La naturaleza ya no es solo un tema exclusivo de la agenda ambiental, pues con el paso del tiempo, la llegada y participación de más empresas, se ha convertido en un asunto de competitividad y crecimiento económico, que tiene un gran impacto en los distintos países. Este fue uno de los mensajes que dio Sandra Valenzuela, directora de WWF Colombia, en medio de la IX Cumbre de la Sostenibilidad de SEMANA, donde llamó a empresarios y tomadores de decisiones a incorporar el capital natural como un activo estratégico para el futuro de los negocios.
Una de las ideas centrales de su discurso, que planteó varias disyuntivas, fue la advertencia clara de que el futuro de la economía dependerá de la capacidad de proteger el capital natural. En especial en Colombia, en donde cerca de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia, entre un 48% y un 50%, depende de los recursos y servicios que provee la naturaleza.
En sus palabras habló de los dilemas que se han gestado alrededor del medio ambiente. Uno de los principales es que se ha hecho creer que conservar es no tocar, que el agua viene del tubo o de la llave, que hay una dicotomía entre conservar y desarrollo, que conservar es la talanquera al desarrollo o al crecimiento o al progreso.
Sin embargo detalló que esos dilemas le han traído un costo vital al sistema natural, porque al final ese dilema es falso y la ciencia no ha podido demostrarlo.
“El verdadero dilema no es conservar versus crecer, o crecer versus naturaleza. El verdadero dilema está en que lideremos la transición y no llegar tarde a ella. Y para quienes toman o tomamos decisiones empresariales o organizacionales, estas cifras sí importan. Entre el 50 y 55% del PIB global depende directa o indirectamente de los servicios que nos provee nuestra naturaleza”, indicó.
En su punto de que la naturaleza es la economía, detalló que esta es parte esencial de la economía, pues cuando un bosque se degrada, no solo perdemos árboles, perdemos regulación de agua, perdemos estabilidad climática, y a la final perdemos productividad, perdemos negocios.
“Cuando un humedal desaparece o lo hacemos desaparecer, no solo perdemos biodiversidad, perdemos una defensa natural contra inundaciones, mayores costos de infraestructura. Cuando un arrecife se debilita, no solo perdemos belleza, perdemos protección costera, turismo, pesca y muchos medios de vida”, agregó.
Finalmente, aseguró que su invitación, cuando se habla de naturaleza, no es hablar de riesgos, sino de competitividad, de reputación y de acceso a mercados, de nuevos tipos de financiamiento y de una licencia social para operar de un hoy y de un futuro.
“Las reglas del mercado no solo están cambiando, ya cambiaron. Los inversionistas, los consumidores, los financiadores, los reguladores ya no preguntan qué producimos, sino cómo, de dónde viene, qué impactos está produciendo, positivos, negativos, qué tipo de recursos está usando, qué tan trazable es, de dónde vienen, qué tan confiable es y cómo se alinea con mis propios valores”, detalló.