Hay ciudades que crecen más rápido de lo que aprenden a conectarse. Aparecen barrios antes que vías, y un día atravesarlas se vuelve más difícil que construir en ellas.
En las empresas ocurre algo parecido: llegan nuevos mercados, clientes, personas y tecnologías y, casi sin notarlo, aumenta la distancia entre quienes definen la estrategia y quienes la ejecutan.
La expansión pone a prueba la capacidad de una empresa para seguir conectada consigo misma. Crecer es ampliar el alcance. Fortalecerse es desarrollar las capacidades para que ese alcance conserve dirección, identidad y capacidad de generar valor. Una organización sólida convierte cada paso de su crecimiento en nuevas capacidades.
Que la cultura viaje
En nuestro sector, la cultura se pone a prueba a las dos de la mañana, en un puesto remoto, cuando una persona debe tomar sola una decisión que importa. La dirección está lejos; lo que está presente es el criterio.
Por eso uno de los mayores retos del crecimiento es lograr que la cultura viaje: que los principios que orientan una decisión en la sede principal estén presentes cuando esa decisión se toma a cientos de kilómetros. Eso ocurre cuando la cultura se convierte en criterio: una forma compartida de leer situaciones nuevas y responder bien ante ellas.
En Grupo Altum hemos elegido transmitir primero lo que no se ve. Antes que los procedimientos y los protocolos, cada persona que se une a nuestra organización conoce los valores y la cultura que orientan nuestras decisiones.
Los procedimientos indican qué hacer en las situaciones previstas; los valores orientan a las personas en todas las demás. Por eso, cuando una operación crece lejos de la sede principal, lo que viaja con ella es, ante todo, una forma de ser.
Multiplicar el liderazgo
Una organización que crece necesita multiplicar sus líderes. Cuando la estrategia es clara y el criterio es compartido, las decisiones se toman donde ocurren las cosas, con la velocidad que exige cada operación.
Una organización escalable es aquella en la que las buenas decisiones se toman en todos sus niveles.
Esa autonomía se sostiene en un gobierno corporativo que define responsabilidades, prioridades y mecanismos de seguimiento, y en líderes que conocen el negocio, comprenden a las personas y tienen criterio para decidir.
Formarlos es, quizá, la inversión más rentable de una empresa en expansión.
Ver a distancia
Con el crecimiento, la dirección necesita nuevas formas de ver lo que ocurre en cada operación. La tecnología y los datos amplían esa visibilidad: permiten identificar tendencias, anticipar riesgos y comprender el desempeño.
Las señales más valiosas, sin embargo, suelen venir de las personas que están en el terreno: quien percibe un riesgo antes de que aparezca en un indicador. La tecnología hace visibles esas señales; una cultura de confianza hace que se compartan a tiempo. La tecnología permite ver; el criterio permite decidir.
Integrar lo diverso
Cuando una organización crece incorporando operaciones, equipos o empresas, integrar significa construir una visión común desde realidades distintas: compartir conocimiento y transferir buenas prácticas, preservando lo que hace valiosa a cada operación. Integrar es poner las diferencias a trabajar juntas. Lo que une a operaciones distintas son los valores compartidos; lo que las enriquece es aquello que cada una aporta.
Tres preguntas para saber si estamos creciendo conectados
1. ¿La persona de nuestra operación más lejana tomaría hoy la misma decisión que tomaríamos en la sede principal, y por las mismas razones?
2. ¿Las decisiones del día a día se resuelven en el terreno, con autonomía y buen criterio?
3. ¿Nuestros datos nos permiten anticiparnos y decidir mejor?
Las respuestas dicen más sobre la solidez de una organización que cualquier cifra de crecimiento.
El crecimiento se mide en ingresos, mercados y tamaño. Su sostenibilidad se mide en la capacidad de formar líderes, compartir conocimiento, conservar la cultura y decidir mejor mientras se avanza. Como en las ciudades, las organizaciones que perduran son las que logran que cada nueva parte siga conectada con el conjunto.
El verdadero reto es llegar lejos y seguir reconociéndonos.
Ana Rocio Sabogal, presidenta Grupo Altum