Más del 50 por ciento de los estudiantes asocian la lectura con el aburrimiento. Para Rafael Bisquerra, esa relación no es un asunto menor: las emociones que aparecen durante el aprendizaje pueden predisponer a los estudiantes a repetir una experiencia o a evitarla.

Ese fue uno de los ejemplos con los que el presidente de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar explicó, durante la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación, por qué las emociones forman parte de cualquier proceso de aprendizaje.

“Todos los estudiantes en el proceso de adquisición de conocimientos, en el proceso de aprendizaje, en el proceso de leer, están experimentando continuamente emociones”, afirmó.

Las emociones también acompañan el aprendizaje

Bisquerra explicó que en los procesos de adquisición de conocimiento aparecen las llamadas emociones epistémicas, relacionadas con el aprendizaje y el conocimiento.

No todas tienen el mismo efecto. Un estudiante puede experimentar confusión, frustración, irritación, ansiedad, nerviosismo, preocupación, monotonía o aburrimiento. Pero también puede sentir curiosidad, interés, sorpresa, asombro o entusiasmo.

La diferencia resulta importante porque, según explicó, esas experiencias emocionales pueden influir en la disposición del estudiante frente a lo que está aprendiendo. Una experiencia puede generar el deseo de repetirla o, por el contrario, llevar a evitarla.

La lectura fue el ejemplo que utilizó para explicarlo.

Durante su intervención, Bisquerra señaló que más del 50 por ciento de los estudiantes asocian la lectura con el aburrimiento. A partir de ese dato planteó una pregunta sencilla, pero con una consecuencia concreta:

“Si los estudiantes asocian la lectura con aburrimiento, ¿qué va a pasar? Que van a evitar la lectura.”

Su planteamiento apunta a una relación directa entre la experiencia emocional y la disposición para aprender. Si una actividad queda asociada de manera recurrente con el aburrimiento, existe una predisposición a evitarla; si está acompañada por curiosidad, interés o entusiasmo, la experiencia de aprendizaje puede ser distinta.

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La educación emocional no consiste en memorizar conceptos

Para Bisquerra, incorporar las emociones a la educación tampoco significa convertir las aulas en espacios de terapia. Durante su intervención hizo énfasis en la formación de los profesores y en la necesidad de que cuenten con herramientas para implementar una educación emocional de calidad.

Rafael Bisquerra, presidente de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar y director académico del Instituto de Educación Emocional y Bienestar (IEEBI). Foto: Alejandro Acosta

Según explicó, la educación emocional no es psicoterapia, sino una vía de prevención y promoción de la salud mental orientada al bienestar.

“El objetivo de la educación emocional no es que los estudiantes memoricen un modelo de competencias emocionales, sino que las apliquen las 24 horas del día, los 7 días de la semana”.

La propuesta de Bisquerra parte así de una idea concreta: aprender no ocurre al margen de las emociones. Cada experiencia de aprendizaje está acompañada por ellas y puede dejar en los estudiantes una disposición a volver a esa experiencia o a evitarla.

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Y ahí vuelve la lectura. Si aprender a leer, leer y relacionarse con los libros queda asociado al aburrimiento, la pregunta de Bisquerra deja de ser solamente qué están leyendo los estudiantes y pasa a ser qué experiencia están teniendo mientras lo hacen.