El rey Harald V falleció este viernes 28 de agosto en el Hospital Universitario de Oslo, donde permanecía internado desde el pasado 17 de agosto por complicaciones de salud. El monarca fue uno de los más apreciados en el mundo político por su cercanía con el pueblo y su apertura a las nuevas dinámicas sociales.
Su reinado fue prácticamente impecable para expertos cercanos a la Casa Real, sin embargo, siempre fue criticado por la dinámica que sostuvo con sus hijos y ahora, con la llegada de un heredero, se espera una fuerte caída en la confianza a la corona.
Un rey moderno
Nació en 1937 y vivió de cerca la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que huir a los tres años a Suecia y luego a Estados Unidos junto a su madre y hermanos. Después de la guerra regresó a su país natal para estudiar, prestar el servicio militar y convertirse en príncipe heredero.
Harald se graduó de ciencias sociales, historia y economía en Oxford, lo que le permitió tener un criterio acertado en la toma de decisiones para su futura llegada al trono.
Mientras ese momento llegaba, conoció a Sonja Haraldsen, hija de un empresario que no estaba ni cerca de formar parte de la aristocracia. De hecho, el rey Olaf V estuvo en contra de su relación y siempre lo invitó a buscar otra pareja. Harald hizo caso omiso, lo retó en televisión, asegurando que si no se casaba con ella iba a permanecer soltero.
Tras años de batallas al interior de la Casa Real, Olaf dio el consentimiento para la boda. El 29 de agosto de 1968 la catedral de Oslo se tiñó de un blanco profundo, que no solo significó el compromiso vitalicio entre Harald y Sonja, sino también el “final de la Familia Real dominada por hombres”, como describió Caroline Vagle, periodista cercana a la realeza.
“Nunca tuvo miedo de mostrar emoción, humor o vulnerabilidad, y eso lo hizo muy humano”, afirmó Ole-Jørgen Schulsrud-Hansen, historiador y corresponsal de la realeza. Ese comentario fue común entre la población noruega, ya que lo calificaron como “abuelo” de la nación y “rey del pueblo”.
Llegó al trono en 1991, después de la muerte de su padre, y permaneció como jefe de Estado durante 35 años. Durante su reinado alcanzó altos niveles de popularidad por la transparencia de su gobierno en materia de salud y economía, pero sobre todo por compartir las consignas sociales de inclusión y libre expresión.
Se consolidó como una figura asociada con la tolerancia y la apertura en Europa, defendiendo abiertamente los derechos de la comunidad LGBTQ+, la libertad religiosa, el impacto positivo de la inmigración y la reconciliación histórica con el pueblo indígena sami.
Durante su reinado también impulsó una imagen más abierta de la monarquía, con una mayor cercanía entre la institución, la prensa y la ciudadanía. Su mayor símbolo fue la apertura del Palacio Real al público.
Tras los atentados terroristas de 2011, donde un “neonazi” asesinó a 77 personas, su liderazgo adquirió especial relevancia. Sus llamados al amor, la unidad y la convivencia se convirtieron en uno de los mensajes con los que el país buscó sobreponerse a la violencia y al discurso de odio. Como describió Schulsrud-Hansen para BBC, “ese instante quedó grabado en nuestra memoria como la base de lo que debe ser una monarquía”.
Lastimosamente, su salud siempre fue un inconveniente. Fue operado de cáncer de vejiga en 2003 y del corazón dos años después. En sus últimos años caminaba con muletas, recibió un marcapasos y fue hospitalizado en múltiples ocasiones.
Ante el deterioro de su estado físico, redujo definitivamente sus compromisos públicos en abril de 2024. Desde febrero de 2026 su condición relacionada con la anemia hemolítica se agravó de manera progresiva, hasta que su organismo no resistió más.
A diferencia de otros monarcas europeos que optaron por abdicar, Harald había dejado claro que su intención era permanecer en el trono hasta el final de su vida.
La Casa Real confirmó que el soberano falleció a las 6:35 de la mañana, hora local, en el Hospital Universitario de Oslo, donde permanecía ingresado desde el 17 de agosto debido a varias complicaciones de salud producidas por una infección en la sangre.
Actualmente, Noruega está de luto nacional. Cientos de miles de personas salieron a las calles a rendir tributo a Harald. Adicionalmente, reyes como Felipe VI, Carlos III, Guillermo Alejandro, Carlos XVI de Suecia, presidentes como Abelardo De La Espriella o Emmanuel Macron, y celebridades como Erling Haaland o Alexander Sørloth mostraron sus condolencias por la partida del rey.
Descendientes polémicos
El fallecimiento de Harald V dio paso de inmediato a la sucesión. Su hijo Haakon Magnus, de 53 años, se convirtió en monarca. A su llegada al trono, su primera decisión fue la de mantener el lema utilizado por su padre, abuelo y bisabuelo: “Todo por Noruega”.
Haakon nació el 20 de julio de 1973. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de California en Berkeley y Estudios sobre el Desarrollo en la London School of Economics. También prestó servicio en la Armada noruega y fue embajador de buena voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Sin embargo, su llegada al Palacio Real está enmarcada por polémicas y tensiones, tanto en su círculo cercano como con la opinión pública, debido a que su esposa no ha tenido las mejores compañías.
La nueva reina consorte, Mette-Marit, ha enfrentado cuestionamientos por sus contactos con el fallecido Jeffrey Epstein, mientras que Marius Borg Høiby, el hijo que tuvo antes de casarse con Haakon, fue condenado por delitos sexuales y violencia doméstica.
Por su parte, la princesa Marta Luisa, hermana de Haakon, está apartada de las tareas de representación de la Corona desde su matrimonio con Durek Verret, un autodenominado chamán estadounidense que ha realizado diversas afirmaciones controvertidas, entre ellas que es la reencarnación de un faraón egipcio y rechaza las quimioterapias, pues afirma que se hacen solo por un beneficio económico.
Marta Luisa, madre de tres hijas de un matrimonio anterior, tampoco puede utilizar su título real con fines comerciales, situación que ha generado fuertes tensiones con la Casa Real.
Estas decisiones y las controversias protagonizadas por algunos miembros de su familia llevaron a que parte de la sociedad noruega considerara que Harald había sido demasiado indulgente con las actuaciones de sus allegados.
Eso sí, la princesa Ingrid Alexandra, quien pasó a ocupar el primer lugar en la línea de sucesión, goza de un gran cariño por parte del pueblo noruego, por lo que en ella recaerá la figura femenina de la corona cuando fallezca Sonja.