Han pasado solo 14 días desde que su madre se despidió de este mundo: se esparcieron las cenizas y el duelo fue inminente. Al recordarla, sin embargo, su hijo Marco Vinicio Oyaga —un hombre que supera ya los 60 años, de modos parsimoniosos, suaves como un río manso— aún conjuga el verbo en presente para decir: “Ella es un espíritu libre”.
Ese “es”, para muchos, podría ser solo un tropiezo del inconsciente, pero la realidad es otra: no hay ningún error. Su madre, Sonia Basanta Videz, conocida como Totó la Momposina, la mujer por la que todo el país se paró al confirmar su muerte, sigue viva. Y lo cierto es que está más viva que nunca.
“Yo vengo acompañando a Totó desde la barriga”, dijo Marco Vinicio. “Conozco de punta a punta todo su recorrido musical. Ustedes la conocían como la artista, la cantante, pero resulta que ella nunca fue eso: ella era la representación de Colombia. Ella era Colombia”.
Hay datos: fueron más de 50, casi 60, años de trayectoria musical, y más de 100 países y rincones del mundo visitados, a donde llegaban siempre con la bandera del país colgando. Se formó en La Sorbona, en París. Hablaba francés, inglés, e investigaba cada ritmo, cada música ancestral, antes de atreverse a tocarla.
“Era una mujer que se desafiaba a sí misma. Su legado de más de 60 años de música queda vivo no solamente en la depresión momposina, sino en todo el circuito rítmico y sonoro. En esas seis décadas, ella enhebró todas las músicas de la depresión momposina: desde los palenques, los porros, las gaitas y la conexión con el África. Ella abarcó todas las músicas”, afirmó Gustavo Tatis Guerra, cronista cultural de El Universal e íntimo amigo de la cantora.
Sentados ambos en el escenario de SEMANA por Colombia Cartagena y Bolívar, en el Hotel Intercontinental, en Bocagrande, Marco Vinicio y Gustavo detuvieron el tiempo unos cuantos minutos para recordar y exaltar el legado de la gran cantora del Caribe. Una mujer exigente, disciplinada, implacable, que se preparó hasta el último minuto.
“Tuvo una maestra de canto, desde sus inicios en el 69 hasta por allá el 97. Tuvo clases con Delia Zapata. Ella siempre estaba en pro de la excelencia. De hecho, ensayábamos una vez a la semana, tuviéramos o no conciertos”, contó Marco Vinicio.
Y sí. Tal era su grado de compromiso que cuando las giras los llevaban a sumergirse por ciudades a las que quizá nunca pensaron llegar, su rutina era la misma: del hotel al concierto y del concierto al hotel. “Su cuerpo y su mente estaban en función del escenario”, agregó.
Ya en el escenario los tambores, la voz y las palmas arrasaban con todo. Basta con escuchar El pescador, una de las canciones más emblemáticas del repertorio nacional y, por consiguiente, del repertorio de Totó. “La tocamos como 5.000 veces. Y la gente no sabe… Todos vibraban. Ella decía: ‘Hay pescadores en todo el mundo’. Y uno transmitía eso con su energía. Ese sentir”, señaló su hijo.
Laboratorio vivo
Durante el conversatorio, Tatis no dudó en anotar “que Totó era como un laboratorio vivo. En su casa, toda la familia Bazanta Oyaga era una escuela viva”. Y la gran esperanza, quizá, era alcanzar la inmortalidad.
Por eso cuando Tatis le preguntó al hijo de Totó sobre cómo fortalecer el legado, la respuesta de Marco Vinicio fue directa, estudiada: “Dar continuidad”.
El Festival Totó la Momposina, celebrado en Mompox, es uno de los grandes ejemplos. La primera edición se llevó a cabo en 2024 y, según Marco Vinicio, “la idea es celebrar otro este año. Los invito para que se sumen y pueda ser un festival digno. Porque es un festival del pueblo, de las muestras culturales del territorio”, declaró.
Acompáñala, acompáñala…
Escuchar a Marco Vinicio cantar algunos versos de su madre puede estremecer: “Ven pronto a traer la dicha, aquí la vida no es vida, al saber que ya no estás” de Ven pronto. O “Acompáñala, acompáñala, brilla en la noche, acompáñala. Allí está la luna hermosa, la acompañan los luceros” de Acompáñala.
Él lo hace, canta, y luego arremete: “Con esa canción, Acompáñala, la despedimos a ella. A ella le gustaban todas las canciones; ella no cantaba canción que no le gustara”.
Al final, los asistentes al foro entonaron unos versos de El pescador. Aplaudieron. “Es la música de la ensoñación, del sentir del pueblo, del corazón del pueblo. Y ella así lo cantaba”.