Los sistemas globales de monitoreo muestran señales claras sobre la posible llegada de un episodio fuerte o muy fuerte de El Niño en los próximos meses. La diferencia frente a décadas anteriores es que hoy la ciencia cuenta con mejores herramientas para anticipar estos fenómenos.

El desafío ya no es únicamente predecirlos, sino lograr que esa información se traduzca en decisiones oportunas para proteger a las comunidades, la economía y los sectores productivos.

“Estamos observando un patrón muy sostenido hacia el desarrollo de un evento de El Niño fuerte o muy fuerte”, explicó Julián Báez Benítez, director de la Oficina Regional de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para las Américas, durante la IX Cumbre de Sostenibilidad: Transición para el Desarrollo, organizada por Revista SEMANA.

Julián Báez Benítez, director de la Oficina Regional de la OMM para las Américas Foto: GUILLERMO TORRES REINA / SEMANA

Según el experto, las anomalías en la temperatura superficial del océano Pacífico ya se encuentran por encima de los valores normales, especialmente frente a las costas de Suramérica, donde se registra un episodio de Niño Costero.

ESPECIAL | IX Cumbre de la sostenibilidad Transición para el desarrollo:

Aunque suele asociarse con América Latina y el Caribe, El Niño tiene impactos globales. Sus efectos pueden alterar los patrones de lluvia, la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, la generación de energía y distintas actividades económicas.

Para Báez, El Niño hace parte de la variabilidad natural del clima, pero el cambio climático puede intensificar sus consecuencias. La evolución de los sistemas de observación ha permitido contar hoy con información más precisa y anticipada.

“Desde 1982, que fue el año con uno de los fenómenos más intensos registrados, se empezó a tener información mucho más constante, precisa y amplia sobre el clima”, señaló. El desarrollo de satélites y nuevas tecnologías permitió fortalecer la capacidad de monitoreo y mejorar los sistemas de alerta.

Antes, muchos países enfrentaban estos eventos sin herramientas suficientes para prepararse. Las consecuencias podían ser profundas: zonas con lluvias habituales podían atravesar periodos secos prolongados, mientras otras regiones enfrentaban lluvias extremas e inundaciones.

Hoy el reto es transformar esa información en decisiones. “Tenemos más información, pero eso hay que trasladarlo a acciones preventivas a nivel nacional y municipal, a monitoreo constante por parte de las autoridades y a acciones que permitan mitigar los impactos sociales y económicos en las comunidades”, afirmó Báez.

La prevención como primera respuesta

Para la OMM, la gestión de estos fenómenos no debe comenzar cuando llega la emergencia. La prioridad es anticiparse mediante información, presupuesto y planes de acción ajustados a las necesidades de cada territorio.

“Desde nuestra organización nos enfocamos en orientar qué tan intenso puede ser cada evento y, a partir de ahí, trabajar de la mano con los países”, explicó Báez.

En Colombia, esta información es gestionada por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), que recibe los datos generados por la red global de observación meteorológica.

Sin embargo, uno de los desafíos sigue siendo que los gobiernos y entidades responsables utilicen esta información para tomar decisiones antes de que ocurran los impactos.

El llamado de la OMM es que los países “se tomen muy en serio estas advertencias para tratar de anticipar los impactos”, y evitar repetir experiencias como las de 2015 o 2023.

Los sectores que enfrentarán mayores riesgos

Los efectos de El Niño pueden sentirse en sectores estratégicos. Entre los más vulnerables están la agricultura, la producción de alimentos y el sector energético, especialmente en países con alta dependencia de la generación hidroeléctrica, como Colombia.

El transporte también puede verse afectado. Un ejemplo fue el Canal de Panamá, donde la reducción de lluvias obligó a limitar operaciones y generó impactos sobre el comercio internacional.

A pesar de los riesgos, Báez destacó casos donde la preparación ha permitido reducir pérdidas. Cuba, por ejemplo, ha fortalecido sus sistemas de alerta temprana frente a huracanes mediante una estrategia que involucra a las comunidades.

Cooperación para enfrentar un clima más extremo

Para la OMM, la respuesta frente a fenómenos climáticos requiere cooperación internacional y mayor inversión en capacidades locales.

“La Organización está para apoyar a todos y que nadie se quede atrás. Esto significa que si tenemos mejores tecnologías en un determinado país se pueden trasladar al que menor capacidad tiene”, afirmó Báez.

Finalmente, el experto hizo un llamado a fortalecer los servicios meteorológicos y la inversión en información climática. La capacidad de anticipación será, según la OMM, una de las principales herramientas para reducir los impactos de fenómenos cada vez más intensos.