SEMANA: Este año es el gran comeback de su papel de Elvira. ¿Qué nos puede contar?
Mabel Moreno: Puedo decir que tengo en la maletica varios personajes que han sido icónicos, y siempre me ha encantado la idea de hacer un comeback de ellos. Me hubiera encantado volver a hacer a María del Pilar, de La ley del corazón, o a Gema, incluso revivirla milagrosamente. Cuando hablo de mis personajes, los he querido tanto que siempre quiero volver a ponerme esos zapatos.
En el caso de Elvira, han pasado ya 12 años, y cuando pensé en retomarla, me pregunté qué querría ver la gente: si su evolución o algo distinto. Y después entendí que no, que la gente quiere ver a Elvira. No necesariamente una versión madura, sino la misma Elvira, tal vez con un poco más de sabiduría. Esa ingenuidad que tenía se transforma con la experiencia de vida, pero sigue siendo ella. Entonces empecé a preguntarme qué es lo que la hace ser Elvira, y entendí que es su torpeza, su condición de antiheroína.
Mientras Susana es la heroína, la perfecta, la que todo le sale bien, Elvira es esa mujer a la que le sale todo mal, que se cae, que no da pie con bola. Eso era lo que yo quería mantener. Ella no es María del Pilar Garcés, que era una leona que sabía poner límites. Elvira es más miedosa, lo piensa dos veces, está más perdida. Yo creo que siempre está perdida.
SEMANA: ¿Qué nos puede contar del proyecto en general?
M.M.: La película se estrena el 28 de mayo en salas de cine. Estoy muy emocionada de verla con el público. El elenco es impresionante. Están Emmanuel Restrepo, Emmanuel Esparza, Claudio Cataño, Mya Durán y Julián Cerati. Es un combo muy fuerte; yo creo que en Colombia no se había hecho una película con un casting de ese calibre. Además, no solo participo como actriz, sino que también soy socia del proyecto.
Estamos completamente comprometidos, con la camiseta puesta con Manuela González. En la película, el tono actoral es distinto; ya no se actúa como antes. Las plataformas transformaron todo, y si uno no se actualiza, se queda atrás. Nosotros tenemos la ventaja de que el proyecto nació en YouTube, con un tono muy fresco, que es justamente lo que hoy la gente quiere ver.
SEMANA: Hablemos de sus raíces. ¿Cómo marcó su familia su camino artístico?
M.M.: Soy una mezcla de muchas cosas. Aunque no crecí completamente en Barranquilla, tengo esa esencia muy presente: en la forma de bailar, en la pasión por la comida y en la música. Por el lado de mi mamá, todos son salseros, y por el lado de mi papá, que es de Boyacá, también. Entonces la salsa está en mí por ambos lados. Agradezco mucho de dónde vengo, porque a mí nadie me regaló nada. Todo me lo he ganado a pulso. Siempre fui muy soñadora y eso se lo debo a mi papá, que es cinéfilo.
Nosotros íbamos mucho al cine y yo le decía que ese momento era nuestro ‘Tiffany’s’, como Desayuno en Tiffany’s, de Capote. Para mí, la sala de cine era mi lugar seguro. Hoy, estar en esa pantalla es como poder decirle a esa niña que soñaba que sí lo logró. Creo que lo que más me ha llevado hasta aquí es la capacidad de soñar y no perderla. Eso es algo muy propio del actor: mantener vivo ese niño interior, esa capacidad de juego.
SEMANA: ¿Y las mujeres?
M.M.: Crecí en una familia muy unida, donde mis tías eran también mis mamás. Tengo varias figuras maternas: mi mamá, mi abuela y mi tía. Mi abuela era el corazón de la familia, una matrona que decía las cosas con amor, pero con mucha firmeza. Mi abuelo, muy inteligente, siempre le daba ese lugar y decía: “Lo que diga la doña”. Eso me marcó profundamente. Me enseñó a ser una mujer que puede ser sensible, pero que está bien parada, que asume lo que siente y lo defiende. Mi mamá también fue clave, porque siempre me impulsó a vivir mi vida para mí, no para los demás. Me decía que si no era feliz, debía irme, que nadie podía vivir mi vida por mí. Eso me dio una libertad enorme y ha sido fundamental en las decisiones que he tomado.
SEMANA: Usted ha interpretado a varias villanas. ¿Qué le atrae de esos personajes?
M.M.: Me fascinan. Ser villana es un reto maravilloso porque implica construir personajes con capas. Por ejemplo, con Gema en La reina del flow, que fue el papel con el que gané el India Catalina, pasó algo muy bonito: al principio la gente la odiaba, pero luego empezó a entenderla y a quererla. Eso es lo más interesante: que el personaje no se quede en “la mala”, sino que se va revelando poco a poco, como una cebolla. Eso también pasó con otros personajes, con los que la gente empieza a descubrir que no son tan simples como parecen. Para mí, poder generar eso en el público es una gran satisfacción.
SEMANA: Usted ha empezado a hablar de la no perfección, ¿por qué?
M.M.: Si yo pudiera dejarles algo a las mujeres, es que no busquen la perfección, porque es lo más esclavizante que hay. En mi caso, haber crecido sin encajar en los estándares de belleza fue una bendición. Fui una niña gordita, con dientes separados y el pelo crespo sin saber manejarlo. Era como Mafalda. Eso me obligó a desarrollar mi personalidad. Si hubiera sido la niña “perfecta”, tal vez hoy estaría atrapada en eso. En cambio, aprendí a ser yo misma, y eso es profundamente liberador.
SEMANA: ¿Cómo está hoy el amor en su vida?
M.M.: He trabajado mucho en mí y creo profundamente en la terapia. Estoy en un momento en el que amo lo que hago, la vida que estoy construyendo, mis rutinas. Desde ahí uno empieza a atraer cosas distintas. Hoy soy más selectiva con las personas que dejo entrar en mi vida. Escucho mi intuición y me rodeo de gente que me expande, que me permite ser yo misma. Eso aplica para todo: relaciones, amistades, lo que consumo. Si no me suma, no lo dejo entrar.
SEMANA: ¿Qué otra faceta actoral está experimentando?
M.M.: Estoy muy activa en redes, allí me río mucho, y aunque algunos sketches me gustan más que otros o conecto distinto con cada uno, siento que el humor es muy natural en mí. No lo veo como algo difícil porque se parece a quien soy. He hecho comedia toda la vida. Desde chiquita, cuando era la niña gordita, entendí que para encajar tenía que hacer reír, y ahí descubrí ese don. Nunca lo solté. Voy a contar en primicia que voy a hacer mi propia serie. Va a estar en mis redes y gira alrededor de un personaje que se llama Ella, y ella es como un alter ego a través del cual me burlo del oficio, de las situaciones que vivimos como mujeres y de muchas cosas cotidianas.
Por ejemplo, en el primer capítulo de Ella somos todas, habla con su mánager, porque ya no la llaman para protagonizar, sino para hacer de abuela, lo cual es absurdo y muy gracioso. También hay episodios sobre las hormonas y todo lo que vivimos; esas cosas que, si no nos reímos, nos ponemos a llorar. Es una idea original mía; la estoy escribiendo y dirigiendo. Llevo como cinco años queriendo hacerla, desde antes de que existieran los formatos cortos en redes.
SEMANA: Para cerrar, ¿se ha arrepentido de algo en su vida actoral?
M.M.: Sí. Yo hice una novela únicamente por dinero. Era un protagónico, pero no conectaba con el personaje. Leí el guion y sabía que no quería hacerlo, pero vi el cheque y acepté. Esa experiencia me dejó una gran lección: cuando haces algo sin emoción, sin ese impulso interno, terminas sintiéndote mal. Entonces aprendí que, aunque el dinero es importante, no puede ser la única razón para aceptar un trabajo. Me arrepiento de haberlo hecho, pero al mismo tiempo no, porque gracias a eso entendí que no quiero volver a tomar decisiones así. Fue una lección muy valiosa.