El reconocido actor, director y productor colombiano, Víctor Mallarino, compartió detalles inéditos sobre los momentos más complejos de su historia personal en una reciente entrevista. En diálogo con la presentadora Mónica Molano, para el programa digital Bravíssimo Sin Tapujos, el bogotano reveló haber enfrentado un diagnóstico de cáncer, una experiencia de la cual se conocen pocos detalles, y explicó cómo la dura enfermedad de su hermano Rafael se convirtió en su mayor aprendizaje para asumir su propio proceso.

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Durante la conversación, Mallarino abordó con serenidad un tema que hasta el momento se había mantenido bajo estricta reserva familiar: su propia batalla contra el cáncer. Aunque el director no profundizó en detalles médicos específicos, como el tipo de carcinoma o las fechas exactas de su tratamiento, fue enfático al describir la postura mental y filosófica con la que asumió la noticia.

“Cuando a mí me dio cáncer, yo estaba muy bien. Yo soy absolutamente ateo y estaba perfectamente tranquilo con lo que sucediera. Estuve muy, muy tranquilo todo el tiempo”, afirmó el bogotano durante la entrevista.

El también ambientalista argumentó que esta ecuanimidad no fue fortuita, sino el resultado de un largo proceso de asimilación tras presenciar el deterioro físico de su entorno familiar más cercano. Mallarino subrayó que la entereza con la que transitó por la enfermedad se la debe directamente al legado de resistencia que observó en su hermano mayor.

El eje transformador en la vida de Víctor Mallarino estuvo marcado por el padecimiento de su hermano, Rafael Mallarino, quien fue un destacado deportista y exfutbolista de las divisiones inferiores del Independiente Santa Fe, carrera que debió abandonar prematuramente tras un grave accidente automovilístico. Años después, Rafael fue diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que le causó la muerte tras un proceso que se extendió por casi cinco años.

El impacto inicial del diagnóstico de su hermano generó intensas repercusiones emocionales en el actor, quien confesó haber caminado sin rumbo durante tres días en un intento por asimilar la noticia, llegando incluso a desarrollar ataques de pánico. Como familia, buscaron alternativas médicas en Estados Unidos y recurrieron a opciones espirituales en distintas regiones de Colombia en busca de una mejoría.

A pesar del dolor que implicó ver el avance de la ELA, Víctor Mallarino rescató el temple de su hermano como el pilar que posteriormente le salvaría la vida a él a nivel mental. “Mi hermano estaba hecho de ese material que era una absoluta roca. De platino, un material muy fino y muy resistente”, recordó con profunda admiración. “Estoy seguro de que si yo no hubiera tenido el hermano que tuve, eso [su propio cáncer] hubiera sido de otra manera. Atrapé ese aprendizaje y fui desarrollando mi vida sobre el camino de admirar y tratar de emular esa tolerancia de él”.

La trayectoria de Víctor Mallarino, perteneciente a una de las dinastías artísticas más importantes del país, ha estado marcada por la necesidad de adaptarse a las adversidades desde la infancia. El fallecimiento de su padre cuando él tenía apenas 10 años lo obligó a asumir responsabilidades económicas tempranas para apoyar el sustento de su hogar.

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Antes de consolidarse como una de las figuras más respetadas de la televisión y el teatro en Colombia, Mallarino desempeñó oficios diversos debido a las complejidades financieras de la época: trabajó como vendedor de aspiradoras a domicilio y como dibujante en una fábrica de juegos de mesa, donde además se encargaba de contar los billetes didácticos que se incluían en las cajas de Monopoly.

Estas experiencias formativas, sumadas a la pérdida de las tres figuras de su primer círculo familiar: padre, madre y hermano, moldearon la personalidad de un hombre que hoy mira los desafíos de la salud y la existencia desde una madurez cimentada en la aceptación y la templanza.