En medio del avance de la inteligencia artificial, una de las preguntas que enfrenta la educación es qué capacidades deben fortalecerse para que las personas puedan relacionarse con estas tecnologías sin perder de vista el criterio humano.
Para Jaime Alonso Restrepo Carmona, director ejecutivo de Rotorr-Motor de Innovación, la respuesta comienza por una capacidad esencial: la inteligencia emocional. Durante la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación, recordó su vínculo con la enseñanza. Su madre es docente y, aunque él se formó como médico, luego se preparó para ejercer como profesor.
Desde esa experiencia, y su trabajo en el grupo de Investigación Inteligencia Artificial en Educación de la Universidad Nacional de Colombia (Unal), de la cual es subdirector, Restrepo planteó que la discusión sobre IA no debería concentrarse solo en las herramientas o en cómo utilizarlas.
“Recurro al superpoder del ser humano, que es la inteligencia emocional”, dijo. Restrepo explicó que hoy trabajan alrededor del concepto de sociedad 5.0, una perspectiva que mantiene al ser humano en el centro. En ese escenario, la creatividad humana adquiere un papel determinante. “Es la gestora, el motor”, señaló al referirse a la manera en que las personas pueden utilizar las tecnologías habilitadoras para resolver problemas.
Su planteamiento no parte de una competencia entre personas y máquinas, sino de la posibilidad de establecer una relación de colaboración. Por eso mencionó los cobots, robots diseñados para trabajar de manera colaborativa con las personas, y a los agentes tecnológicos como parte de una relación en la que seres humanos y máquinas pueden trabajar conjuntamente para generar soluciones personalizadas.
Para que esa colaboración sea posible, explicó, la educación debe preparar a las personas para mucho más que el uso de una herramienta. Restrepo insistió en la importancia de aprender haciendo y de contar con espacios para equivocarse y volver a intentarlo.
En esa misma línea, destacó la empatía y la capacidad de comunicación como habilidades necesarias para que los jóvenes puedan emprender: “es decir, volver a ser personas”. Desde el grupo de Inteligencia Artificial en Educación de la Unal, explicó, trabajan en el desarrollo de habilidades humanas que permitan utilizar las máquinas de manera consciente y crítica.
La mirada hacia 2040 también forma parte del trabajo que adelantan. Rotorr promueve la innovación, la transferencia de conocimiento y el emprendimiento en distintas regiones del país. Allí, los desafíos locales se convierten en oportunidades para aprender, equivocarse e intentarlo de nuevo.
Al hablar de los jóvenes, señaló la tolerancia a la frustración como una de las dificultades que deben aprender a gestionar. Frente a este desafío, planteó la necesidad de desarrollar la confianza, la autoconfianza y la resiliencia. También propuso aprender de quienes ya han cultivado esas capacidades. Para lograrlo, destacó la importancia de crear vínculos colaborativos y alianzas que permitan compartir experiencias y aprendizajes.
De cara al futuro, prepararse para los cambios implica reconocer los miedos y aprender a gestionarlos. Para Restrepo, la formación de los jóvenes debe fortalecer su capacidad para afrontar la incertidumbre, aprender de los errores y perseverar ante las dificultades. Por eso, al cerrar su intervención, se refirió a la confianza como un “valor fundamental” para afrontar lo que viene.