La participación en programas de reality puede representar un reto que trasciende la competencia gastronómica o de convivencia.

Así lo dio a conocer recientemente el presentador, locutor y músico colombiano Diego Sáenz durante una entrevista concedida a la emisora Tropicana, en la que abordó las consecuencias que generó su paso por la edición de MasterChef Celebrity Colombia.

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Sáenz, conocido en los medios nacionales por su trayectoria en radio, televisión y por su afinidad con la escena del rock, se refirió al impacto que puede tener la exposición pública continua y la percepción que el televidente construye a partir del montaje de producción.

Durante el espacio radial, el exintegrante del reality explicó que una de las etapas más complejas de este tipo de producciones reside en la edición final del material grabado.

Según Sáenz, la interpretación de sus gestos o palabras dentro del programa llegó a diferir de la intención original con la que ocurrieron las grabaciones.

El presentador recordó un episodio específico en el que un gesto personal grabado en un momento determinado de la jornada terminó asociado, mediante la edición del capítulo, a una conversación vinculada con la preparación de un platillo y una historia familiar de otro concursante.

A juicio del locutor, la secuencia emitida sugirió una supuesta falta de empatía hacia sus compañeros, lo que derivó en reacciones inmediatas por parte de la audiencia en plataformas digitales.

“Uno graba y le entrega el alma al diablo. Y como te editen… Algo así me pasó en un capítulo y la gente me empezó a matar”, afirmó Sáenz en la entrevista emitida por Tropicana.

A raíz de la emisión del mencionado capítulo, la interacción en redes sociales hacia el comunicador escaló significativamente en volumen y tono.

De acuerdo con el testimonio del expresentador de la cadena Caracol Televisión, el nivel de hostilidad rebasó las críticas convencionales sobre su desempeño culinario.

Sáenz aseguró que recibió directas amenazas de muerte a través de sus cuentas personales, circunstancia que impactó de manera inmediata su rutina diaria y su estabilidad emocional:

“Yo duré deprimido, sin joderte, por ahí unos cuatro o cinco días encerrado en la casa. Me amenazaron de muerte y todo. Yo salía a pasear a mi perro y estaba con la sensación de que me iban a hacer algo”, confesó durante el diálogo en cabina.

El comunicador subrayó que este tipo de episodios refleja los riesgos latentes de la sobreexposición en redes sociales cuando los discursos de odio traspasan el ámbito virtual.

Sáenz describió el entorno del reality no solo como un espacio de cocina, sino como una convivencia extendida en la que coinciden diversas trayectorias profesionales de la actuación, la comedia, la música y los medios digitales.

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“Son 24 egos luchándola cuatro meses por ganar, por estar sobresaliendo por encima del otro”, señaló el comunicador, haciendo referencia a la presión que implica mantener vigencia pública en un formato de emisión diaria.

La experiencia narrada por Diego Sáenz se suma a las reflexiones que otros participantes de programas de formato similar han manifestado respecto al equilibrio entre el entretenimiento televisivo, el uso responsable del lenguaje en redes sociales y el cuidado de la salud mental de los participantes.