Diego Idárraga, director general de Editorial Norma en Colombia, explicó cómo la inteligencia artificial puede personalizar el aprendizaje y por qué la transformación también exige fortalecer habilidades socioemocionales, acompañar a docentes y enseñar a analizar la información.

¿Qué puede aprender Colombia de los países que están a la vanguardia en educación?

¿Cómo está cambiando la IA la manera de enseñar?

Diego Idárraga (D.I.): Trabajamos con un modelo que divide el aprendizaje en pequeñas habilidades que pueden evaluarse individualmente mediante IA. Así identificamos en qué está fallando cada estudiante y entregamos esa información al docente para tomar decisiones más precisas. También ofrecemos un software con IA para practicar inglés: cada estudiante conversa con un tutor que identifica sus errores y qué necesita reforzar. El docente recibe la información.

¿Más tecnología significa una mejor educación?

D.I.: No. Cualquier extremo es negativo. Creemos en un uso responsable, pero no debemos eliminarla del proceso educativo. Nunca hemos abandonado el papel. Tenemos contenidos físicos, herramientas digitales y ahora inteligencia artificial. La tecnología debe tener un propósito.

¿Cuántos colegios aplican este modelo y a cuántos estudiantes beneficia?

D.I.: Hoy trabajamos con esta dinámica en alrededor de 170 o 180 colegios e impactamos a más de 40.000 estudiantes.

¿Qué rol tienen las habilidades socioemocionales?

D.I.: Son fundamentales. No se trata de dejar de sentir enojo o frustración, sino de identificar esas emociones y aprender a gestionarlas. Podemos trabajar la gestión emocional desde matemáticas, sociales o inglés. Si un niño aprende desde primero de primaria a reconocer sus emociones, desarrollar empatía, tolerancia y escucha activa, puede mejorar la convivencia. Además, debemos involucrar a docentes y familias.

¿Qué otros factores influyen en la capacidad de aprendizaje?

D.I.: Muchas veces olvidamos tres aspectos básicos: atención, concentración y motivación. Sin eso es muy difícil aprender. También están la nutrición y el sueño. La alimentación proporciona energía al cuerpo y el sueño permite consolidar los aprendizajes. Tenemos que mirar cómo comen y duermen nuestros niños y entender la educación de manera integral.

Entonces, ¿qué debería cambiar en la manera en que estamos educando?

D.I.: Tenemos que darle sentido y propósito a la información. Hoy un estudiante puede buscar en segundos cuál es la capital de un país. Lo importante es que entienda por qué ocurrieron determinados hechos, los relacione y cuestione la información que recibe. No es lo mismo buscar en Wikipedia que en Google Académico. Hay que enseñar a buscar, analizar, contrastar y pensar críticamente.

¿Qué está pasando con los docentes?

D.I.: Ellos también llegan al salón con una realidad familiar y emocional. Tienen retos de actualización. Una maestría o un doctorado puede costar entre 30 y 50 millones de pesos y las oportunidades de formación son limitadas. No podemos pedir una transformación educativa sin formar y acompañar a quienes están frente a los estudiantes.

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¿La educación debe responder a las particularidades de cada región?

D.I.: Las necesidades educativas pueden ser similares, pero las condiciones sociales y familiares son distintas. No es lo mismo un estudiante con apoyo de sus padres que uno que debe organizarse solo porque ellos trabajan de noche. Debemos contextualizar la enseñanza. El objetivo puede ser el mismo, pero la manera de llegar debe responder a la realidad de cada estudiante.