En Colombia, esta época del año nos invita a celebrar el amor y la amistad. Aunque tradicionalmente aprovechamos la fecha para dar regalos a quienes queremos, también puede ser una oportunidad para reflexionar sobre nuestras relaciones: cuánto nos ayudan a crecer, cómo pueden afectarnos y qué estamos haciendo para convertirlas en vínculos verdaderamente valiosos.
A lo largo de la vida construimos relaciones con nuestra familia, los amigos del colegio o del barrio, los compañeros de trabajo y muchas personas que aparecen por periodos cortos, pero dejan aprendizajes importantes. Algunas permanecen durante años; otras nos acompañan solo durante una etapa. Sin embargo, incluso los encuentros que parecen pasajeros pueden influir en decisiones y oportunidades que terminan marcando nuestro futuro.
Personalmente, siempre he procurado construir relaciones sin pensar primero en lo que puedo recibir a cambio. Me gusta conectar con las personas, conocerlas, comprender su historia y aportar a su crecimiento. Al mismo tiempo, reconozco que cada relación puede enseñarme algo y ayudarme a crecer, primero como persona y después como profesional.
Esa manera de relacionarme me ha permitido conservar amistades de más de quince años, mantener vínculos laborales mucho después de haber terminado un trabajo y encontrar mentores en experiencias tanto breves como duraderas. También me ha dado la oportunidad de acompañar a otras personas en sus propios procesos.
Con el tiempo he entendido que una relación puede abrirnos una puerta, ayudarnos a tomar mejores decisiones o sostenernos durante los momentos más difíciles. Pero estos vínculos no aparecen por casualidad. Se construyen, muchas veces sin una intención estratégica, a partir de la coherencia con nuestros valores y de la manera en la que decidimos tratar a los demás.
Construir relaciones de valor implica:
- Conocerte a ti mismo. Aunque solemos creer que sabemos quiénes somos, las circunstancias desconocidas revelan aspectos que no siempre habíamos identificado. La autorreflexión nos permite reconocer qué podemos ofrecer, cuáles son nuestros límites y qué necesitamos de los demás.
- Entender el momento de la vida en el que estás. Hay etapas en las que tenemos mucho para dar y otras en las que necesitamos permitirnos recibir. Reconocerlo nos ayuda a comprender qué papel desempeñamos en nuestros grupos y cómo nuestro entorno contribuye con nuestro bienestar y crecimiento.
- Aprender a escuchar y estar presente. Una relación valiosa no se construye hablando todo el tiempo ni intentando tener siempre la respuesta correcta. A veces, lo que alguien necesita es ser escuchado, encontrar un hombro en el cual apoyarse o, sencillamente, sentir que no está solo.
- Elegir conscientemente a las personas que te rodean. Podemos pensar en ellas como integrantes de una junta directiva personal. Así como una organización elige cuidadosamente a quienes participan en sus decisiones más importantes, nosotros también deberíamos preguntarnos a quiénes queremos cerca mientras construimos nuestra vida.
- Rodearte de personas que aporten a tu crecimiento. Personas con quienes puedas ser tú mismo, que compartan o respeten tus valores, comprendan tus ambiciones y acompañen la manera en la que quieres desarrollarte.
- Preguntarte qué aportas tú a la vida de los demás. No se trata solamente de evaluar quiénes están a nuestro alrededor. También debemos revisar qué clase de amigos, familiares, compañeros, mentores o líderes estamos siendo y qué estamos dejando en las personas con quienes compartimos el camino.
- Construir pensando en el largo plazo. Las relaciones no deberían verse como algo útil para un momento específico. Aunque no todo puede planearse, sí podemos cuidar, poco a poco, vínculos que generen valor para ambas personas y que puedan evolucionar con el tiempo.
Vivir de esta manera me ha permitido construir relaciones personales que han impulsado mi crecimiento profesional y han estado presentes incluso cuando no pedí ayuda, pero realmente la necesitaba. También he creado vínculos laborales que han contribuido al crecimiento de otros y al mío, y relaciones familiares que me han permitido sanar y comprender que las familias también evolucionan a medida que nosotros cambiamos.
Aún recuerdo cuando tuve que tomar la decisión profesional más difícil que había enfrentado hasta ese momento: dejar atrás lo que había hecho durante más de siete años y comenzar un nuevo camino.
Estaba asustada y no me sentía segura de nada. Una parte de mí pensaba que debía quedarme en el lugar conocido. En medio de una conferencia, desde el cuarto de un hotel, le conté a una de mis mejores amigas lo que estaba pensando. Ella me preguntó: «¿Por qué lo estás dudando?».
Después, me recordó quién era yo profesionalmente y todo lo que podía hacer. Reafirmó capacidades que yo conocía, pero que el miedo a perder la seguridad no me permitía ver con claridad. Salté, tomé la decisión y hoy no puedo estar más agradecida por haberlo hecho.
Ella ha estado presente en distintos cambios de mi vida laboral. Ha sido amiga, guía, coach y mentora. Pero lo más importante es que ha podido orientarme conociendo mis valores, mi historia y el momento de la vida en el que me encontraba.
Como ella, tengo muchas personas que me han apoyado en diferentes momentos y desde distintos lugares. En un mundo tan amplio, complejo y cambiante, siempre podemos encontrar a alguien que nos ayude a ver con mayor claridad, incluso cuando creemos que no necesitamos orientación.
Tal vez para eso también son las relaciones: para recordarnos quiénes somos, ayudarnos a confiar nuevamente en nosotros y darnos la seguridad que algunas veces necesitamos para seguir adelante.
Por eso, mi reflexión en este mes del amor y la amistad es sencilla: construyamos relaciones que nos ayuden a ser mejores, que nos impulsen a crecer y que nos recuerden todo lo que somos capaces de alcanzar. Pero no olvidemos preguntarnos también si nosotros estamos siendo esa clase de persona en la vida de quienes nos rodean.
Y tú, ¿qué estás aportando hoy a tus relaciones y qué lugar estás construyendo en la vida de los demás?
Elizabeth Jaraba, Senior Human Resources Consultant de Elevate Group