basta con comunicar que una marca es sostenible; hay que demostrarlo en la vida real.
El consumidor no cambia hábitos porque vea un logo verde o una campaña bonita. Cambia cuando la acción es fácil, conveniente, repetible y tiene sentido para él. Las marcas deben pasar de decir “somos sostenibles” a crear mecanismos para que sus consumidores participen.
El punto es muy simple: si una marca ya logró que una persona comprara su producto, ahora debe ayudarle a cerrar el ciclo. Los envases no se recogen solos. Las marcas tienen que estar donde ocurre el consumo y también donde puede ocurrir el posconsumo.
Usted sostiene que la sostenibilidad debe convertirse en una experiencia y no solo en un mensaje. ¿Qué evidencia tienen de que los incentivos, como beneficios o recompensas, generan cambios de comportamiento sostenibles y no únicamente acciones puntuales?
S.A.: En Ecobot lo hemos visto todos los días. Cuando una persona recicla un envase y recibe un beneficio inmediato, la sostenibilidad deja de ser una obligación lejana y se convierte en una experiencia positiva.
Hoy hemos recuperado más de 9,5 millones de envases y más de 300 marcas han participado en este modelo. Eso demuestra que cuando el reciclaje se vuelve fácil, visible y recompensado, las personas sí participan.
El incentivo no es el fin; es la puerta de entrada al hábito. Primero la persona recicla porque recibe un cupón, unos puntos o un beneficio. Pero con la repetición empieza a entender el impacto de su acción. Ahí ocurre el verdadero cambio: cuando una acción sencilla se convierte en comportamiento cotidiano.
En Colombia los recicladores de oficio cumplen un papel esencial en la economía circular. ¿Cómo lograr que las nuevas tecnologías y los modelos de posconsumo fortalezcan su trabajo en lugar de reemplazarlo, y qué retos persisten para dignificar esta labor?
S.A.: La tecnología no debe reemplazar a los recicladores de oficio. Debe ayudar a que llegue más material, mejor separado y con mayor trazabilidad.
En Ecobot, más del 70 % del material recolectado es donado a recicladores de oficio. Esto permite que el modelo no solo tenga impacto ambiental, sino también social. La tecnología ayuda a incentivar al consumidor, organizar la recolección, medir resultados y generar reportes; pero el aprovechamiento del material sigue conectado con quienes han sostenido históricamente el reciclaje en el país.
El reto sigue siendo dignificar esta labor: mejorar sus condiciones, reconocer su papel, integrarlos a los modelos empresariales y entender que no hay economía circular real si quienes reciclan siguen siendo invisibles.
Las empresas enfrentan crecientes exigencias regulatorias y compromisos ambientales. Más allá del cumplimiento normativo, ¿por qué el posconsumo debería verse como una oportunidad de negocio y de construcción de reputación, y no como un costo adicional?
S.A.: Porque el posconsumo es una oportunidad para construir confianza. Las marcas que actúan de verdad en sostenibilidad se diferencian, conectan mejor con sus consumidores y generan reputación desde hechos, no solo desde discursos.
Además, el posconsumo puede estar alineado con objetivos comerciales. En Ecobot, por ejemplo, las marcas no solo comunican su compromiso ambiental; también tienen presencia en puntos de alto tráfico, entregan cupones, generan conversión y reciben reportes de impacto.
Es momento de redireccionar parte de la inversión publicitaria hacia acciones con propósito, medibles y sostenibles en el tiempo. Una valla comunica. Una acción de posconsumo involucra.
Si tuviera que plantear una hoja de ruta para acelerar el reciclaje y el posconsumo en Colombia durante los próximos cinco años, ¿cuáles serían las tres acciones prioritarias que deberían asumir conjuntamente empresas, consumidores y Estado para lograr un cambio de escala?
S.A.: La primera acción es llevar el reciclaje a los lugares donde ya ocurre la vida cotidiana: supermercados, centros comerciales, colegios, universidades, oficinas y unidades residenciales. El hábito se construye con cercanía y repetición.
La segunda es involucrar más activamente a las marcas. No basta con producir, vender y comunicar. Las empresas deben ayudar a cerrar el ciclo de sus envases con soluciones reales para sus consumidores.
Y la tercera es integrar tecnología, educación e inclusión social. Necesitamos medir mejor, comunicar mejor y fortalecer el rol de los recicladores de oficio. El país no necesita más discursos aislados; necesita sistemas que hagan fácil participar.
¿Qué iniciativas como las de Ecobot son hoy referentes en el mundo y qué ha hecho que sean exitosas?
S.A.: Los grandes referentes están en países como Alemania y Noruega, donde los sistemas de depósito y retorno han logrado tasas de recuperación muy altas. Su éxito se basa en tres elementos: incentivos claros, facilidad para devolver los envases y una red amplia de puntos de recolección.
La lección es evidente: la gente participa cuando el sistema es simple, cercano y conveniente.
En América Latina todavía estamos construyendo ese camino. Ecobot nace justamente para adaptar esa lógica a nuestra realidad: no solo desde la devolución de envases, sino desde la conexión entre marcas, consumidores, recicladores y espacios de alto tráfico.
El éxito no está solo en la máquina. Está en convertir el reciclaje en una experiencia fácil, medible y motivadora.